Mal de muchos no dispensa consuelo

SEÑOR DIRECTOR:
Se dice que el mal de muchos consuela a los tontos, pero conviene acotar los alcances de este refrán porque alguien, sin ser tonto, puede, al conocer que su mal es muy compartido, sacar otras conclusiones. Por ejemplo, estimularse para buscar una solución para sí y para los otros. El saber del mal de muchos puede ser un dato para tener mejor conocimiento de una debilidad que hay que superar. El lector puede pensar otras excepciones que lo saquen de la tribu de los tontos. Debe tener en cuenta que los refranes tratan de repetir advertencias que sirven como segunda línea de defensa, detrás de los instintos, que son los más veloces. Casi todo refrán tiene su contrarrefrán, sin que esto desvalorice a Sancho Panza.
Puestro a tontear, anoté, de la vasta noticia del mundo, el dato de ese gobernador de un estado de la primera potencia, Estados Unidos, que puso en venta la banca senatorial que perteneció a Barack Obama, el presidente electo. Rod Blagojevich fue uno de los apoyos locales a la candidatura de Obama, pero el morocho, enterado del escándalo, sentenció: “debe renunciar”. Blagojevich parece haber buscado un beneficio nada desinteresado. De ser así, habría tratado de sacar provecho de una extraña facultad: el gobernador del estado elige al reemplazante del senador nacional que interrumpe su mandato. Obama reclama que sea elegido por el voto popular o por la asamblea legislativa. Blagojevich afronta un juicio político o una destitución, pues se niega a dimitir. Nosotros nos dolemos (¿o ufanamos?) por el caso de la ley laboral comprada en el Senado nacional, pero parece claro que el norte no es el modelo a seguir.
También viene de esa latitud norteamericana el caso de Bernard Madoff, uno de los mayores ejecutivos de Wall Street, asesor de grandes empresas, quien ha confesado a los suyos que está (y con él, todos los que le confiaron dineros y quienes trabajaban para él) en la cochina vía. Jugó lo ajeno y perdió. Tapó por años, pero no va más. La investigación habla ya de “fraude bursátil anonadante, de proporciones épicas” y que podría ser el mayor, en la historia financiera de USA (50 mil millones), entre los que fueron ejecutados por una sola persona.
Otro refrán (los hay para la mayor variedad de gustos) advierte que “en todas partes se cuecen habas”. Esta papilionácea aparece muy mentada en Asia, Europa y América y por cierto que juega un papel importante en la alimentación a pesar de su fama de desabrida. Si se lo pone en seguimiento de “mal de muchos…”, se puede entender que el refrán de las habas ha sido pensado como complemento, pero quitando lo de tonto. Si algo es de muchos (de una mayoría bien definida y estable) más bien hay que pensar en pauta o rasgo característico, antes que en defecto o privación de aptitudes. Los piratas de la política navegan en todos los mares y hasta en lagunas y charcos a falta de mejor agua. Los bucaneros del capitalismo, que rezan al único dios de la Ganancia, son anfibios: prosperan en aguas, tierras y aires, aunque han tenido su trono en Wall Street con subtronos distribuidos en todo el globo. Pero si uno considera que Madoff era modesto changador, que guardó sus monedas hasta poder instalarse en Wall Street, entonces la advertencia es más lata: todo hombre es corruptible y puede convertirse en corrupto en acto si se instala en una comunidad de valores que exalta los medios y desconoce los fines. De ellos habla Leonardo Boff cuando dice que esta ideología o cosmovisión ha destruido la sociabilidad al desmerecer la confianza, la verdad y la cooperación. El mismo Boff, afamado teólogo de Brasil, acaba de advertir que “esta crisis” (la que comenzó en el norte) va a ser peor que la de 1929 porque “la Tierra ya no aguanta más el aumento de la producción y del consumo”. Esa forma de capitalismo ha encontrado su límite, que es el del aguante de la Tierra. En 1929 el planeta tenía reservas.
Atentamente:
JOTAVE