Macri debutó en el Mercosur sin pedir sanción contra Venezuela

49 CUMBRE DEL MERCOSUR EN PARAGUAY

Mauricio Macri había adelantado que pediría sanciones contra Venezuela. Uno de los motivos era un fraude electoral que no existió. El otro, la existencia de presos políticos. En Paraguay, en su debut, sólo pidió esas libertades, sin sanción a Caracas.
EMILIO MARIN
El Mercado Común del Sur se reunió ayer en el local de la Confederación Sudamericana de Fútbol, Conmebol, en Luque, aledaña a la capital paraguaya e integrante de la Gran Asunción. Puede que ese lugar para las deliberaciones haya tenido que ver con el pasado del presidente paraguayo, Horacio Cartes, ex titular de un club Libertad.
Pareció una pésima decisión, pues la Conmebol es parte del escándalo de corrupción que estalló en torno a la FIFA y que llevó a una suspensión por ocho años del presidente Josep Blatter y Michel Platini para ejercer cargos en el fútbol. El paraguayo Juan Ángel Napout, ex presidente de la Conmebol y ex vice de la FIFA, pagó una fianza de 20 millones de dólares para gozar del arresto domiciliario. Hubiera sido interesante que los presidentes del Mercosur deliberaran en otro lugar, menos contaminado por corrupción.
En los días previos deliberaron los cancilleres, y también los ministros de Economía y titulares de los Bancos Centrales. Susana Malcorra, canciller, y Alfonso Prat-Gay y Federico Sturzenegger, hicieron sus primeras migas con sus colegas. Macri, secundado por Malcorra y el jefe de Gabinete, Marcos Peña, debutó en la cumbre número 49 de la serie inaugurada en 1991 cuando se fundó el Mercosur como un acuerdo comercial regional. En tres meses estará cumpliendo un cuarto de siglo, como lo recordó Dilma Rousseff. Además de Cartes, Macri y la brasileña, entre los miembros plenos dio el presente Tabaré Vázquez de Uruguay. Venezuela no envió a Nicolás Maduro sino a la canciller Delcy Rodríguez. También cantaron el presente Evo Morales, de Bolivia, quien ya suscribió su solicitud formal de incorporación, Michelle Bachelet, de Chile y Moses Nagamootoo, primer ministro de Guyana, que son naciones asociadas.

Distintas tendencias.
Aunque los modos de la diplomacia generalmente rehuyen el debate político sobre asuntos donde hay divergencias, de los discursos y silencios de los mandatarios, incluso de las ausencias, se pudieron deducir la relativa fortaleza o debilidad interna que hoy atraviesa este espacio regional.
Rousseff presentó como fortaleza del Mercosur el que hubiera habido elecciones en Argentina y Venezuela con triunfos opositores. Eso supuestamente hablaría, según la brasileña, del pluralismo y la fortaleza democrática. Es una lectura sobre lo que se ve en la superficialidad de las aguas, porque debajo de éstas es fácil advertir turbulencias y mares de fondo.
Por ejemplo, en Argentina el nuevo gobierno debutó con medidas económicas e institucionales que han generado mucha oposición, movilizaciones callejeras y denuncias judiciales, por ejemplo sobre la designación por decreto de dos miembros de la Corte Suprema de Justicia. La tranquilidad que podría deducirse de las palabras de Rousseff no eso tal.
Otro tanto con Venezuela. El golpista Leopoldo López, preso desde 2014, concedió un reportaje donde dice que Maduro no debe completar su mandato en 2019. Que la oposición debe debatir cuál es el camino más conveniente: revocatoria, elecciones anticipadas o convocatoria a Asamblea Constituyente. Ese sector recalcitrante de la oposición venezolana, en sintonía fina con sectores del poder estadounidense, quiere más guarimba y movidas destituyentes. Busca lo mismo que en abril de 2002, cuando dieron el golpe de Estado contra Hugo Chávez, nada más que ahora con una combinación del factor electoral y la Mesa de Unidad Democrática. Suerte que hasta ahora Henrique Capriles no se ha volcado a esa línea confrontativa-golpista.
En el evento paraguayo se traspasaba la presidencia pro-témpore desde Paraguay hacia el que la tendrá en los próximos seis meses, Uruguay. Y estos dos países, de menor poderío que los dos socios mayores, aprovecharon la circunstancia para hacerse oír. Ya en la reunión de cancilleres y ministros de Economía plantearon revisar las barreras arancelarias que aún subsisten. Era una queja para Buenos Aires y Brasilia, sobre todo para la primera, a la que en tiempos del kirchnerismo acusaron de poner aquellas barreras y dificultar el comercio con las Declaraciones Juradas Anticipadas de Importación (DJAI). Vázquez como Cartes ya habían hecho declaraciones favorables a los cambios introducidos por Macri en esa materia.

