Mali: más allá del ataque al Hotel Radisson

GUERRA CIVIL, REPRESION E IMPERIALISMO

Francia interviene militarmente en el corazón de Africa ya que tiene proyectos propios en la región, que es muy rica en uranio y oro. De ahí que se unió al gobierno local para combatir a tuaregs y salafistas. La guerra civil que consume al continente.
Guadi Calvo*
Mali, se ha convertido, desde hace cuatro años, en otro de los escenarios del mundo donde las bandas salafistas desarrollan su guerra. Particularmente desde 2011, con la caída del gobierno y la muerte del Coronel Gadafi, miles de armas y hombres contratados entonces para luchar en Libia, como por ejemplo los mercenarios del príncipe saudita Bandar al-Sultán, comenzaron a expandirse por el Sahel.
Muchos de estos mercenarios fueron utilizados para posibilitar la intervención armada de Francia en el norte de Mali, que con la excusa de combatir a al-Qaeda, ahogaron a sangre y fuego una vez más la rebelión del pueblo tuareg.
Tras el arribo de cerca de 6.000 tuaregs, que habían combatido junto a las tropas leales al coronel Gadafi, a mediados de enero de 2012 en el norte Malí el Movimiento Nacional para la Liberación del Azawad (MNLA) toma el control de su ancestral territorio generando la cuarta rebelión desde que Mali se independizó de Francia en 1960.
La titubeante respuesta del presidente Amadou Toumani Touré produce un vacío de poder que termina en un golpe de Estado el 6 de abril 2012, por parte de oficiales del ejército maliense alentados desde el Eliseo.

Califato.
Las reivindicaciones de la nación tuareg, formalmente apoyadas por bandas vinculadas a al-Qaeda para el Magreb Islámico (AQMI), como la organización liderada por Iyad Ghali, Ansar Dine (Defensores del Islam) y el Movimiento para la Unidad y Yihad en África Occidental (MUJAO), al-Mulathameen liderado por Mokhtar Belmokhtar con la intención de cooptar el movimiento y establecer una suerte de califato.
El intento puso en alarma a Francia que tiene proyectos propios en la región, que todavía inexplotada se sabe que es muy rica en uranio y oro. Azawad era demasiado para abandonarla en manos tanto de los tuaregs como de los salafistas.
Con apoyo tecnológico de Estados Unidos, Francia lanza la operación Serval que se concentró en extinguir las pretensiones tuaregs, pero así no las de los grupos vinculados a al-Qaeda, a los que se les permitió huir fácilmente al sur de Argelia.
La intervención Serval y su continuación la operación Barkhane, contradice la resolución 2085 del Consejo de las Naciones Unidas que sólo autoriza la intervención de fuerzas militares africanas. Francia fue autorizada posteriormente por el Consejo de Seguridad de la ONU, pero tuvo importantes objeciones de los expertos.
Desde entonces el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas autorizó la permanecía de su misión militar de 11.240 miembros.

Secuestros y atentados.
En los meses siguientes del desbande en Mali, de las bandas takfiristas se produjeron infinidad de desmembramientos y reagrupamientos de combatientes y organizaciones que pertenecían a AQMI, pasando a conformar nuevas células que abjuraron de al-Qaeda para hacer su juramento de lealtad o bay’ah a Abubaker al-Bagdadi, el califa Ibrahim, líder de Estado Islámico. Desde entonces tanto en Argelia como en Túnez no han dejado de protagonizar constantes atentados y asesinatos.
En enero de 2013, la banda al-Mulathameen (Enmascarados) toma la planta de gas In-Amenas capturando 800 rehenes. Para desalojar la planta se debió ejecutar una operación combinada entre tropas argelinas, francesas, británicas y estadounidenses que dejó 37 rehenes ejecutados.
Estacionada en la frontera entre Túnez y Argelia, donde ha protagonizado varios ataques a patrullas del ejército tunecino en la sierra de Chaambi, se encuentra la célula Okba Ibn Nafaa. En Túnez particularmente 2015 fue un año de mucha actividad.
En marzo la toma del museo de Bardo de la capital tunecina por parte del grupo Ansar al-Sharía, vinculado al Estado Islámico dejó 22 muertos. Unos meses después, en junio, en el balneario Sousse, aparentemente un “lobo solitario”, Seifeddine Rezgui o Yacoubi, alias Abu Yahya al-Qayrawani, estudiante de la Universidad de Kirwan al-Qayrawan y domiciliado en la ciudad de Gafur, abrió fuego con una AK47 causando cerca de 40 muertos. Los asesinatos de dos dirigentes de la izquierda tunecina Mohamed Brahmi y Chokri Belaid en 2013 también fueron adjudicados a grupos radicales islamistas.
La milicia salafista argelina Jund al-Jilafa (Soldados del Califato), fue responsable del secuestro y posterior ejecución del turista francés Hervé Gourdel, en septiembre de 2014.
En Libia la presencia de Estado Islámico se ha convertido un factor más para la desintegración del país en una cantidad de feudos gobernados por bandas de diferentes orígenes y propósitos.

