May en aprietos y eso es interesante para Argentina por Malvinas

CRISIS POLITICA EN EL GOBIERNO CONSERVADOR DEL REINO UNIDO

Los analistas han llamado la atención sobre la “victoria pírrica” de la primera ministra inglesa en los comicios generales. Sus proyectos políticos están desbarrancados. Lo interesante es que eso favorece más reclamos argentinos por Malvinas.
EMILIO MARIN
La flemática dirigencia británica está atragantándose en su flema, por una crisis política más fuerte que antes. Sus jefes de gobierno sucesivos, ambos conservadores, fueron sorprendidos por el electorado en dos oportunidades en un año.
Primero le sucedió a David Cameron, que en junio de 2016 convocó a un referéndum para resolver si el Reino Unido seguía o no en la Unión Europea. El era partidario de continuar adentro, negociando algunas mejoras con la matrona del bloque, Angela Merkel. Estaba confiado que la elección la iba a ganar caminando, para decirlo en términos porteños, aunque la población euroescéptica no era desdeñable. Para Cameron la victoria era segura pues el único sector militante a favor del Brexit (exit, salida de la UE) era la ultraderecha separatista del UKIP, una agrupación minoritaria.
Sin embargo triunfó el Brexit, por lo que la Unión de 28 miembros podría tener uno menos.
El Brexit fue interpretado como fruto de una corriente del electorado disconforme con la hegemonía alemana de la Unión y del descontento con la crisis económica y el desempleo imperante. Se supuso que endureciendo las fronteras ante los inmigrantes y dejando de pagar las facturas a la burocracia de la Comisión Europea presidida por Donald Tusk en Bruselas, mejoraría la situación de los ingleses.
La derrota inesperada de Cameron puso en su lugar a otra dirigente del mismo Partido Conservador, Theresa May. Ella fue elegida por el partido y como tal, con mayoría en la cámara y de acuerdo al sistema inglés, fue proclamada jefa de gobierno.
Oportunista al máximo, la ex ministra del Interior de Cameron, se aferró a la versión más dura de esa ruptura, que debía comenzar a negociarse el 19 de junio próximo, entre una comisión de su gobierno y otra de especialistas de Bruselas. Tal inicio fue postergado porque la primera ministra inglesa quedó sumida en la inestabilidad, luego de una “victoria pírrica” (léase derrota) en las elecciones que ella convocó para el 8 de junio.
Su suposición era que el Partido Conservador ganaría ampliamente en Inglaterra, Escocia, Gales e Irlanda del Norte, o sea el Reino Unido. Y con ese poder fortalecido ella podría negociar en mejores condiciones con los jefes de gobiernos europeos.
Otro cálculo pésimamente hecho. El oficialismo obtuvo 318 bancas y perdió 12 asientos, mientras que el opositor Partido Laborista creció 10 por ciento en votos y 29 bancas, con lo que ahora tiene 261. Como la Cámara tiene 650 escaños, el Partido Conservador perdió su mayoría y deberá hacer alianzas para llegar a los 326 de la mayoría parlamentaria.

