Más posibilidades para acuerdos de nuevo trato

DOMINICALES

La noticia hace saber que la policía de Realicó realizó un procedimiento en un local de ventas al público, donde secuestró una diversidad de pájaros que estaban en jaulas y que eran objeto de comercio, o sea que estaban ahí a la espera del cliente. También secuestró una tortuga que tenía el mismo destino.
Todos estos seres gozan de protección legal porque se quiere evitar su extinción. No pueden ser sacados de sus ambientes naturales ni convertidos en mercadería. Sin embargo, con mucha frecuencia se conocen noticias de este tipo. En las grandes ciudades son frecuentes los procedimientos que dan por resultado recuperar aves y animales diversos. No son pocas las personas aficionadas a tenerlos como mascotas en sus domicilios, aunque esta demanda puede estar disminuyendo ahora como efecto de la mayor concentración urbana, la falta de espacio y también de tiempo.
Hay personas que entienden estar protegiendo a estos seres, muchos de los cuales se hallan en riesgo de extinción. Que esto sea así y que puedan citarse casos de una relación afectiva con las mascotas, muestra otra singularidad de nuestra especie, que está destruyendo sistemáticamente el hábitat de estas criaturas y se dedica a realizar capturas con fines de comercio, pero también da lugar a relaciones conmovedoras del hombre con sus cautivos. Hay relatos de casos excepcionales de buena relación entre amo y esclavo de los tiempos en los que la esclavitud estaba consentida por la costumbre y protegida por la ley. Se conocieron casos en los que el esclavo daba muestras de devoción y hasta de amor por sus “dueños” o, más frecuentemente, por algunos miembros de la familia del “amo”.

Acuerdo
En el título de esta nota hablo de posibilidades de nuevo trato. Pienso en un cambio de la relación que ha predominado hasta nuestros días, porque he observado que se da una situación nueva, que tiende a acrecentarse.
Supongo que más de un vecino de Santa Rosa ha podido notar un aumento de la presencia de aves que anteriormente no mostraban preferencia alguna por la relación con el hombre. Esto se aprecia o, más bien, es susceptible de ser apreciado en las casas individuales que siguen teniendo patio propio. Y en las casas quinta suburbanas.
Desde que, por razones de edad, tengo mayor permanencia en la vivienda propia, observo el movimiento de aves que, como los gorriones, han aceptado el riesgo de vivir cerca del hombre. Lo que ahora se puede ver es que aparecen aves que antes solamente moraban en espacios abiertos, parques y montes de caldén próximos a las poblaciones. A estos “vecinos” alados se suman también algunas aves que notoriamente han logrado escapar de sus jaulas por ser objeto de comercio, como sucede con los canarios, los cardenales y algunas otras especies, cuya presencia es llamativa.
Celebro cada vez que entre los gorriones aparece un siete colores o un chingolo. Asimismo he comprobado la presencia de zorzales que han tomado residencia en el arbolado urbano. Estas presencias pueden explicarse, en casos, por el cambio climático. He visto benteveos que congenian con el gorrión y comparten comida sin agredir con su duro pico. Andar en la mala amansa a los “matones”. También llegan más los loros, que no se radican porque los rechazamos por sus hábitos depredadores y la suciedad. Abunda una gran variedad de palomas y son más frecuentes los colibríes y otros volátiles diminutos.

Infierno
Hace años, al evocar mi infancia, no pude menos que reconocer mi participación en campañas de honderos dedicados a matar a cuanto pájaro se pusiese al alcance de sus balines. Tuve la suerte de mi escasa puntería, pero acredito más de un pajaricidio. He relatado que admito que, en mi lugar del infierno, la tortura debida me sea infligida por estos seres a los que quité la vida sin motivación defendible. Inclusive acepto que una hormiga gigantesca y pesada se haga sentir con todo su poder sobre mí en nombre y representación de las muchas que pisé o que envenené cuando me creí justificado por estar protegiendo plantas que estaban bajo mi cuidado.
Ignoro si hay alguna forma de penitencia después de la muerte y más bien tiendo a creer que ésta supone la desaparición total de quien fue individuo de una especie, o sea, mero eslabón desechable de la virtuosa cadena de la vida. Me atengo a lo que hay: los seres en tránsito, consignados a la muerte, situación que compartimos con todo lo viviente. Por eso aviso que la presencia ciudadana de las aves puede ser entendida como que vienen a nosotros porque les hemos destruido su ambiente natural. De hecho, nos proponen un nuevo trato. ¿Será demasiado tarde para esto?
Jotavé

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