Macri ganó el balotaje y disfruta de breve luna de miel

SE VIENE UNA DURA INTERNA EN EL PERONISMO

Aunque fue por un margen más ajustado que el previsto por las encuestas, no se puede discutir la victoria de Macri en el balotaje. Disfruta de una breve luna de miel porque a partir del 10 de diciembre le tocará gobernar un país bien complicado.
EMILIO MARIN
Lo que en las PASO de agosto parecía casi imposible se hizo realidad el domingo 22: que el peronismo perdiera la elección y ganara Mauricio Macri con una coalición de derecha y neoliberal maquillada como moderna y con sensibilidad social.
Luego del 25 de octubre un resultado favorable al PRO-Cambiemos empezó a sonar como algo probable y en las últimas semanas se dio por sentado que ganaría. Así lo pronosticaron todas las encuestas aunque por un margen mayor. Según la justicia electoral, escrutado el 99,17 por ciento de los votos, Macri logró el 51,40 por ciento, 12.903.301 sufragios; y Daniel Scioli el 48,60 por ciento, 12.198.441 votos. Hubo menos de 3 puntos de ventaja para el ganador, 700.000 votos.
Las encuestadoras hablaban de 5 y hasta 10 puntos de diferencia, en otra pifia de los sondeos, que no fallaron en lo esencial de quién ganaría.
Aníbal Fernández, razonando como presidente de Quilmes y no como jefe de Gabinete, declaró que el resultado fue “casi un empate”. Era la mirada de quien quería quitarle brillo a un oponente victorioso, que venía de imponerle a él una derrota muy dolorosa en tierra bonaerense. Además, tampoco en el fútbol hay “casi empate”. Es o no es. Y no lo hubo, fue un traspié grave para el peronismo y también para las conquistas democráticas y sociales de estos doce años, a tenor de la propaganda antimacrista del oficialismo.
Fernández no fue el único que quiso disimular la derrota K. Víctor Hugo Morales, inteligente y progresista, expresó ayer por Continental que “el gobierno hizo una elección excepcional y puede sentirse ganador”. La cosecha tan buena de doce años iría en sintonía con el discurso de Scioli, al admitir la derrota, cuando enumeró los logros del oficialismo. Hay algo que no cierra. Si el balance fuera tan exitoso, ¿por se perdió un comicio fundamental, aún disponiendo de la tracción de la máquina gubernamental-estatal?
Posiblemente sea porque ese saldo real positivo estuvo mechado y atenuado por carencias y déficit gubernamentales que el adversario explotó al máximo. Para quienes ejercieron el gobierno nacional es muy necesario descubrir el hilo conductor de tales flaquezas, para entender su revés. Allí radica lo peligroso del razonamiento de Fernández y Morales: al confundir derrotas con empates no estimulan la autocrítica para saber en qué se falló. No haría falta bucear en eso porque se habría ganado. Tal la falacia.

Candidato flojo.
Esta columna no dijo con “el diario del lunes” sino muchos lunes antes que Scioli era un mal candidato para el kirchnerismo, luego de haber sido entronizado por la presidenta sin competir en igualdad de condiciones con otro aspirante.
En vez de una fórmula que hiciera hincapié con los logros de este gobierno, se optó por otra que para la primera vuelta se presentó como un “león herbívoro”. Y una vez que sólo ganó “a lo Pirro” en esa jornada, encaró el balotaje como un “león carnívoro” que devoraba a Macri por sus defectos reales y otros agrandados.
¿No hubiera sido mejor un libreto más equilibrado, que pegara duro y parejo sobre Clarín y el “círculo rojo”, mostrando la dependencia de Macri de esos poderes? Scioli no mencionó ni una vez la ley de servicios de comunicación audiovisuales ni cargó contra el monopolio de Magnetto y sus vínculos judiciales. Más aún, fue mansito a los programas de Morales Solá, “A Dos Voces” y Mirtha Legrand (incluso luego que la casi nonagenaria tratara de “dictadora” a CFK).
Argentina como vanguardia mundial en políticas de Memoria, Verdad y Justicia, que lleva ya condenados a 622 genocidas, tampoco ocupó un lugar en el agite sciolista. Ni siquiera lo incluyó en el bloque respectivo de la pulseada de “Argentina Debate”.
Se dirá que quizás con una impronta contra Clarín y por los Derechos Humanos, más la explícita defensa de Unasur y la Patria Grande Latinoamericana, el FPV podría haber perdido lo mismo. Es posible. Pero hay derrotas y derrotas. La peor de todas es cuando no se pone todo lo que hay que poner; el cronista no está hablando de gónadas y ovarios sino de ideas y logros desde 2003.

