Los setenta años desde el final de la segunda guerra

Señor Director:
Noam Chomsky puede presentarse con una diversidad de títulos, cualquiera de los cuales lo instala entre los sobresalientes: lingüista, filósofo y activista político son los más frecuentes con los que se lo caracteriza. Nació el 7 de diciembre de 1928, en Filadelfia. Hoy, si bien ha concluido su período activo, aún se lo ve en las aulas universitarias o es visitado por grupos de estudiantes y profesores en su residencia. Wikipedia siempre deja constancia que el diario New York Times ha dicho que es “el más importante de los pensadores contemporáneos”.
Esta calificación de primero en algún quehacer que da prestigio, es siempre discutible, pero lo cierto es que Chomsky desde que tenía 29 años y lanzó sus Estructuras sintácticas, no solamente revolucionó la lingüística sino que se instaló entre los nombres a reconocer y atender.
No es mi propósito detenerme en su biografía ni en sus obras científicas. Quien me interesa en este momento es el hombre que hace poco más de una semana estuvo en la Argentina para participar del Foro convocado por el ministerio de Cultura. Tuvo a su cargo una conferencia magistral, en la cual eligió partir del hecho de que este año se cumplirá el aniversario setenta del fin de la II Guerra Mundial (rendición de Japón el 27/9/45). O sea que propuso considerar qué hechos significativos se han producido en estos setenta años. Comenzó por destacar que uno de los desarrollos más notables se produjo en nuestra región, América latina, pues en este tiempo, según su expresión, hemos dado, por primera vez en 500 años, pasos significativos hacia la liberación del dominio imperial. O sea que da por cierto que la independencia de España al comenzar el siglo XIX fue un proceso incompleto, puesto que no excluyó que se establecieran luego formas de dependencia con Inglaterra primero y con su país, Estados Unidos, hasta ahora. Chomsky entiende que su país ha tenido su momento de auge y vive ahora su declive. Lo explicó, en su conferencia, haciendo referencia a las conferencias continentales de 1945 (Chapultepec, México) y 2012 (Cartagena de Indias, Colombia). Terminada la guerra (1945) su país, EE.UU., empezó a crecer exponencialmente y alcanzó a concentrar la mitad de la riqueza del mundo. Entonces, se dispuso a dar al mundo una organización atenta a las necesidades de los sectores dominantes de EE.UU., los sectores corporativos, y usó su poder para obstruir la soberanía de los estados que pudieran competir. La conferencia de Chapultepec le permitió determinar las reglas de juego para nuestra región, conforme al cambio de centro imperial. Entre esas reglas estaba la exclusión del nacionalismo económico “con la excepción del de EE.UU.”.
Cuando la conferencia de Cartagena de Indias, 2012, se observó otra relación de fuerzas. No hubo consenso y Estados Unidos y Canadá quedaron aislados en tres cuestiones: Cuba, la lucha contra el narcotráfico y el reclamo argentino por Malvinas.
Cree Chomsky que la comparación de esas conferencias deja ver la decadencia de EE.UU., que resulta de un largo proceso que puso en evidencia que no era el amo del mundo. No lo era realmente ni siquiera en l945 y esto se evidenció en 2012. Habló luego del ataque neoliberal iniciado a fines los años 70 con una ingeniería burocrática para proteger a los grandes bancos y corporaciones de las repetidas crisis del capitalismo. Dijo a esta altura que América latina “ha estado a la vanguardia de la lucha contra el ataque neoliberal”.
“Dos sombras se ciernen ahora sobre la humanidad”, dijo al concluir con un giro que recordó una frase famosa: “la guerra nuclear y la catástrofe ambiental”. Ambas son amenazas que crecen. No se eliminan las armas nucleares (EE.UU. las está actualizando) ni está claro que sepamos cómo superar la catástrofe ambiental, pero hay que abordarla si se quiere seguir viviendo sobre la tierra.
Atentamente.
JOTAVE