¿Macri mandará al descenso a Fútbol para Todos?

LA SEMANA POLÍTICA

Emilio Marín – Siguen cayendo varias máscaras de la campaña electoral. Parece haber llegado el turno de franquearse en que el fútbol no se verá gratuito como desde 2009. ¿Mauricio Macri manda al descenso a Fútbol para Todos?
El candidato Macri juró en 2015 que no tocaría el Fútbol para Todos. A lo sumo, dijo, le abriría las puertas a la publicidad de empresas privadas, contrastando con la propaganda cristinista que se pasaba de la raya en cada partido. Los que decían lo contrario, que el PRO-Cambiemos volvería a “secuestrar los goles”, estaban realizando una “campaña del miedo”.
Sin embargo, como en otras promesas incumplidas -por caso eliminar el impuesto a las ganancias- el presidente Macri dio varios pasos en dirección a violar su palabra respecto al fútbol. Y eso que esta actividad, además de sus negocios empresarios en tierra firme y en paraísos off-shore, era uno de sus fuertes por haber sido presidente de Boca.
Hubo en la semana varias idas y venidas. Que sí, que no. Que hasta el 2019 se mantendrá el FPT. El secretario general de la Presidencia, Fernando de Andreis, divulgó el comunicado donde se blanquea que ese programa dejará de existir por pedido del 95 por ciento de los clubes de primera división. Éstos habrían solicitado anular el convenio vigente entre la AFA y el Estado nacional.
Según el funcionario, “se tratará de mantener hasta 2019” el carácter gratuito. O sea, ninguna promesa concreta y cierta. Se tratará. ¿Y si no se puede lograrlo? La respuesta parece obvia. Si no se puede mantenerlo, se adelantará hasta 2017 el final de ese partido que fue muy bien valorado por la gran mayoría de los argentinos desde su instalación, hace siete años.
Según De Andreis, el gobierno presionará para que aún con la caída del convenio, los clientes del cable no tengan que pagar un extra, el tristemente célebre “pay for view”. Tampoco eso está garantizado. En el mejor de los casos, no pagarían más los clientes de Cablevisión y otros cables.
Estas cosas no suceden al azar. Detrás de cada maniobra del gobierno, y también de los empresarios de la AFA, léase Armando Pérez (Cosméticos Tsu), Marcelo Tinelli (Medios), Daniel Angelici, Hugo Moyano (Covelia), etc, hay negocios con mucha plata dando vuelta.
Según los mentideros futbolísticos hay dos candidatos a quedarse con la privatización de los goles. Uno es el monopolio Clarín, que ya lo supo tener bajo el botín como TyC hasta su ruptura con el kirchnerismo. El otro es la cadena estadounidense CNN de Ted Turner. En el medio anda el designado por el presidente, Fernando Marín, ex titular de Racing, buscando más interesados que eleven las cotizaciones.
Sería ingenuo pensar que esa caterva de la AFA sólo quiere vender al mejor postor el programa que hoy se conoce como FPT. También, y fundamental, le importa cambiar la naturaleza de los clubes, de entidades deportivas a sociedades anónimas y comerciales. Ya Macri lo intentó con Boca y Marín con la Academia, pero fracasaron. Ahora van por un partido revancha; aunque sea quieren ganarlo por penales.

Periodistas amigos.
La realidad viene golpeando muy duro sobre la imagen macrista, sobre todo por la recesión económica. Aún los más voluntaristas defensores de Macri deben lidiar con los números adversos de los dos primeros trimestres, que son contundentes. Y el mes en curso, lejos de desairar esa tendencia, tiende a corroborarla. El Centro de Estudios CEPA, ligada al kirchnerismo, informó del resultado que más importa en la materia: más de 178.000 despidos y suspensiones.
Con esa política de ajuste en curso, fue más inapropiado el brutal ajuste que impulsó Juan J. Aranguren con el visto bueno del presidente, quien volvió a defenderlo. Dijo que pegarle al ministro era matar el cartero. No, el empleado del Correo (que por suerte es estatal, no como cuando estaba privatizado y MM era el vicepresidente), es un trabajador que no decide tarifas. El ex CEO de Shell, del que sigue siendo accionista, y ministro del gobierno del tarifazo, no es un cartero sino un ejecutivo, de esos que cuestionaba María Elena Walsh.
El oficialismo quedó políticamente complicado con las tarifas por las nubes y sin tener un decidido salvataje de los jueces amigos que le hacen muchas gauchadas. Encima la feria judicial metió la cola y habrá más demoras.
En esa circunstancia tan crítica, puede ser que el gurú Durán Barba le haya dicho a su pupilo que tenía que salir a dar explicaciones a los medios, a los medios amigos, of course. ¡Tanto criticar a CFK por su poca inclinación a las conferencias de prensa, para terminar reincidiendo en ese vicio!
Macri no hizo conferencias con preguntas y repreguntas, sino que concedió entrevistas por separado a los medios afines: Jorge Lanata no podía faltar, Telefé tampoco ni Alejandro Fantino, de América. En la Televisión Pública juraban que ellos han cambiado y son objetivos, pero el presidente no les tuvo confianza. Tendrán que seguir colaborando con este gobierno, con la fe de los conversos.
No parece que esos reportajes hayan servido de mucho, porque Macri se limitó a repetir lo de siempre. Que el segundo semestre será mejor. Que el año próximo la inflación será del 20 por ciento. Que llegarán millonarias inversiones. Que el blanqueo aportará entre 30.000 y 60.000 millones de dólares. Que él no está detrás de la persecución judicial a la ex presidenta. Que está “recontra comprobado que es inocente de las cuentas en Bahamas”. Etcétera.
Ni Lanata le cree. En su columna de Clarinete de ayer, escribió: “el periodismo le pregunta al Presidente. El Presidente no opina, dice, previsible, que la-Justicia-es-independiente y bla-bla-bla-bla”.