¿Independencia o Alianza del Pacífico?
También fue fácil advertir en los discursos dos posiciones diferentes entre el bando dispuesto a sumarse a un bloque con la Alianza del Pacífico y el que se opone. La AP, integrada por Chile, Perú, Colombia y México, cuenta con el beneplácito de Estados Unidos, miembro asociado. Más aún, con estas piezas de la costa americana del Pacífico, Washington urdió una jugada más vasta, el Tratado Transpacífico (TPP, por sus siglas en inglés), con Brunei, Chile, Nueva Zelanda, Singapur, Australia, Perú, Vietnam y Malasia.
Va de suyo que ambas movidas, de uno y otro lado del Pacífico, tienen el sentido norteamericano asegurar su permanencia como superpotencia dominante del mundo y ponerle límites a China.
Dentro del Mercosur ya estaba Chile, en su condición de asociado, fogoneando ese acercamiento a la Alianza del Pacífico y a EE UU. Su voz no era muy audible, pero fue reforzada con el discurso macrista en Asunción, que propone exactamente lo mismo. Ya se lo había anticipado a Rousseff en su visita a Brasilia, antes de asumir.
Ese sector menos progresista del Mercosur también tiene infundadas esperanzas de firmar un acuerdo de tú a tú con la Unión Europea, que no prosperó por obstinación del espíritu de gran potencia que tiene ese bloque liderado por Alemania. La razón fue muy sencilla y similar a los problemas que hubo con las pretensiones estadounidenses del ALCA: los de Bruselas reclaman la apertura de los mercados latinoamericanos para sus productos industriales y financieros, y se niegan a cortar sus propios subsidios al agro, con lo que dificultan y/o cierran la entrada de productos de la región.
Por eso la negociación latinoamericana-europea estuvo cerrada entre 2004 y 2010, y fue retomada pero sin resultados concretos. Si la línea macrista se impone entre sus colegas, entonces puede ser que haya avances. Ya se sabrá quién habrá ganado y quién cedido…
En cambio la canciller venezolana planteó una orientación distinta. Rodríguez propuso que el Mercosur firmara acuerdos de complementariedad con el ALBA, de doce naciones lideradas por Cuba y Venezuela, y con el BRICS, o sea Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica. Evo Morales, tuvo más afinidad con Caracas, al sostener que “los precios de nuestras materias primas se reducen y la guerra de precios del petróleo, una expresión, es también una consecuencia del reparto geopolítico”.

Macri y Venezuela.
El choque entre Macri y la delegación venezolana era previsible por las posiciones previas de ambas partes, en nada coincidentes.
El argentino tuvo que modificar parcialmente su postura. Antes de los comicios que terminó ganando el 22 de noviembre había prometido que iría a Asunción para pedir la aplicación de la “cláusula democrática” para sancionar a Venezuela. La acusaba de organizar un fraude en las legislativas y de tener una gran cantidad de presos políticos, aunque particularizaba en dos: Leopoldo López y Antonio Ledezma.
La realidad de las urnas lo desairó porque el 6D ganó la oposición del MUD y Maduro admitió su derrota. No hubo fraude. Y en relación a López, el presidente bolivariano reafirmó que no aceptará leyes de amnistía que pudiera dictar la Asamblea Nacional a conformarse el 5 de enero.
En este punto Macri ratificó su reclamo, pero sin solicitar la aplicación de la referida cláusula. Quedó como una crítica, que la canciller Rodríguez refutó en la cumbre, ratificando que los detenidos están en la cárcel por cometer actos violentos. Ironizó con que Macri se interesa por ellos porque él había planteado liberar a acusados de torturas y crímenes de la dictadura. Contrapuso que aquí se había imputado a Hebe de Bonafini por haber llamado a acciones de protesta pacíficas.
Esa última referencia fue correcta. La anterior no, aunque eso no quita que, en el fuero íntimo, el flamante presidente pueda aspirar a una amnistía para los genocidas. En su círculo íntimo puede haber muchos que concuerden con el editorial de “La Nación” del 23/11, pero no es verdad que ya Macri haya decidido finalizar los juicios de DD HH y liberar a los condenados.
La parte correcta del discurso de Rodríguez fue la reivindicación de que integra un gobierno democrático y que ha respetado numerosos derechos humanos en su sentido más amplio, que incluyen la salida de la pobreza, la construcción de viviendas y la educación popular. En estos días el vicepresidente Arreaza entregó la vivienda n° 950.000, del millón previsto para 2015.
En alguna cumbre del Mercosur de 2016 se podrá balancear qué saldo arroja la gestión macrista; difícilmente iguale a la bolivariana, aún con muchos problemas pendientes. Al finalizar la cumbre, Macri voló para Argentina sin reparar que en Paraguay había comenzado un paro general de dos días contra los ajustes de Cartes, por trabajo y reforma agraria.