Merecido homenaje

Disimulada en el vértigo turístico del verano, la significación del feriado nacional de la semana que pasó se vio un tanto diluida en su alcance último y trascendente; conmemorar los doscientos años de la Asamblea de 1813, uno de los hechos más destacados de la historia argentina, no siempre resaltado como lo merece.
Es que aquella etapa de nuestro pasado dio cimiento a la por entonces reciente, y todavía desorientada, Revolución de Mayo. Fue la Asamblea -que se autoproclamó “soberana”- la que dio validez a los símbolos de la nacionalidad, una circunstancia de habitual y obligada recordación. Pero fue también la institución que enfrentó al viejo orden conservador, atacando algunos de sus pilares: la esclavitud, los infames sistemas del servicio de indios, la validez de los títulos de nobleza… Además subrayó la igualdad civil de los habitantes del país, a tal punto que el bando respectivo donde se informaba de la medida se publicó en los idiomas español, guaraní, quechua y aimara.
De la Asamblea de 1813 surgió la consolidación de la moneda nacional y la llamada “libertad de vientres”, que convirtió al Río de la Plata en un lugar pionero contra el esclavismo. También -un paso enorme para la mentalidad de la época- sancionó la libertad de imprenta. En contra de esas medidas progresistas la presión de sectores de la Iglesia Católica logró que ésa fuera declarada religión oficial del nuevo Estado, pero la medida se vio balanceada con la prohibición de tomar los hábitos antes de los treinta años de edad.
Esas enumeraciones, que hoy suenan simples y hasta tediosas, en aquel lugar y época fueron actos de extrema valentía, producidos por mentes lúcidas y capaces de avizorar los tiempos que anunciaba el resquebrajamiento del imperio español y el nacimiento de nuevas formas económicas. Prever esos acontecimientos no fue poco mérito pero, seguramente, ello estuvo ayudado por una circunstancia: la condición variada de los asambleístas que habían llegado desde todos los lugares importantes de aquel territorio que aspiraba a ser un país. Aquel aporte múltiple y dialéctico en todos sus aspectos fue uno de los motores de la Asamblea.
Esa mirada retrospectiva a la acción de los hombres de 1813 justifica con creces los actos recordatorios, al tiempo que no se puede dejar de reconocer que resulta significativo el encuadre histórico que, en general, el gobierno nacional le ha dado a su gestión. Desde sus inicios rescató algunas figuras de nuestra historia, por cierto que de muy distinto signo político, y les dio la ubicación merecida, haciendo ver que aquellas lejanas acciones que protagonizaron empalman con el país de hoy, sus problemas y su cultura. Abandonando estereotipos gastados y faltos de credibilidad le dio a las conmemoraciones y aniversarios más importantes otra trascendencia, ensamblada, simultáneamente, en el ayer y la actualidad. El mejor ejemplo fueron las celebraciones del Bicentenario de la Revolución de Mayo, donde la historia se trasladó al presente, incluso sin rehuir la polémica, y se llegó a lo emocional con formas nuevas, originales y auténticas. También se apeló al rescate de figuras en lo individual. La mítica Juana Azurduy dejó de ser una desvaída mención ocasional, para cobrar los perfiles excepcionales de la mujer en la lucha por la independencia; se blanqueó la figura de Ernesto Guevara, trascendente más allá de cualquier ideología; se honró a científicos y personalidades públicas -muchas de ellas mujeres- olvidadas o arrumbadas en el panteón del lugar común o de la cita ocasional.
En los recientes festejos conmemorativos de la Asamblea la difusión que se le dio a la fecha promoviendo debates, exhibición de documentales y hasta un acto multitudinario en Plaza de Mayo, pueden ser vistos por algunos sectores políticos como teñidos de un cierto matiz demagógico, pero no se puede negar que le dieron relevancia al hecho que se conmemoraba. El recuerdo, la revisión y explicación del pasado, por encima de los dos siglos transcurridos, resultan útiles -fundamentales acaso- para la comprensión y mejoramiento del país actual.