Razones de la derrota.
May estaba muy convencida que ganaba con facilidad y uno sus eslóganes era que el suyo era un gobierno “fuerte y estable”. Aunque en aquel plebiscito ella no había tenido una postura clara, ahora parecía una firme rupturista con Europa. “Brexit quiere decir Brexit”, repetía en la campaña electoral.
Su creencia se basaba en que el contrincante, laborista, venía corriendo de muy atrás, en todas las elecciones pasadas y con un líder aparentemente poco carismático, como Jeremy Corbyn, con fama de izquierdista, austero y siempre anotado en causas pacifistas. Por ejemplo, en contra de la guerra de Irak que promovió George Bush con el líder laborista de entonces, Tony Blair. Supuestamente, Corbyn sería un perdedor. Había afrontado duras internas dentro del laborismo porque, con esa perspectiva de derrota, había varios anotados para su reemplazo pese a haber asumido la jefatura partidaria en 2015. Pudo capear el temporal hasta el comicio del jueves pasado. Luego se vería.
Y por suerte para él, y para amplios sectores de jóvenes que lo votaron, siendo de otros partidos y que antes no habían ejercido el sufragio, la performance laborista fue excelente. La mayor razón fue el voto de la juventud de entre 18 y 24 años, que concurrió a votar en un porcentaje cercano al 72 por ciento, casi duplicando la participación de las legislativas de dos años antes. Y el grueso de esos votantes fue para el “viejo” Corbyn, de 68 años, respetado por sus convicciones socialistas. Procedente del gremio de sastres, rechazó un regalo de un traje que le hacía un afiliado porque podía calificar como dispendio o corrupción.
La derrota de May posiblemente no haya tenido tanto que ver con los aciertos del jefe laborista, que los tuvo, sino más bien con las pifias de aquélla. El 29 de marzo pasado ella hizo entregar a su embajador ante la Unión Europea una carta de 6 páginas al jefe de la Comisión Europea, con las condiciones de Londres para negociar su salida.
Ese texto expuso de todo menos modestia y flexibilidad. La británica quería un Brexit duro, o sea una salida imponiendo sus criterios a los otros 27 socios.
May reclamaba un endurecimiento de sus fronteras, o “fronteras duras”, con la Unión Europea, para supuestamente luchar contra la inmigración ilegal y el terrorismo. Requería recuperar la soberanía judicial, desde la Corte de La Haya. Esos reclamos incluso chocaban con parte de la opinión inglesa y también de Irlanda del Norte y Escocia, por diversos motivos.
La gobernante británica también quería que a pesar de esa ruptura de la Unión, Londres siguiera gozando de una serie de beneficios económicos y comerciales propios del bloque, sobre todo durante los dos años de negociación de la salida e incluso un tiempo después.
Tampoco cayó bien en el Consejo Europeo lo que leyó como una suerte de chantaje británico contenido en la Carta, porque May decía que en la medida que se atendieran a sus planteos el Reino Unido podía aumentar la colaboración en la lucha contra el terrorismo y demás asuntos de seguridad que interesan a todos.
Ese tipo de planteos fue mal recibido por Tusk y los suyos. Tampoco sintonizaron con la onda que hay en el mismo Reino Unido, donde hay arrepentimiento de haber votado por el Brexit. Ya que no se puede hacer otro referéndum sobre el particular, quieren que se negocie con una versión más light, sin ruptura con el mapa europeo. Ese amplio sector piensa que en medio de las crisis económicas que sacuden al mundo capitalista y el Reino Unido, salirse violentamente de la Unión Europea no es la mejor solución. Y May hizo una campaña como si fuera una Brexit alocada…

¿”Muerta que camina”?
Aquella dureza para salir de la UE y negociar en esos términos durante dos años, en función del artículo 50 del Tratado de Lisboa que rige al bloque, no tiene muchos visos de realidad. La negociación formal terminaría en marzo de 2019, pero los plazos pueden prolongarse e incluso no estar May cuando la discusión se realice y eventualmente se firmen los acuerdos finales.
Es que la mujer, tras la pésima elección del 8 de junio, quedó colgada de un pincel, para usar otra expresión argentina. No tiene gran respaldo político, ni siquiera en su propio partido, donde ya hay varios aspirantes a sucederla, caso del canciller Boris Johnson y otros ministros, que de palabra la apoyan pero a sus espaldas tienen conciliábulos para serrucharle el piso.
Encima, en los días previos al comicio, Londres y Manchester fueron blancos de ataques terroristas del ISIS con varios muertos. Los atentados no fueron impedidos, quizás debido a recortes del presupuesto de Seguridad que hizo May como ministra del ramo. Eso también la perjudicó.
El ex ministro, conservador, George Osborne dijo al programa Andrew Marr Show que “May es una muerta que camina” y que duraría en Downing Street tiempo que le permita “el corredor de la muerte”.
Ajena a esos vaticinios, la premier negocia con el ultramontano Partido Democrático Unionista (DUP), de Irlanda del Norte, para formar nuevo gobierno. Con los 318 votos propios y los 10 del DUP, May llegaría justo a la mayoría. Es un aliado incómodo, contrario al matrimonio igualitario y al aborto, y de pasado vínculo con los paramilitares irlandeses que tanto combatieron al IRA.
El pacto con DUP es polémico porque Londres violaría el tratado de paz que le exigió ser imparcial en el conflicto de Irlanda del Norte entre protestantes y católicos, unionistas e independentistas. Su planteo de “fronteras duras” genera ruido en Irlanda del Norte porque esta tiene frontera con Irlanda, miembro de la UE, y se considera necesaria un límite más abierto para no perjudicar las relaciones de esos vecinos, el comercio y la paz en el Norte, tras duros conflictos armados.
Todo supone que antes de fin de año el débil gobierno deberá llamar a nuevas elecciones, que serían las terceras en algo más de un año, un dato de la inestabilidad y crisis británica. Corbyn aspira a ganar esos comicios, de fines de este año o comienzos del próximo.
Semejante panorama es excelente para Argentina. No en el sentido macrista, de que se pueda firmar un acuerdo con Bruselas y otro con Londres, por duplicado, para mejorar las inversiones. No. El cronista lo dice en un sentido nacional, de aprovechar esta crisis británica para redoblar el reclamo por Malvinas porque además Corbyn es propenso a esa negociación. Eso demanda un gobierno diferente allá y acá, porque Mauricio Macri no lo va a hacer. Para él May es una amiga en desgracia, no una usurpadora.