Más exigencias para quien está manejando

Señor Director:
Un proyecto de ley que ha entrado en el Senado nacional propone que quienes conducen automotores no puedan fumar ni tomar mate mientras cumplen esas funciones.
Aparte de las exigencias sobre dominio del manejo y conocimiento de las normas de tránsito, el estado de su cuerpo, la capacidad de los sentidos, el orden de la cabeza y demás requisitos que deben satisfacerse para obtener o renovar la licencia, la ley ha estado avanzando sobre los requisitos a considerar para el desempeño, una vez instalado al volante y puesto en marcha el vehículo.
No se puede imaginar si hay un punto final para estas limitaciones al llamado libre albedrío. ¿Se llegará a exigir que quien maneja se aísle del pasaje, de modo que no escuche ni converse con persona alguna? Sin duda que ha de llegarse a tal punto, pues no se aprecia que cese el incremento de vehículos ni que deje de acrecentarse la incompatibilidad de las calles, caminos y lugares de estacionamiento. De esta suerte, quien quiera llevar a familiares o amigos a otro lugar de su ciudad, tendrá que obrar como un disciplinado chofer. Y dado que el lugar donde debe ir carece de espacios para estacionar, deberá dejar a sus pasajeros y volver al cabo de un tiempo. El plácido pasajero quedará condicionado a cumplir su diligencia dentro de ese plazo. Ni soñar con volver a la condición de peatón, porque las ciudades crecen para arriba y hacia todos los lados y cada vez todo queda más lejos. Tampoco es viable la bicicleta o lo es cada vez menos, tanto porque no tiene sendas o calles especiales, como porque no toda persona tiene o conserva su capacidad para desplazarse en tales vehículos de tracción de sangre.
Si se piensa que una solución es el aparato volador individual, es posible imaginar que se podría también salir en grupos, planear por las alturas, descender en el patio o la azotea de la familia amiga. Claro que patios ya no van quedando y que dejar las alas en la azotea sería todo un riesgo por robo o daño. Finalmente, dado el ritmo de crecimiento de la población mundial y la concentración en urbes, en algún momento habría polución de voladores y cada uno tendría que comprar o alquilar un corredor o un horario para transitarlo. Los aviones, como se sabe, deben atenerse a estos corredores y estar comunicando su posición a una torre de control.

Delivery
Claro está que ya ha sido inventada la solución. Se llama delivery. Pensado a partir del actual desarrollo de este servicio permite imaginar que la propuesta implícita es que usted no tenga motivo alguno para dejar su casa. Llama y le traen lo que necesita. Además, existen los servicios on line, que también le hacen posible vivir como un ermitaño. Compra cualquier cosa en cualquier parte del mundo y se la ponen a domicilio.
Decimos “su casa”, pero en la urbe de nuestros días y ante el hecho de que se está reemplazando todo lo “viejo” en materia de vivienda, existe el horror al espacio y se descubre que cada vez resulta posible reducirlo más.
Es cierto que hay que salir de la cueva para ir y volver del trabajo. Sin embargo, cada día son más las personas que realizan trabajos intelectuales que no le demandan el traslado hasta una oficina o una fábrica, de modo que la necesidad de mantener servicios de transporte colectivo tenderá a reducirse paulatinamente.

Oscuridad
Me he entretenido hasta aquí desarrollando una especie de fantasía signada por el pesimismo. Sin embargo, la tendencia de rápido y acelerado desarrollo permite mirar en una dirección que propone un destino de panal o de hormiguero.
No está mal echar una mirada de este tipo, porque pueden existir alternativas o porque sea posible generarlas.
Jotavé