Mezquindad ante un logro en la ONU

Una gran victoria política fue la que logró nuestro país en la Asamblea General de la ONU que aprobó con una contundente mayoría los nueve principios básicos sobre reestructuraciones de deudas soberanas. El proyecto había sido presentado por Argentina el año pasado y ahora, luego de varios meses de análisis y debates, logró un respaldo categórico: 135 países votaron a favor, 42 se abstuvieron y solo seis se opusieron.
El menoscabo de la gran prensa corporativa a semejante logro internacional tiene un doble significado. Por una parte ratifica la enceguecida militancia opositora de esos grandes emporios mediáticos que han hecho papel picado de la práctica del periodismo que en algún momento ejercieron. Y por otro los coloca en el bando de los que anteponen los intereses económicos de las minorías privilegiadas -los fondos buitre entre ellos- que confrontan con los intereses de los Estados nacionales cuando éstos no se someten a sus demandas.
Sucede que esos diarios y canales televisivos porteños se la pasan pregonando que Argentina está “aislada del mundo”, y este respaldo rotundo logrado en el más importante y democrático foro internacional desmiente y pone en evidencia ese discurso tramposo. Buena parte de la oposición política, que sigue dócilmente el libreto mediático, se plegó a esa estrategia de ocultamiento con una estrechez de miras asombrosa.
Lo cierto es que Argentina logró vencer los esfuerzos de los países más poderosos del planeta que intentaron desnaturalizar el proyecto y debilitarlo en su propósito de poner un freno al accionar de los capitales financieros especulativos. Y lo paradójico es que, precisamente, logró “aislar” a nada menos que Estados Unidos, Gran Bretaña, Alemania, Israel, Canadá y Japón, los “peso-pesados” del escenario global, que fueron los únicos que se opusieron y quedaron en una absoluta minoría.
No es casualidad el hecho de que esos países son los que siempre se han opuesto a los intentos de controlar las “guaridas fiscales”, esa especie de tierra de nadie o de agujero negro adonde van a parar enormes masas de dinero que evaden el pago de impuestos y se fugan para blanquearse en el sistema financiero internacional. La connivencia de los gobiernos de los países más poderosos de Occidente con la carroña financiera global quedó en evidencia con el tratamiento de este proyecto en las Naciones Unidas que fue presentado por Argentina y recibió el apoyo de más de los dos tercios de los países del mundo.
Hacía muchos años que esa poderosa elite, integrada por media docena de países, había logrado retirar de Naciones Unidas el tratamiento de las deudas soberanas para confinarlo al ámbito del FMI y el Banco Mundial. Estos dos organismos no son nada democráticos porque en ellos los países centrales tienen mucho más peso y poder de decisión; en cambio en la ONU cada país tiene un voto, de ahí que sus resoluciones tienen mayor legitimidad y representatividad en el concierto mundial de naciones. En este punto, precisamente, radica la trascendencia del logro argentino y de ahí las maniobras de ocultamiento que se desplegaron.