Macri en el País de Nomeacuerdo

JOSE VERDUM
Es sabido que la familia Macri, en sus esfuerzos por insertarse con la clase oligárquica del país, asimiló las formas educativas de las clases altas enviando a sus hijos a colegios privados, en esencia lejanos de la escuela común. De allí que el actual presidente no “haya caído” (según sus propias palabras) en la escuela pública durante su infancia. De haberlo hecho es posible que hubiera tenido en cuenta en su reciente discurso ante el Congreso una canción muy difundida en aquellos años de la recordada María Elena Walsh: El País de Nomeacuerdo, aquél en el que “doy tres pasitos y me pierdo”.
Si el Presidente hubiera transitado por ese imaginario pero sugestivo país se justificaría el olvido de sus promesas preelectorales respecto a quitar el Impuesto a las Ganancias a los trabajadores, promover la educación pública, lograr la pobreza cero, combatir efectivamente el narcotráfico, mantener Fútbol para Todos en TV, eliminar el nepotismo y el amiguismo, desarrollar la ciencia y la tecnología, abastecer a los hospitales, pagar sueldos dignos a todos, especialmente a los jubilados y docentes, promover a las Pymes y defender la industria nacional, mantener la tradicional neutralidad de la Argentina en la política internacional, combatir los negociados y dineros sospechosos ubicados paraísos fiscales, regular la deuda externa y, entre otras muchas cosas más, combatir a la inflación que -según sus palabras- se terminaba en dos semanas porque era, ni más ni menos, que un producto de la incapacidad del gobierno anterior.
Por cierto que hay quien interpreta que los versos que escribiera y musicalizara la notabilísima cantautora apenas disimulaban una intención, una ironía que iba mucho más allá de la letra, aparentemente ingenua y estaba cargada de sutileza política. Pero quizás Mauricio Macri transitó el País de Nomeacuerdo sin advertirlo y, claro, ahora paga las consecuencias, aunque coincidiendo con la canción puede decir que “un pasito por aquí, no me acuerdo si lo dí”, aunque ese tránsito quedó bien grabado en la memoria popular, que lo sufrió; también, claro, la de los mercados que previendo el pasito -o avisados de él- hicieron pingües ganancias a costa del sacrificio popular.
Pero así están dadas las cosas y los pasos presidenciales en el País de Nomeacuerdo serán recordados en las generaciones futuras, que deberán cargar con las consecuencias de ese paso. Eso sí: el Presidente, junto con “el mejor equipo de los últimos cincuenta años” (que con el aval del mandatario cruzó el País de Nomeacuerdo en todas las direcciones posibles) se amparará en el futuro apelando a la última estrofa de la canción que posiblemente desconoció en su infancia escolar: “Un pasito para atrás/ y no doy ninguno más/ porque yo ya me olvidé/ donde puse el otro pie”.