Menéndez, genocida con diez perpetuas y va por más…

DEBE TENER EL RECORD GUINNES DE CONDENAS A PERPETUIDAD

Ayer la justicia federal de Córdoba dictó la décima perpetua al genocida mayor de la provincia en tiempos de la dictadura militar-civil. El ex general Menéndez fue condenado por los asesinatos de tres militantes de la JUP.
EMILIO MARIN
El cronista sólo tuvo que mostrar su DNI a la guardia policial del primer piso del edificio de Tribunales Federales donde ayer concluía un cuarto juicio contra el ex mandamás del Tercer Cuerpo de Ejército, y mostrar que apagaba su celular. Así pudo entrar a la sala abarrotada de público, todos con una flor roja o distintivo similar, del mismo color, una suerte de escarapela, prendida en el pecho. Luciano Benjamín Menéndez ya estaba leyendo las varias páginas de su último alegato de modo que no pudo ver esas escarapelas; de lo contrario seguro que habría incluido un párrafo sobre que “el comunismo internacional estaba presente en la sala” de su nueva condena.
El ex militar leía con la voz propia de un anciano de 88 años pero con el mismo empecinamiento en justificar el genocidio y sin mínima pizca de arrepentimiento. No digamos de aportar alguna información a las Abuelas de Plaza de Mayo como Sonia Torres, presente en el lugar, para dar con los nietos que éstas buscan con ahínco. Nada. El mismo discurso de siempre, que incluso no se priva de llamar a su acción de esos años como “guerra contrarrevolucionaria” aunque suene muy feo.
Su planteo, como el que inauguró en 2008, en oportunidad de su primer condena en juicio por la causa Brandalisis, en este mismo ámbito, fue que Argentina tuvo que librar la mencionada guerra contra el comunismo internacional. “Nos querían convertir en satélites de Rusia y de su satélite latinoamericano, Cuba”, dijo sin levantar la vista de sus papeles.
Cuando después de su enésima provocación contra el público y familiares de desaparecidos aparecía algún murmullo, leve, de desaprobación a sus palabras, el militar condenado dijo: “me temo que esas expresiones sean porque no están vencidos”.
En ese momento los aludidos se mordieron los labios para no contestarle, sabedores que en ese caso el titular del Tribunal Oral Federal 2, José Vicente Muscará, podía dar la orden de desalojar la sala. Así lo demandó inútilmente la defensora oficial, Natalia Bazán.
Cuando el acusado terminó de leer su mamotreto y Muscará abrió un breve cuarto intermedio antes de dictar sentencia, allí sí los presentes atronaron con el hit de “Vení Menéndez, vení mirá, los subversivos somos cada día más”.

Cuatro al hilo.
Menéndez leyó una hora. Muscará pidió una hora de corte y cuando se reanudó la sesión, en apenas diez minutos leyó los doce puntos concretos de la resolución, adoptada por unanimidad con los otros dos camaristas, Mario Garzón y Juan Carlos Reynaga. En esta causa se lo juzgaba por los secuestros y asesinatos de tres jóvenes militantes de la Juventud Universitaria Peronista (JUP) ocurridos el 2 de junio de 1976 en esta ciudad de Córdoba.
Ellos fueron interceptados en el interior de un auto y llevados a un descampado donde los fusilaron, presentando luego los hechos como “un enfrentamiento armado con la subversión”.
Los fusilados fueron los jóvenes Ana María Villanueva, Carlos Delfín Oliva y Jorge Manuel Diez; la primera era estudiante de abogacía y de Ciencias de la Información. Por estos hechos ya en marzo de 2012 fueron juzgados y condenados tres miembros del Comando Radioeléctrico de la Policía. En ese momento el general eludió la cita con la justicia pretextando razones de salud, por eso ayer estaba solo. Una soledad absoluta. Sólo con su defensora oficial. Ni un militar, ni un familiar suyo, ni Cecilia Pando ni nadie que le diera una palabra de aliento. “Vencedores vencidos” como canta el Indio Solari.
El punto 4 del fallo lo encontró culpable como autor mediato de tres privaciones ilegítimas de la libertad y tres homicidios calificados, condenándolo a prisión perpetua. Es la cuarta perpetua en Córdoba. El texto no habla de crímenes en el marco de un genocidio, como otros fallos (caso de La Cacha, en La Plata) sino de delitos de lesa humanidad. El reo no estaba en la sala porque no le dio la cara para escucharla de cuerpo presente; mandó a decir con su defensora que estaría en una sala contigua.
El cronista pudo ver la satisfacción serena de los abogados querellantes Claudio Orosz y María López, y de Angel Tito Villanueva, querellante y hermano de Ana María. También del fiscal Facundo Trotta, que había solicitado la misma pena que aquéllos. Tito llevaba puesta una corbata vieja, de 39 años demodé, roja y negra, que dijo pertenecía a su padre, ya fallecido, mientras buscaban justicia durante tanto tiempo. En ese momento el hijo de Tito, estudiante universitario como su tía asesinada, daba comienzo a una radio abierta, en la puerta de un edificio que en muy contadas ocasiones, como ésta, merece llamarse “de Justicia”.

