Macrismo llama “unidad” a negociaciones para que pase su ajuste

LA SEMANA POLITICA

Emilio Marín – El gobierno dice diferenciarse de la etapa kirchnerista porque negocia con la oposición en diversos temas. Por ejemplo, así logró media sanción al Presupuesto 2017. Allí hizo concesiones menores para que pase el ajuste.
En la sesión de Diputados del 2 de noviembre se plasmaron dos situaciones que pintan la decadencia de los bloques políticos mayoritarios, sobre todo del PRO-Cambiemos.
En primera instancia se sometió a votación el proyecto de Néstor Pitrola, del FIT, para anular el dietazo acordado entre Emilio Monzó, titular de esa cámara, y Gabriela Michetti, del Senado. Esas cabezas del Poder Legislativo habían arreglado un aumento de las dietas de los legisladores que superaba el 60 por ciento si se incluía el revalúo de los pasajes que disponen.
El trotskista recordó que las paritarias habían significado un aumento del 31 por ciento promedio en los ingresos de los trabajadores; aquel aumento para los legisladores era una burla a buena parte de la sociedad. Esa moción perdió por un puñado de votos, con muchos ausentes casuales y de los otros, de esos que no quieren comprometerse. Esa falta de unidad, paradojalmente, también alcanzaba al minibloque del FIT, porque Myriam Bregman había presentado un proyecto distinto al de Pitrola, confirmando el viejo aserto de que los trotskistas, cuando son tres, se dividen en dos…
Achicar el aumento de sueldos de los congresistas de todos modos no hubiera prosperado en el Senado. El líder de la bancada del FPV, Miguel Pichetto, adelantó que su bloque iba a mantener el aumento original de Monzó-Michetti, considerando que hay muchos empleados jerárquicos que ganan más que los senadores. El rionegrino justificó esos altos ingresos diciendo que los funcionarios, cuando dejan de serlo, tienen que afrontar muchos juicios en Comodoro Py. Una desopilante justificación de sueldos diferentes de la cúpula del Congreso y el común de los argentinos.
A continuación, en la misma sesión, el macrismo logró dar media sanción al proyecto de Presupuesto Nacional 2017, gracias al voto del massismo y del bloque Justicialista, además de una docena de diputados del Frente para la Victoria que despreciaron el dictamen de minoría elaborado por Axel Kicillof. A ese conglomerado variopinto pero acuerdista con Macri hay que sumar a tres diputados del Movimiento Evita (Remo Carlotto, Araceli Ferreyra y Andrés Guzmán) que también apoyaron el presupuesto del oficialismo.

Presupuesto dibujado.
El miembro informante por la minoría, Julián Laspina, afirmó que era un presupuesto realista y lo contrastó con los de la etapa anterior, que denigró como “dibujados”.
Sin embargo, es difícil dejar de lado la figura del “dibujo” si se piensa que la inflación de este año será del 42,5 por ciento y la prevista para el año próximo es del 12-17 por ciento. Es cierto que la brutal contracción económica de estos casi once meses de macrismo han fulminado la demanda y el consumo, y en ese sentido puede haber una disminución del ritmo inflacionario, pero a un costo tremendo. De cualquier modo, cuesta pensar que la inflación será como la prometen Laspina y el ministro de Hacienda Alfonso Prat-Gay. Éste pronosticaba un 25 por ciento para el año en curso y será de casi el doble.
Sergio Massa y su aliado Diego Bossio explicaron que habían apoyado el proyecto debido a los cambios en 22 artículos y el agregado de otros 21. Sin embargo no aclararon que las metas globales quedaron intocables, con aquella previsión inflacionaria artificialmente baja y un aumento del PBI del 3,5 por ciento, cuando los llamados “brotes verdes” sólo crecen en la imaginación amarillista.
Hubo sí algunos retoques menores -en comparación con un gasto global de 2.3 billones de pesos- como haber dispuesto un aumento de último momento para Ciencia y Técnica, por 1.290 millones de pesos. Eso no fue gracioso sino fruto de la denuncia y movilización de los científicos e investigadores. Otro tanto con los 1.028 millones más que se adjudicaron a las universidades, pero en este caso se mantuvo la polémica. Es que las universidades nacionales son 56 y aquel remiendo sólo fue para 22 casas de estudio, quedando marginadas las restantes 34, entre otras las de Buenos Aires, Cuyo, La Pampa, La Rioja, San Luis y Río Cuarto.
Un punto muy negativo es la previsión de pago de intereses de la deuda pública, engrosada velozmente por esta administración y no sólo con la emisión de títulos para pagar “cash” a los “fondos buitres”. Se destinan 246.629 millones de pesos a tal fin, 16.400 millones de dólares, que se restarán de otros programas o reclamarán nuevo endeudamiento.
Debe ser por eso que en la reciente asamblea del FMI y Banco Mundial la delegación argentina cosechó tantos elogios, iguales a los piropos de estos días provenientes de los directivos del Eximbank y del consejo de negocios en Londres. El enviado especial de “Gaceta Ganadera” a Washington para cubrir las elecciones del martes, Martín Kasenguiser, lo admitió en su nota del 3 de noviembre: “en cualquier caso, el reconocimiento hacia Macri surge de los dos partidos. ‘La Argentina muestra que la democracia funciona y que es una historia exitosa’, señaló a LA NACION Dan Fisk, ejecutivo del Instituto Internacional Republicano”.

