viernes, 20 septiembre 2019
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Macri compite con Bolso-nazi en la obediencia a Trump

LA SEMANA POLITICA

Los presidentes de Argentina y Brasil se reunirán el 16 de enero. Los dos son obedientes soldados de la administración Trump. Como Macri ya cumplió tres años de gobierno y Bolso-nazi recién empieza, le lleva la delantera.
SERGIO ORTIZ
Mauricio Macri y Jair Bolso-nazi se verán las caras el 16 de enero, si es que el primero se decide a poner fin a sus largas vacaciones en el exclusivo country Cumelén.
Será el encuentro de dos socios regionales de Donald Trump. Sin admitir la menor contradicción, el magnate jefe y sus dos alfiles regionales agitaron el golpismo contra Venezuela tomando de ariete los derechos humanos.
La falsedad de los tres no tiene nombre. Trump está empeñado en hacer el muro del apartheid con México para evitar la llegada de inmigrantes de ese origen, hondureños, guatemaltecos, etc. Y llenó de policías y militares esa frontera, deteniendo y expulsando a los migrantes. ¿Eso es defender los derechos humanos?
Bolso-nazi dio vía libre a la policía para matar supuestos delincuentes en las calles de Brasil, despedirá a miles de empleados públicos por presuntas ideas de izquierda y cortará programas de apoyo en cuestiones de género. Misma pregunta: ¿así se defienden los derechos humanos?
Y Macri no se quedó atrás, con los anuncios de su ministra estrella y supuesta candidata a presidenta, Patricia Bullrich. Quieren bajar la edad de imputabilidad de los menores a 15 años y deportar sin más trámite a extranjeros acusados de delinquir. También comprarán 300 Pistolas Taser, que descargan corriente eléctrica y son instrumentos de tortura para organismos humanitarios internacionales. Y en la misma línea de la bolsonarización, en rigor adelantados varios metros a Brasilia, dictaron un reglamento policial que habilita a disparar contra sospechosos sin dar voz de alto ni descubrir si estaban armados.
Desde ese podio de la fascistización, Trump, Macri y Bolso-nazi hicieron campaña contra la asunción de Nicolás Maduro, presidente constitucional tras ganar con el 67,8 por ciento las elecciones del 20 de mayo pasado. Un argumento del golpismo es que Maduro sería un dictador y no respeta los derechos humanos. Un escolar salteño de les diría «¡Velo quien habla!».
En la competencia interna por ver quién es más obsecuente en el tema venezolano, Macri sacó alguna ventaja al brasileño. Si bien ambos gobiernos se conjuraron con el vicepresidente yanqui, Mike Pence, y con el secretario de Estado, Mike Pompeo, para impulsar la declaración del Cartel de Lima el 4 de enero y la votación en la OEA, el 10 de enero, desconociendo a Maduro, el presidente argentino tomó más personalmente a cargo la campaña de demonización.

