Los rasgos cambiantes de la actividad política

Señor Director:
Desde el retorno de la normalidad institucional en 1983 se han hechos visibles algunos cambios significativos en la actividad política.
Por cierto que la voz político/ca tiene un alcance más amplio y variado. Quizás esté bien repasar lo que consigna el diccionario, sin incluir lo que hace referencia a la conducta personal (cortesía, urbanidad) ni lo referente al parentesco. Nos queda: perteneciente o relativo a la doctrina y la actividad política, persona que interviene en cosas del gobierno y negocios del Estado: actividad de los que rigen o aspiran a regir los asuntos públicos, y actividad del ciudadano: opinión, voto, militancia, etc.
Se deja ver que la política no se ha quedado dentro de su ámbito natural y esta voz da cuenta de actividades y conductas de todo tipo. Es posible que estas acepciones resulten ser más duraderas que las originales, puesto que se habla de una crisis de la concepción política que ha predominado, particularmente, desde la Edad Moderna, con los partidos políticos como organizaciones creadas para canalizar opiniones que permiten ser unificadas sin perder identidad. Así, hasta hace poco, hemos podido hablar de un centro, una izquierda y una derecha, entendiendo que las opiniones tienen a concluir en favor de conservar lo existente, al menos sin cambios sustanciales, o a apresurar los cambios que se cree beneficiarían a la mayoría. El centro se propondría como un elemento componedor, capaz de recoger equilibradamente lo que estime mejor de las dos alas o laterales del esquema político.
La diferenciación tripartita ha sido siempre más bien ideal, aunque ha funcionado durante algunos lapsos. Ahora está en crisis y los partidos, que se ubicaban en una u otra de esas instalaciones, han dejado de ser referentes estables. Esta transformación, que está en proceso, se atribuye al avance de la globalización y a la evolución del capitalismo, que ha sido dominante desde la modernidad. Esta evolución ha sido favorecida por la ciencia y la tecnología, rápidamente aprovechada por los capitales. Un efecto de este desarrollo es el sorprendente aumento de la capacidad de producir los bienes necesarios para la existencia humana, pues hoy se estima que esa capacidad excede largamente las necesidades reales en la alimentación y en casi todos los rubros. Esto ha determinado el crecimiento del sector financiero, un capital concentrado y que es predominantemente multinacional. Al concentrarse la riqueza hasta exceder las necesidades reales de sus dueños, han surgido los fondos de inversión, que concurren con préstamos a atender necesidades de equipamiento y explotación de recursos naturales en los países poco o nada desarrollados. Sobre esta cresta financiera se instalan los que ahora se llaman fondos buitre, que no prestan sino que compran a precios de liquidación los bonos de los inversionistas en los préstamos de difícil o imposible devolución y luego usan su poder político para convertirse en ganadores principales o únicos. Los buitre son una evolución de lo que antes se llamó ave negra, que rara vez eran empresarios del tipo tradicional. El fondo de este dibujo está representado por un mundo (el humano) de ricos cada vez más ricos y pobres cada vez más pobres; de pocos ricos pero mucho más ricos, y de pobres cada vez más numerosos y más pobres.
El poder de la riqueza concentrada hace volar en pedazos la estructura de los partidos políticos. En este nivel del proceso de crisis, los partidos se fragmentan y la política deja de ser el elemento ordenador del procedimiento democrático. El Estado está jaqueado, desde afuera y desde adentro, por el poder financiero, el cual se ha apropiado del dominio de la comunicación. Cuando se dice que ahora los grandes diarios hacen política, se falsea la realidad, pues han sido cooptados por el poder financiero. Expresan a ese poder.
Atentamente:
JOTAVE