Malvinas, tiempos se acortan: en 2017 piensan llevarse el petróleo

HUBO CRUCES POLEMICOS ENTRE CAMERON Y TIMERMAN EN BRUSELAS

La polémica entre Cameron y Timerman en la II Cumbre de Unión Europea y CELAC fue un síntoma más. El conflicto por Malvinas es grave. Y tiene una fecha clave: entre 2017 y 2019 querrán sacar y vender el crudo que pertenece a Argentina.
EMILIO MARÍN
Fue una discusión en la II Cumbre de la Unión Europea de 28 naciones y la CELAC de otras 33 de Latinoamérica y el Caribe, que sesionó el 10 y 11 de junio en la capital de Bélgica. La presidenta argentina no acudió y envió en su lugar al canciller Héctor Timerman, quien a la hora de exponer, en los 3 minutos concedidos a cada orador, reiteró los derechos argentinos sobre las Malvinas. Reclamó que el Reino Unido acuda a la mesa de negociación tal como lo prescribe periódicamente las Naciones Unidas y denunció que en estos meses había recrudecido la exploración hidrocarburífera en torno a las islas.
El premier conservador David Cameron, que ya había usado su tiempo reglamentario, pidió la palabra para replicar al canciller argentino. Dijo que “las Falklands (Sic) tienen derecho de autodeterminación y que los espacios marítimos circundantes están bajo su jurisdicción”. Pidió que esta réplica fuera incluida en las actas de la Cumbre bi-regional, para poder invocarla en futuras discusiones. Sabe que este tema va a seguir para largo, como una durísima espina clavada en las relaciones bilaterales y también con la región latinoamericana, donde la corona británica no goza de aprecio ni prestigio.
La presidenta argentina, recién llegada de Italia y en el acto del 10 de junio, defendió lo actuado por el titular del Palacio San Martín y dijo que Cameron lo había tratado “maleducadamente”.
Ese cruce polémico expresa diferencias insalvables sobre la soberanía, que en 1991 Carlos Menem, Domingo Cavallo y Guido Di Tella dijeron haber puesto “bajo un paraguas” (la enterraron varios metros bajo tierra). Las constantes anécdotas de chisporroteos entre autoridades de los dos países pueden ser tomadas como “notas de color”. Como cuando en 2012 Cristina Fernández en la cumbre del G-20 en México quiso entregarle a Cameron un sobre con 40 resoluciones de Naciones Unidas sobre Malvinas y el inglés no se lo recibió y se fue. Otro gesto maleducado.
Pero lo trascendente no son esas chicanas. Los ingleses podrían haber actuado con mucho cinismo, como si fueran caballeros, pero eso no habría cambiado la cuestión de fondo, que fue, es y será la disputa de soberanía. Son islas muy valiosas por su ubicación geoestratégica en el Atlántico Sur, su cercanía antártica y de la comunicación con el Pacífico, así como por sus riquezas ictícolas y reservas petroleras. Además de esa elevada cotización, para Argentina tiene valor histórico y político: afecto por un pedazo de tierra usurpada desde el 3 de enero de 1833. Una tierra, aire y mar donde se regó la sangre de 649 compatriotas durante la recuperación desde el 2 abril hasta el 14 de junio de 1982.

Dos aniversarios.
La historia suele repetirse como tragedia primero y comedia más tarde, pero también como tragedia una y otra vez. Este sería un caso de dolorosa reiteración.
El 10 de junio, cuando se produjo el cruce Timerman-Cameron y la mención de la presidenta, de vuelta de la reunión de la FAO en Italia, se conmemoraba el día de la reafirmación de la soberanía argentina en Malvinas. Tal conmemoración tiene que ver con que el 10 de junio de 1829 la gobernación de Buenos Aires designa a Luis Vernet al frente de la comandancia en las islas. Dos años más tarde los norteamericanos la agreden con el barco de guerra Lexington, furiosos porque los argentinos habían cobrado a sus barcos por pescar y cazar sin permiso. Y otros dos años después, en 1833, fue el turno de la ocupación inglesa que dura hasta hoy.
La institución del 10 de junio fue hecha por ley 20.561, sancionada en noviembre de 1973 y promulgada por decreto N° 1635/74, de mayo de 1974. En este último decreto, como dato histórico, junto a las firmas del presidente Juan D. Perón y otros ministros como Taiana y Robledo, estaba la del “Brujo” López Rega.
Tras la recuperación argentina de abril de 1982, la antecesora de Cameron, la conservadora Margaret Thatcher, despachó una flota de guerra dispuesta a retomar las islas a fuego y sangre. Como parte del revanchismo hundieron al portaaviones ARA General Belgrano que navegaba fuera de la zona de exclusión. El crimen de guerra provocó 323 muertos, la mitad de todas las bajas argentinas.
Así, y con la flojera general del generalato y almirantazgo argentino, experimentados en terrorismo de Estado pero bisoños en combatir a un ejército colonialista, se llegó a la derrota de Puerto Argentino el 14 de junio de aquel año. El gobernador militar, general Mario B. Menéndez, firmó su rendición incondicional ante el general Jeremy Moore, para alegría del almirante Sandy Woodward, jefe de la Task Force.
De allí que en junio hay dos aniversarios de sabor dulce-agrio. La reafirmación el 10 y la rendición el 14.
Para evitar balances liquidacionistas, hay que recordar que los invasores también tuvieron serias pérdidas humanas y materiales. En el libro “Malvinización y desmentirización”, el ex teniente de la Fuerza Aérea Jorge Luis Reyes, veterano de Malvinas, escribió: “Los registros propios (ingleses) hablan de 348 hombres caídos con 777 heridos; tuvieron 34 aviones derribados, 8 barcos de guerra y transporte hundidos o destruidos, otros 7 averiados gravemente y 5 averiados de menor consideración”. Con otra conducción política-militar, sin dictadura, esa guerra pudo haber sido ganada.