«Ministerio de Colonias»
Un excanciller de Cuba, Raúl Roa, definió magistralmente en los años ´60 a la OEA siempre dependiente de los dictados, necesidades y humores del Departamento de Estado: ministerio de Colonias.
Cuba fue expulsada de allí en 1962, en sintonía con el inicio del bloqueo estadounidense, y sin embargo ya vivió sus primeras seis décadas de socialismo sin perecer en el intento.
Puede que Venezuela realice esa experiencia: hay vida después de la OEA. Y, además, una vida digna de ser vivida, con independencia y al margen de la obediencia a una potencia tan imperial como decadente.
En 2018 arreciaron las campañas de la OEA y su secretario general Luis Almagro (expulsado del Frente Amplio uruguayo precisamente por ese rol de vasallo norteamericano). Y Caracas tomó la decisión de salir de la organización, lo que se efectivizará en el curso de 2019.
Quiere decir que las declaraciones del Cartel de Lima y votaciones del Consejo Permanente de la OEA no tienen demasiada importancia para Venezuela.
Aun así, la última votación adversa no fue unánime ni mucho menos. El Cartel de Lima logró aunar a sus 13 votos propios otros 6, en rigor 5 porque el de EE UU estaba cantado. Frente a esos 19 sufragios, hubo 6 en contra, 8 abstenciones y una ausencia. Así de fragmentado lució el espectro a la hora de votar contra Caracas.
Por supuesto que la intoxicación política introducida desde Washington y hasta el canal de Beagle puede confundir a muchas personas respecto a lo que está en juego en esta pulseada por Venezuela.
La campaña de Trump y sus seguidores tiene tres objetivos. Uno, la recolonización de América Latina, para reafirmar el dominio norteamericano. Dos, muy ligado al anterior, impedir que Venezuela sea una plaza donde China se afirme como socio a la par. Y tres, «último, pero no menos importante», que la caída de Maduro posibilite que PDVSA y las reservas venezolanas de petróleo, las mayores del mundo, incluso superiores a las de Arabia Saudita, pasen a dominio imperial.
En la competencia por ver quién es más golpista en Venezuela, Macri y Bolso-nazi vienen parejos. Sin embargo, hay un punto donde el argentino pasa al frente por lo menos en estos meses. El ministerio de Defensa del impresentable Oscar Aguad, ya autorizó los fondos para hacer 18 operativos militares binacionales y 15 más multinacionales. En la mayoría de los casos intervendrán militares norteamericanos, sobre todo de su fuerza naval. Por ejemplo, está el ejercicio bilateral «Gringo Gaucho», de la Armada con su similar de EE UU sobre la cubierta de un portaaviones. El Operativo «Fraterno», también naval, en una misión de la ONU para el manejo de crisis, con Brasil. El «Inalaf» con Chile, para prácticas de desembarco con vehículos anfibios y helicópteros con Chile. El plan «Panamax», en Panamá, de manejo de crisis y tareas de vigilancia espacio marítimo con EEUU. También el ejercicio «Passex», táctica y procedimiento naval básico con EE UU. El «Team work south», en Chile, una simulación de un conflicto con una fuerza naval multinacional con participación yanqui. La «Fase Unitas Atlántico», en Argentina, como misión de paz con participación de EE UU y la «Unitas fase II Atlántico», en Colombia, con los marinos yanquis.
Los norteamericanos son poco imaginativos. Están repitiendo contra Venezuela el operativo contra Cuba en los ´60: sanciones políticas en la OEA, bloqueo económico para hacer imposible la vida a la población, cordón sanitario con los operativos UNITAS, atentados terroristas contra los gobernantes y hasta invasiones como en Playa Girón, República Dominicana, Panamá, etc.
Después habrá que ver si Bolso-nazi cede o no bases militares a Washington y si participa o no de la eventual agresión a Venezuela junto con Colombia y Panamá. Puede que lo haga, tal su inscripción en el eje mundial de Trump y el gobierno neonazi de Benjamin Netanyahu, que Macri comparte.
Pero, por ahora, el que vacaciona en Cumelén le lleva la delantera al brasileño, si se cuenta su participación en todos los actos hostiles a Caracas.

Campaña electoral
Esa participación frontal del presidente en los actos casi bélicos contra Caracas es parte de su campaña electoral. A falta de pan y trabajo, de tarifas pagables y de una inflación controlada, considera que poner de blanco a Maduro y aliarse con Trump puede servir para aglutinar a su base de votantes y arrastrar a otra porción de semi-analfabetos políticos.
La bolsonarización de las medidas propiciadas por la ministra de Seguridad también debe tomarse a cuenta de la campaña. La demagogia punitivista puede reportar una suma interesante de sufragios. Hay votantes que consideran que el problema son los chicos que roban un celular y no los monopolios que lo hacen a gran escala. Por ejemplo, los bancos, que según la CAME (Cámara Argentina de la Mediana Empresa) ganaron 300.000 millones de pesos en estos tres años, según datos del Banco Central.
Macri supone que, a mediados de este año, cuando se esté en la antesala de las PASO, camino a las presidenciales de octubre, la economía estará dando mejores señales que las casi mortuorias de hoy.
Se puede disentir con esa política y ese plan reeleccionista. Es lógico que la gente afectada lo rechace, pero, nobleza obliga, hay que reconocer que el núcleo duro del macrismo tiene claro qué quiere y cómo lograrlo. Tiene candidato y plan nefasto, por cierto, pero bien a la vista.
En cambio, la oposición todavía deshoja la margarita de si será Cristina Kirchner la candidata o no, si habrá unidad de todo el peronismo o si irá en dos o más listas. Y no asoman respuestas en lo inmediato a este tema básico, si de elecciones se trata.
Lo más grave es que tampoco hay claridad en el programa y acción de ese futuro gobierno, tras una supuesta y bienvenida derrota de Cambiemos. Por poner sólo un caso: los economistas críticos aseguran que en 2019 se deberán pagar 21.000 millones de dólares de deuda y otros 9.700 millones de Letes. Sin embargo, pese a la gravedad del asunto, ni los peronistas más críticos de Macri dicen si se rebelarán contra esa hipoteca de un país recolonizado. Y hasta un exradicalizado como Axel Kicillof manifiesta que no hay que romper con el FMI.
Esa nebulosa programática se advierte en el Frente Todos, creado por todas las vertientes del PJ en San Juan como modelo nacional. Están todos adentro, pero sin decir ni mu qué van a hacer si son gobierno.
Ese es el drama argentino. Con Macri se sabe que estamos mal y se viene lo peor. Con la oposición jugando al misterio y en actitud oportunista no se sabe qué viene.