Deformaciones históricas y actuales.
En su extenso alegato el asesino serial y orgánico de las viejas clases dominantes enhebró varias frases que van a contramano de la verdad, de aquellos años y de los actuales. Por ejemplo, ubicó el inicio de la violencia hace 60 años, lo que resulta falaz a dos puntas.
En primer lugar porque colocar ese hito en 1955 niega que el comienzo del baño de sangre bien podría señalizarse en el golpe de Estado de septiembre de 1930, contra el segundo gobierno de Hipólito Yrigoyen. O, con un sentido más de clase oprimida, en los fusilamientos en la Patagonia, hechos por el Ejército contra las peonadas insurrectas de 1921.
En segundo lugar, suponiendo que la fecha correcta fuera la de 1955, alguien se habrá preguntado si Menéndez se había vuelto loco y acusaba al golpe militar de ese año, precedido por el bombardeo de la aviación naval a los civiles de Plaza de Mayo y dependencias oficiales. No. Nada que ver. Quien estaba a punto de recibir otra perpetua quería sentar en el banquillo de los acusados a los grupos de la “Resistencia Peronista” de 1955. O sea, enjuiciar a quienes resistían la interrupción del orden constitucional y no a los golpistas que fusilaron al general Juan J. Valle y a civiles en los basurales de José León Suárez.
El presente argentino tampoco se salvó del resentimiento y deformaciones del general porque acusó al PEN y la actual administración de estar integrado por “los mismos guerrilleros que en el gobierno aplican el derecho de forma arbitraria e ilegal”. Añadió: “con un disfraz legalista, los guerrilleros del ’70 hoy en el gobierno quieren un poder vitalicio y marchan hacia el abismo de 10 años de autoritarismo absoluto y despótico, violando sistemáticamente la Constitución Nacional”.
Los roles, invertidos. El genocida disfrazado de democrático, levantando el dedo ensangrentado contra un gobierno elegido por el pueblo y que defiende los derechos humanos, incluso las garantías procesales de aquél. El mundo del revés, María Elena Walsh dixit.

¿Cuántas son?
En la lectura del fallo el único punto que contuvo la felicidad reinante fue el que mantenía al condenado en prisión domiciliaria, de calle Ilolay de Barrio Bajo Palermo. Eso, en vez de la cárcel de Bouwer donde debería esperar el fin del ciclo de la vida, si puede llamarse tal a la suya.
A partir de allí, entre los periodistas y dirigentes de organismos de derechos humanos se suscitó una divertida discusión sobre cuántas son ahora las condenas a perpetua.
Aldo Blanco de Radio Nacional Córdoba dijo al aire que eran doce. La Voz del Interior on-line tipeó que eran diez. Según el sitio Infonews son once.
La cuenta del cronista da diez condenas a perpetua más otras dos a penas de 20 y 12 de prisión en La Rioja y Tucumán respectivamente. Cuando recién acumulaba seis perpetuas el diario La Gaceta de aquella ciudad calculaba que las mismas equivalían a una pena de 150 años.
Esta es la lista de las diez perpetuas, salvo error u omisión:
1) Causa Brandalisis (Córdoba, julio de 2008); 2) Causa Vargas Aignasse-Pedro G. Rubio (Tucumán, agosto de 2008); 3) Causa Albareda (Córdoba, diciembre de 2009); 4) Causa Jefatura de Policía, con 22 crímenes (Tucumán, mayo de 2010); 5) Causa UP1, por el fusilamiento de 31 presos políticos (Córdoba, diciembre de 2010); 6) Causa Romero Niklison por el fusilamiento de 5 militantes montoneros (Tucumán, marzo de 2011); 7) Causa Masacre de Palomitas, donde fueron ultimados once presos políticos sacados del Penal (Salta, diciembre de 2011); 8) Causa curas Carlos Murias y Gabriel Longueville (La Rioja, 2012); 9) Causa obispo Angelelli (La Rioja, julio de 2014) y 10) Causa Roselli, por Villanueva-Diez-Oliva (Córdoba, junio de 2015).
El genocida tiene causas en marcha en Jujuy, Mendoza y en Córdoba. En la última nombrada por la megacausa de La Perla que podría terminar antes de fin de año con otra perpetua para él, Ernesto “Nabo” Barreiro y otros asesinos. Es difícil que Menéndez pueda dormir tranquilo, pero puede estar seguro de que su puesto número 1 en el libro Guinnes no se lo puede arrebatar otro represor.
El único candidato que podía disputarle el podio de la muerte era Jorge R. Videla, pero falleció sentado en el inodoro de la cárcel de Marcos Paz, en 2013. El dictador ya no podrá remontar la diferencia que le lleva el ex jefe del Tercer Cuerpo de Ejército, dueño de un récord bien nazi en las diez provincias de su jurisdicción.