Los fondos públicos en la centralidad del debate político

Norberto G. Asquini
La contienda política en el peronismo pasa por la lucha por el poder. Pero también por la puja de la “caja”. En La Pampa se replica una confrontación nacional: la concentración de poder de Nación contra los reclamos de las provincias. El gobernador, los intendentes y los diputados en dos posturas muy diferentes y distantes.
La contienda política actual parece subordinarlo todo a la pelea por el poder y no hay acontecimiento que no sea mirado o analizado desde esa perspectiva. El conflicto central de estos tiempos parece ser, desde una óptica muy general, el del proyecto nacional del gobierno de la presidenta Cristina Fernández versus los que están en contra, por una razón u otra. Por eso la sucesión presidencial, aunque desde la Casa Rosada se lo relativice, es una cuestión central en esa disputa, ya que marcará la continuidad -con o sin cambios de rumbos- o el cierre de ese ciclo. De esta manera, la puja por el poder con miras a 2015 tiene en el peronismo nacional varios vectores: la continuidad cristinista que asegure el modelo económico, la pos o neo kirchnerista de Scioli o Massa, la versión conservadora anti-K de Macri o la del peronismo disidente de De la Sota.

Choques y más choques.
Hacia el interior del peronismo esta tensión política actual lleva al choque de criterios. Por ejemplo, a que la presidenta tenga gobernadores que fueron kirchneristas y que hoy están en la vereda de enfrente como Peralta de Santa Cruz, o que son cuestionados, como Scioli en Buenos Aires. O al enfrentamiento entre gobernadores e intendentes, como ocurrió en Río Negro con el barilochense Goye que fue separado de su cargo. Se observa también en el choque entre mandatarios provinciales y sus vices, como Capitanich y Bacileff en Chaco, Scioli y Mariotto en Buenos Aires o Urtubey y Zottos en Salta -y hay cuatro ejemplos más-. Otras provincias sufren los embates del poder central como Santa Fe o se pliegan a un enfrentamiento frontal como la Ciudad de Buenos Aires. En otras, los gobernadores justicialistas chocan con sectores del mismo peronismo por sus ambiciones políticas, como Pérez en Mendoza y su proyecto de reformar la constitución para lograr su reelección.
En La Pampa, esta tendencia se manifiesta en otro proceso: el de un Poder Ejecutivo y un Poder Legislativo divididos y enfrentados, ambos en manos de un sector del PJ en pugna con el otro, tanto por cuestiones provinciales como por alineamientos nacionales.

La puja por la “caja”.
Pero en paralelo a esta contienda política, e influido por los reflejos facciosos del sistema político actual, no es menor la puja que se ha dado por los fondos públicos, o la “caja”. Un elemento central para analizar hoy las disputas. En el juego del poder, cualquier proyecto político se asienta en la marcha de la economía, en los dineros que le dan proyección y sustentación y también en las sanciones y premios que se dan a través de los fondos públicos entre los diferentes niveles de gobierno.
Y esa pelea por la “caja” se da en dos niveles. Entre el gobierno central y las provincias por un lado, y entre los gobernadores y los intendentes por el otro. Uno condiciona al otro. De hecho, la puesta en marcha de la relación directa para negociar obras entre la Casa Rosada y los intendentes, es un ejemplo del uso de la caja para construir o reproducir poder.

Concentración y ajustes.
En la relación entre Nación y las provincias los fondos que reparte el gobierno nacional discrecionalmente y una menor coparticipación sirven a la concentración de poder presidencial. Por un lado, esa potestad le sirve al gobierno de CFK para poder promover su proyecto nacional a través del control de fondos y descolocar a sus adversarios. Esto lleva al control político sobre los gobernadores. Esto genera en algunas provincias que sean sus mandatarios los que tengan que hacer ajustes en sus cuentas cuando los fondos no son suficientes o no llegan, teniendo que hacerse cargo de los costos políticos que se generan. Ese ajuste puede derivar en aumentos de impuestos como le ocurrió a Scioli, en tomar créditos al no poder pagar sueldos, o en sostener con dineros propios los déficits generados por los fondos nacionales que llegan en cuenta gotas, como ocurre en La Pampa con los 1.000 millones de deuda que el gobierno central demora en cancelar para pesar del gobernador Oscar Jorge.

La réplica pampeana.
Pero la puja por la caja también es una cuestión provincial. En La Pampa el tema es, en paralelo a la disputa por el poder entre el jorgismo y el vernismo, una discusión ya cotidiana. La semana pasada se hizo patente en la reunión desarrollada entre el titular del Poder Ejecutivo y los intendentes que le responden, a los que les pidió que no adhieran a la vernista Ley de Coparticipación de Regalías Petroleras, que significa más dinero para las comunas, pero que desequilibrarían las cuentas provinciales.
Es una lucha, que se cuenta en dinero, por la centralidad y concentración del poder en Casa de Gobierno o en mayor autonomía de las intendencias. Parece una pelea menor, pero tiene como fondo una disputa mayor. El gobierno de Jorge, los intendentes y el vernismo, replican así una pelea mayor: es la de la suma del poder de Nación contra las pretensiones de los gobernadores que reclaman mayor coparticipación, ya sea desde una postura disidente, como De la Sota en Córdoba, o desde el mismo proyecto, como Scioli en Buenos Aires. El reclamo por fondos es permanente, urgente y ahora público.

Unos y otros.
En este escenario, Jorge -y los intendentes que lo siguen- sostienen la postura de que el Ejecutivo debe concentrar el poder, y los fondos. Nada lejano a los hechos históricos y políticos, donde el gobierno central es el que auxilia, pero en este caso no solo pretende el control sobre los jefes comunales, sino que llega a determinar las necesidades de cada localidad.
Del otro lado, en las filas del peronismo disidentes al mandatario, están los legisladores e intendentes del vernismo. Estos sostienen que hay que darles fondos a las comunas para que se descentralice el poder y haya mayor autonomía local. Así intentan a través de leyes ofrecerles más herramientas a las intendencias que son deficitarias y que no llegan a pagar los sueldos, y a la vez mantener el poder vernista entre esos jefes comunales al sacarlos del control permanente del poder provincial.
No es extraño en ese marco que Jorge, en su alineamiento al gobierno de CFK, use su misma política global en la relación con los intendentes. Y tampoco que los vernistas, volcados al peronismo disidente del kirchnerismo, tengan como bandera los reclamos de los jefes comunales contra el poder central.