Protestas por abajo.
Aquella negociación parlamentaria del oficialismo con bancadas opositoras le puede reportar alivios en lo inmediato en el proyecto de presupuesto o en el que prevé asociar capitales privados al Estado en las licitaciones de la obra pública.
Ese tipo de negociación política también sirvió para que el triunvirato de la CGT dejara para más adelante -sus críticos dirán “calendas griegas”- el paro general no concretado. Más aún, fue demorado expresamente por medio de diálogos con el gobierno nacional a cambio de un bono de fin de año que no se sabe aún cuántos empleados públicos y privados podrán cobrar. Eso sí, el piso, que en muchos casos será techo, fue fijado en 2.000 pesos. Diversos centros de estudios ligados al mundo gremial, como Cifra, de la CTA de los Trabajadores, estimó que para muchos asalariados el monto del bono debió ser cinco o seis veces superior, para compensar el deterioro del salario frente a la inflación.
Hasta una espada afilada del monopolio Clarín, como Eduardo van der Kooy, admitía este miércoles: “es verdad que el Gobierno posee muchos problemas. Aunque tiende a exhibirlos. Sus promesas de brotes verdes (metáfora de la reanimación económica) se marchitan cada día con los propios datos oficiales. En septiembre, la construcción y la industria volvieron a caer”.
Hay dos realidades bien diferentes sobre la actualidad política. Una es la ficción que refritó Macri en Hernando, capital del maní, bailoteando junto al gobernador Juan Schiaretti, pontificando en el lenguaje vegano indicado por el gurú ecuatoriano, de que “vamos bien, todos juntos, con alegría”. Como en aquel patético balcón del 10 de diciembre, volvió a bailar; al menos en la capital del maní sonó Gilda y no la desafinada Michetti.
Esa es una versión de lo que sucede, con el vaso casi lleno con los miles de millones de dólares que supuestamente aportará el blanqueo de capitales.
La otra postal, más contactada con la realidad que le toca vivir a una mayoría de argentinos, se vio el viernes 4 en la plaza de Mayo, con el masivo acto y una tribuna bien representativa de los trabajadores formales e informales, y de movimientos sociales. Dos dirigentes que antes rompían lanzas, Hugo Yasky y Pablo Micheli, compartieron escenario y protesta, igual que habían hecho en la Marcha Federal. Y prometieron seguir avanzando juntos, en unidad incluso con otros gremios y sectores de la CGT que tienden al paro general incumplido por el triunvirato.
En política los tiempos valen y mucho. Las postergaciones de la cúpula cegetista le dan una gran oportunidad al gobierno de Macri, porque le abren la puerta al famoso y nunca cumplido “segundo semestre”, que vendría a ser el tercero.
Otros que tienen un calendario distinto según la cara del cliente son muchos magistrados que moran en Avenida Comodoro Py 2002. Las causas que tienen por imputados a los ex funcionarios del gobierno kirchnerista, incluida Cristina Fernández, viajan en avión. Así de rápidas. El lunes pasado la ex presidenta tuvo que comparecer, esta vez en el juzgado de Julián Ercolini, adonde debió también ir, otro día, el actual diputado Julio de Vido. Mientras tanto, en causas paralelas, el juez “Glock” -como llama Horacio Verbitsky a Claudio Bonadío- ordenaba allanar propiedades de CFK en Río Gallegos y otro tanto con departamentos suyos en Puerto Madero.
Tal velocidad contrasta con el ritmo paquidérmico cuando se trata de investigar a Mauricio Macri por los “Panamá Papers”. El fiscal Federico Delgado pidió al juez Sebastián Casanello que lo ayude a reclamar a cancillería algo de más de diligencia para lograr que otros países entreguen documentación solicitada hace tiempo sobre las empresas y cuentas offshore del presidente y su familia. El negligente Palacio San Martín está ocupado en otros menesteres, como los seminarios de negocios con grandes empresas del Reino Unido y en especular cómo quedará Argentina si gana Hillary Clinton o Donald Trump. Quieren que sigan las “relaciones carnales” con el partido del burro y el del elefante.

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