En Celac es otra cosa.
El gobierno argentino deberá tomar nota de que una cosa es la solidaridad que Malvinas provoca en Mercosur, Unasur, Celac, ALBA, Grupo de los 77 más China, Movimiento de Países No Alineados y el Comité de Descolonización de la ONU. Y otra muy distinta ocurre en reuniones con la Unión Europea y el G-20, donde participan países imperiales y el propio usurpador, el Reino Unido.
Buscando un consuelo barato, el canciller Timerman regresó de Bruselas diciendo que estaba contento porque la resolución final hablaba de la defensa de la unidad territorial de los países participantes. Lo interpretaba como una alusión al derecho argentino a la soberanía de su territorio, incluyendo Malvinas.
Es un error de quien no ha tomado nota de la dura intervención de Cameron en contra suya. Por “integridad territorial” Londres entiende que se defiende su posesión de las “Falklands” (Sic), que en 2007 inscribió como territorio de ultramar en la Constitución de la Unión Europea.
En cambio la Celac, donde no participan Estados Unidos y Canadá, en su segunda cumbre, La Habana 2014, aprobó que Latinoamérica y el Caribe son una zona de paz. En la cita conjunta de esta semana en Bruselas tal caracterización no fue admitida por la Unión Europea. Una de las razones es que Merkel y los suyos avalan la permanencia británica en las islas, toleran su base militar, sus ejercicios militares e incluso en ciertos momentos armas nucleares.
El reclamo de soberanía argentina en las entrañables islas del Atlántico Sur es masivamente apoyado por las naciones latinoamericanas y caribeñas. En cada cita es parte del documento general y tiene su capítulo especial. Eso no ocurrió en Bruselas y la razón es muy clara: allí pisan fuerte los británicos y la OTAN.

Carrera contra reloj.
El conflicto con los ingleses ya lleva 182 años y lamentablemente puede durar muchos años más. Es que el poderío político, económico y militar de Argentina es mucho menor que el de China, ante la que Londres debió hocicar en 1997 y devolverle Hong Kong. No se avizora una restitución semejante de Puerto Argentino.
Además de la usurpación -y derivados de la misma- hay dos puntos, sobre todo uno, que puede significar un punto de inflexión en el conflicto.
Uno, grave pero no tanto, es que los kelpers siguen vendiendo y recaudando millones de dólares y euros con la venta de sus licencias de pesca. Además del robo de la riqueza ictícola, sobre todo calamar Illex que eso supone, tal venta de franquicias a barcos de banderas británicas y otras, lleva a mayor contaminación de nuestras aguas alrededor de las islas. También al fraude laboral y esclavización en los 300 barcos que pescan allí sin el menor control sobre su personal, la pesca, basura que arrojan, etc. Se han ahogado muchos tripulantes esclavos por saltar de esos infiernos flotantes.
El otro caso, mucho más grave, es que en abril pasado empresas británicas y norteamericanas anunciaron haber descubierto petróleo al norte de las islas. El gobierno argentino denunció penalmente a las británicas Rockhopper Exploration, Premier Oil, Falkland Oil And Gas Limited y a las estadounidenses Noble Energy y Edison, ante la justicia federal de Río Grande. Lo motorizó Daniel Filmus, secretario de Asuntos Relativos a Malvinas.
El problema es que los británicos ignoran todas esas demandas y siguen su plan de pasar a la explotación de esos recursos naturales. Han asegurado que entre 2017 y 2019 van a comenzar a sacar ese petróleo y exportarlo. Será un asalto a mano armada, anunciado. Restan sólo dos años para el saqueo. ¿Qué hará Argentina? Limitarse sólo a la vía diplomática y seguir pidiendo cordura y negociaciones a un imperial Foreing Office que las rechaza, parece entre tonto y suicida.