“Fuego amigo”.
Scioli fue un político desagradecido pues el domingo a la noche agradeció a su mundo político y familiar, menos a Néstor Kirchner y Cristina. Se dirá que ésta tampoco le dio mucho apoyo en la campaña y puede ser, pero lo cortés no quita lo valiente. Si quedó a menos de 3 puntos del sueño de su vida fue porque la presidenta lo bendijo y aportó la ficha de Zannini.
En el sciolismo podrán decir que ese aporte no sirvió, y en parte tienen razón, porque se vio un mediocre candidato a vicepresidente, muy por debajo de la propaganda camporista que lo había pintado como un “cuadro político excepcional”.
En búnker del NH solamente se vieron caras largas de dirigentes sciolistas: nadie del gobierno nacional a excepción del frustrado vice que no podía dejar de estar allí. Fue otra prueba de cálculos mezquinos, pase de facturas y toma de distancias que estropearon al oficialismo con el “fuego amigo”.
Ayer la presidenta recibía en Olivos a Scioli y Zannini y dirán que la casa está en orden, con la familia peronista unida y mirando optimista el futuro. Ese envoltorio fraternal será rasgado por las pujas al interior del peronismo, ahora que llega a fin del ciclo K. El domingo Scioli habló del Partido Justicialista, como si el FPV fuera una pilcha del crudo invierno que tiró para no volver a usar.
No hace falta ser un lince para entrever que Cristina buscará agrupar a La Cámpora y sectores del FPV, que tendrán una interesante bancada de diputados, en tanto Scioli procurará desempolvar el PJ con gobernadores amigos.
Por fuera de esos dos segmentos operará la alianza de Sergio Massa y José M. De la Sota, quienes pescarán en las aguas revueltas del PJ en crisis.
El peronismo entra en estado de ebullición y es difícil hacer pronósticos. Lo que está claro es que ya empezó una etapa de división y realineamientos. No habrá jefaturas indiscutidas, pertenencias seguras ni lealtades 100 por ciento. Suele suceder con los movimientos verticalistas cuando hay algún problema serio “arriba”: perder el gobierno nacional es la mayor de esas emergencias.

Lo peor de Macri.
A tenor del discurso en Costa Salguero y su conferencia de prensa de ayer, pareciera que Macri andará con pies de plomo en la aplicación de su libreto neoliberal. No es que lo cambiará por otro más bondadoso sino que está sopesando fuerzas para saber cuándo avanzar más y cuándo hacerlo “paso a paso”.
Haber ganado por sólo 3 puntos, tener a cinco gobernadores, contar con 91 diputados entre propios y aliados, cuando el quórum es de 129, y 16 senadores cuando necesita 37 para sesionar, etc. puede haberle bajado un par de cambios a su embestida.
No hay que subestimar al electo y su equipo de gobierno, que por algo ganaron la jefatura de la CABA, Buenos Aires y la administración nacional. Se mencionaron los desaciertos del kirchnerismo, pero también hay que admitir los plenos de Macri, sintonizando la onda o verso del cambio.
Será algo estudiado y hasta falso, pero en estas primeras apariciones aquél dio la imagen de alguien que no viene a llevarse todo por delante. La editorial de ayer de “La Nación” (“No más venganza”), lo llamaba a liberar a los genocidas presos: “hay dos cuestiones urgentes por resolver. Una es el vergonzoso padecimiento de condenados, procesados e incluso de sospechosos de la comisión de delitos cometidos durante los años de la represión subversiva y que se hallan en cárceles a pesar de su ancianidad. Son a estas alturas más de 300 los detenidos por algunas de aquellas razones que han muerto en prisión, y esto constituye una verdadera vergüenza nacional”.
El electo en la conferencia de prensa, en cambio, preguntado sobre los juicios por DD HH, prometió que la justicia será independiente y esos juicios continuarán.
Donde no matizó en lo más mínimo su postura, ya adelantada en “Argentina-Debate”, fue sobre Venezuela. Confirmó que pedirá en el Mercosur, el 21 de diciembre en Paraguay, la aplicación de la “cláusula democrática”. Espera las elecciones del 6 de diciembre allí para confirmar un “fraude” inexistente, y que continúe la prisión de Leopoldo López, condenado por instigar una violencia que en 2014 dejó 43 muertos. Luego plantearía esa exclusión.
El giro macrista está hoy más avanzado en lo internacional que en lo doméstico. Además de la sanción a Caracas, ratificó su amigamiento con Estados Unidos, la Unión Europea y la Alianza del Pacífico (Chile, Perú, Colombia y México). Además quiere anular el memorando con Irán, en línea con lo prometido a su amigo Benjamin Netanyahu.
Andrés Oppenheimer, en La Voz del Interior de ayer (“La política exterior de Mauricio Macri”), escribió que al candidato opositor le preguntó qué cambiaría de la política exterior y su contestación fue: “todo”.
Si en lo interno el giro macrista irá desde el Estado hacia el mercado, en la política exterior ya está yendo desde el tercermundismo hacia la dependencia de EEUU y Europa. Una pena que lo hayan votado tantas víctimas de las “relaciones carnales”.