Metáfora de la ciudad

La planta de asfalto de la municipalidad es una metáfora perfecta de lo que sucede en Santa Rosa. La fotografía que publicó ayer este diario permite verlo en toda su crudeza. Expuesta a la intemperie, sin el tinglado protector que se voló durante la gestión anterior -y que no fue reemplazado, en una muestra más de la indolencia que caracterizó a la lamentable administración que precedió a la actual- hoy todas sus partes metálicas muestran el triste color del óxido y está fuera de funcionamiento a causa de los múltiples desperfectos que padece.
En las últimas horas se reemplazó uno de sus componentes deteriorados y reinició su labor, pero la alegría duró poco ya que no tardó demasiado en volver a detenerse. La actual gestión también está en mora pues ya lleva casi un año y todavía no logró siquiera ponerla en condiciones para reparar el estado calamitoso de las calles.
La decadencia de la máquina reproduce -a escala reducida- la de la ciudad toda. Ella también está afectada por la desidia de las últimas gestiones que, salvo excepciones, no se preocuparon por llevar a cabo las imprescindibles tareas de mantenimiento. Exactamente igual a lo que viene ocurriendo con el sistema cloacal, la red de agua potable, el pavimento, el arbolado urbano, etcétera.
Una maldición parece haber caído sobre esta capital de provincia. Sus habitantes eligen autoridades que no saben, no pueden o no quieren llevar a cabo gestiones aceptables, que miren un poco más allá de la contingencia, del día a día, que atiendan las necesidades concretas de los vecinos pero que, a la vez, piensen y planifiquen con generosidad y visión de futuro los cambios que la comunidad necesita. Sin importarles que sean otros los que corten las cintas. La política pequeña, mezquina se ha incrustado en la acción de gobierno y los resultados están a la vista.
Santa Rosa nunca estuvo tan mal, tan enferma y con tantas dolencias juntas. Es muy difícil recorrer sus calles sin ser atacado por una sensación de abatimiento al ver sus calles llenas de baches, de pérdidas de agua y de ríos cloacales corriendo por las cunetas.

Riesgo ambiental
A muy pocos días de la gran mortandad de vacunos envenenados por herbicidas en Ingeniero Luiggi, aparecieron más de mil bidones de agrotóxicos flotando en las aguas de la localidad de Vértiz, que padece todavía las inundaciones provocadas por las fuertes lluvias. El riesgo de contaminación es enorme porque la toxicidad de los productos es muy alta y se mantienen largo tiempo activos a causa de sus efectos residuales. Para colmo muchos de esos envases están rotos o destapados lo que multiplica el peligro.
Estos dos casos ponen de manifiesto un problema muy serio que afecta al agro pampeano. La escasa conciencia de quienes manejan estos productos, aunque también de los propietarios de los establecimientos, que no exigen a las empresas fumigadoras el cumplimiento de las normas elementales que deben acatarse escrupulosamente cuando se manipulan componentes de tan alta toxicidad. Este diario ha publicado no pocas denuncias, muchas de ellas ilustradas con fotografías, que muestran por lo general grandes cantidades de recipientes de agroquímicos abandonados, luego de ser usados, en predios rurales o suburbanos sin ningún recaudo o protección que revele alguna preocupación por parte de quienes han trabajado con ellos.
Estos dos graves episodios deberían servir para que las autoridades municipales y provinciales extremen las precauciones en materia de inspección, prevención y, llegado el caso, sanción. La contaminación con agroquímicos tan peligrosos -muchos de ellos se siguen utilizando aquí cuando ya han sido prohibidos en otros países- no respeta los límites de las propiedades, por lo tanto, el riesgo afecta a toda la comunidad.

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