Amagos de la CGT.
Moyano y demás popes sindicales olfatean que el tiempo que se le está evaporando a Macri y en parte a ellos también. En los hechos, y más allá del acto del 29 de abril, las tres CGT dejaron hacer al presidente. Hay muchos otros factores sociales y políticos importantes que adoptaron esa táctica conciliadora y acuerdista, pero lo que la hace más imperdonable en las CGT es que las víctimas del ajuste son de sus propias bases de afiliados.
Por eso de las últimas reuniones surgió en firme la versión de un triunvirato compuesto por Juan Carlos Schmidt, Héctor Daer y Luis Acuña, que asumiría en un congreso unificador del 22 de agosto. Según prometen, esa gestión comenzaría con más protestas y reclamos al gobierno de los que hicieron en siete meses.
Habrá que ver, porque Macri los tiene agarrados por las gónadas con la plata que el Estado adeuda a las obras sociales y la promesa de ir pagándola en cuotas, según el certificado de buena conducta que muestren.
A lo sumo, como dato positivo, se puede estimar que el peso de Gerónimo Venegas, voz de Macri en el sindicalismo, ha disminuido, así como el de Luis Barrionuevo. ¿Alcanzará para que la CGT del triunvirato se ponga las pilas? El 19 de agosto tendría una oportunidad para ello, si acompañara a la CTA a la Marcha Federal a la Plaza de Mayo. Es posible que algunos sindicatos lo hagan, por la propia, pero los capitostes de Azopardo difícilmente digan presente.
Por esas paradojas de la política, hoy las mayores dificultades del macrismo no se las genera el sindicalismo ni el peronismo, que supuestamente sería un feroz opositor. Hasta ahora Miguel Pichetto y los senadores del FPV-PJ no han sido mastines sino gatitos mininos.
Los dramas macristas vienen de dos frentes diferentes entre sí.
Uno, las protestas sociales de un amplísimo espectro, afectado por las tarifas de la energía en general y especialmente del gas. Han surgido en muchas ciudades del país las multisectoriales, autoconvocados, etcétera, con una composición heterogénea. Incluso marchan tras esas banderas una parte de quienes en noviembre votaron por Macri-Michetti y ahora se sienten defraudados.
Las otras turbulencias son de orden interno. Impactados de frente por esa crítica de la sociedad debido a efectos combinados de la recesión, caída del empleo y tarifazos, hay un clima de pase de facturas dentro del gabinete.
Hasta escribas de Clarín como Marcelo Bonelli se explayaron que hay agrias disputas entre Alfonso Prat-Gay y Federico Sturzenegger, que no quiere cederle divisas del Banco Central. Que todos disparan contra Aranguren, acusado de ignorancia política y cero negociación. “Rogelio Frigerio le objeta a Sturzenegger su fanatismo monetarista y a Prat-Gay le cuestiona la abrupta caída del gasto público en el primer trimestre”, escribió ayer el conductor de “A dos voces”.
No podrán decir que esa encendida interna la generó el kirchnerismo. Nada que ver. Demasiado tiene la ex presidenta con explicar sus abultadas declaraciones patrimoniales y los casi 6 millones de dólares hallados en cajas de seguridad de su hija Florencia en el Banco de Galicia.
En este momento Cristina no tiene demasiado poder de fuego, ni siquiera al interior del FPV-PJ, donde los dirigentes maquinan cómo sacársela de encima sin pagar demasiado costo político. La ex presidenta es dejada de lado por esas cúpulas, pero ella misma no se decide a fundar otra fuerza política sin ellos.
Y allí está la ganancia de Macri, que busca dividir al peronismo y sabe que sin una fuerza política opositora y organizada, los fuegos espontáneos y basistas del tarifazo, así como se prendieron, pueden apaciguarse.

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