Represión.
Si bien las autoridades, tanto de Mali como de Francia, se han guardado muy bien de permitir obtener información acerca de las operaciones de represión tanto de las bandas salafistas como de los combatientes tuaregs, se han conocido denuncias de ejecuciones extrajudiciales y entierros ilegales para ocultar las acciones de ambos gobiernos involucrados en la zona de Azawad.
Si bien la prensa internacional obtiene información constante de las acciones del grupo nigeriano Boko Haram, que ya no solo ataca en su país sino que ha desbordado a naciones vecinas como Camerún, Níger, Chad, la propia Mali, poco se conoce acerca de las actividades de los grupos salafistas en Mali.
Lo que hace sospechar que París tiene particular interés por dar un paraguas de seguridad mediática al presidente maliense Ibrahim Keita Boubacar, como también lo hace con el chadiano Idris Déby, cuyo régimen está plagado de denuncias de corrupción y atentados a los derechos humanos.
Se ha tenido más información por ejemplo de los atentados que ha sufrido el pueblo de Fotkol en la provincia del extremo norte de Camerún, que este último sábado 21 sufrió el tercer atentado del año, con el estallido de un coche bomba revindicado por Boko Haram y que habría dejado al menos 10 muertos, que las consecuencias posteriores al atentado contra un bar de la capital en marzo último.
Según trascendió entonces, tres occidentales y dos guardias de seguridad murieron tras el ataque con armas de fuego en el bar La Terrasse, de la calle Princesa, en el barrio L’Hypodrome, el corazón de la noche de la capital. Un auto se detuvo en la medianoche de donde bajó un hombre encapuchado, que enseguida de atravesar la entrada del lugar abrió fuego indiscriminadamente al grito de “muerte a los blancos”. En el camino se tropezó con una unidad policial y tras un intercambio de disparos desapareció sin dejar rastro.
Si bien el atentado se le ha adjudicado a una organización salafista de las varias que operan en Mali, el accionar no fue típico de una organización integrista, fundamentalmente porque el grito de guerra tal sucedió infinidad de veces y como se recuerdo en los atentados del último viernes 13 en París el grito de guerra es “Allahu akbar ” (Dios es grande), además nunca se mencionó el tipo de armas que fue utilizado, en lo que podría parecerse a un ataque de índole racial o político religioso, como los que aquí analizamos. Aunque más tarde fuera revindicado por al-ulathameen, nunca más se volvió a informar sobre el confuso ataque.

El caso Radisson.
La toma del hotel Radisson del último sábado 21 no se ha podido ocultar dada la magnitud del hecho, trece hombres del grupo al-Mulathameen (Enmascarados) también conocidos como al-Mua’qi’oon Biddam, (Los firmantes con sangre), ingresaron al hotel donde se encontraban entre clientes y personal unas 140 personas de las que consiguieron ejecutar a casi una treintena.
Al-Mulathameen, estaría dirigido por el veterano de Afganistán Motkar Belmokhtar que había abandonado el QMI tras el fracaso de Mali y conformó su propia organización, cuyo bautismo de fuego había sido la toma de la planta de gas en Argelia.
A lo largo del 2013 la televisión estatal chadiana anunció que el ejército había conseguido ejecutar a Belmokhtar aunque la noticia nunca había sido confirmada y a partir de los sucesos de Bamako ha quedado totalmente claro que el líder de los enmascarados sigue activo.
Al-Mulathameen también fue relacionada con los ataques en el norte de Níger contra instalaciones militares y una explotación de uranio del grupo nuclear francés Areva.
El desempleo, la pobreza y el descontento juvenil en Malí, donde la mitad de su población está por debajo de los 14 años y otro 19% entre 15 y 24 años, es sin duda una rica cantera para el trabajo de captación de los salafistas.
La permeabilidad de las fronteras, la corrupción y las grandes necesidades económicas provocan que estas bandas no solo se trasladen libremente por toda la región sino que expandan su ideario.
Nunca sabremos cuán vinculados están los atentados de París y los de Bamako, pero sin duda tienen una misma raíz y no es la violencia religiosa, sino la violencia económica que se ejerce contra millones de jóvenes, en este caso musulmanes, a quienes que no se da otra posibilidad que hacerse el futuro a base de una AK 47.

* Escritor y periodista argentino. Analista Internacional especializado en África, Medio Oriente y Asia Central.