“Mi padre es un cura que se opone al aborto pero me abandonó”

LA HIJA DE UN SACERDOTE SE DECIDIO A HABLAR

En una conmovedora carta difundida en las redes sociales una joven habla de su padre, un sacerdote salteño que dice defender la vida pero la abandonó a su suerte.
AGUSTINA GAMBOA ARIAS
Soy Agustina Gamboa y no me callo más.
El sacerdote y referente de la Iglesia Católica de Salta Carlos Gamboa, fue entrevistado en el programa “La Otra Campana” acerca de la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo. En la oportunidad apeló a los slogans “Sí a la vida”, “Toda vida vale”. Estas fueron sus afirmaciones, sin embargo, la realidad contradice sus palabras pues sistemáticamente descuidó y desatendió de mí, su hija Agustina María Gamboa Arias, nacida en mayo del 2000.
Llevo el apellido de mi progenitor, pero originalmente fui anotada en el Registro Civil como Agustina Arias ya que se negaba a reconocerme legalmente, negándome también el derecho a la identidad. En 2002, mediante requerimiento de un abogado pude ser reconocida.
Sé todo sobre mi identidad, quién soy y de dónde vengo, pero esta realidad me resultaba inconclusa, a medida que fui creciendo necesité no solo conocerlo si no también entender lo que sucedía. ¿Por qué mi padre estaba ausente?
Gamboa habla de “acompañar a la mujer que está en la disyuntiva de continuar o interrumpir un embarazo”, también dice “apoyar a los chicxs que están vivxs”. Siendo yo su hija pasé por muchas situaciones de abandono porque nunca se preocupó por conocerme.

Esperaba sus llamados.
A partir de mi insistencia pudimos coordinar algunos encuentros que se hicieron cada vez más complicados: Nos veíamos en estaciones de servicio alejadas. En los encuentros me repetía el discurso de que me amaba, pero no podía ser mi padre. Para una nena de 6 ó 7 años era un relato muy confuso. Era una niña que creía que mi padre me amaba, esperaba sus llamados para fechas importantes o algún gesto de interés que nunca llegó.
Nunca hubo iniciativas de su parte, a pesar de que mi madre y mi padre del corazón le ofrecieron muchas opciones para facilitar nuestro vínculo como encontrarnos en otras provincias o pagarle el pasaje hacia Capital Federal, lugar donde vivo. Nunca accedió y con el paso del tiempo, los silencios fueron cada vez más prolongados.
Entendí mucho después que mi padre no me quería por eso busqué afecto en otrxs miembrxs de mi familia paterna, mediante las redes sociales comencé a buscar a todx aquel con apellido Gamboa que pudiera ser familiar. Resultaron ser muchxs, y hasta pude conocer a una prima que junto con sus padres y hermanos me recibieron con alegría. Sin embargo, esto desató una tormenta que se manifestó con maltratos verbales y psicológicos telefónicos por parte de Gamboa hacia mí y hacia mi mamá.
La familia de Carlos Gamboa se encolumnó detrás suyo protegiéndolo e impidiéndome la posibilidad de conocerlos y completar parte de mi identidad. En esta lucha por lograr un poco de afecto y completar mi historia terminé enfrentándome a la Iglesia Católica salteña que como sabemos, tiene mucho poder. Por eso, cuando mi progenitor habla de “respetar las dos vidas” debo decir que no respetó la vida de su hija por defender su imagen y sus privilegios económicos. La iglesia encubrió y ayudó a ocultarme, nadie debía enterarse de mi existencia.

Manipulaciones.
Fui víctima de estas manipulaciones que me afectaron psicológicamente, el abandono del niñx que sí nació es tan destructivo para la personalidad que hace que aún hoy siga con dificultades a la hora de vincularme y de conformar mis relaciones personales.
Carlos Gamboa habla de que la Iglesia debe formar y respetar a las personas pero él nunca lo hizo conmigo, sus acciones afectaron mi desarrollo emocional luego de tanta manipulación afectiva. Voy al psicólogo desde que tengo memoria; ¿cómo confiar en lxs demás si no podés confiar en tu padre biológico? Por eso cuando se pronuncia “a favor de las dos vidas” y dice “no lo dañemos más con otro abuso” debo afirmar que el daño que me hizo es irreversible, un daño que también se manifestó en lo relacionado con la cuota alimentaria pues para que cumpliera con su obligación debió celebrarse un convenio privado, en numerosas ocasiones se retrasó y maltrató a mi madre cuando ella le solicitaba lo que me correspondía.
Cuando Carlos Gamboa y la Iglesia hablan de “sí a toda vida” y “toda vida vale” me pregunto ¿qué quiere decir con eso? y ¿por qué se siente con autoridad moral para decirlo tan livianamente? Imponiendo con ese discurso un pensamiento sobre la sociedad, sabiendo que sus palabras tienen mucho peso, pero sus actos lo contradicen. Todo esto me parece una total hipocresía.
En contra de la posición de mi padre, mi familia y yo estamos a favor de la Ley de Interrupción Voluntaria del embarazo sin modificaciones porque sabemos que esta ley ayudará a mujeres y cuerpos gestantes que se encuentren en riesgo o deseen decidir sobre su futuro. También consideramos que el abandono es muerte y que el dogma de la Iglesia no debe interponerse en la vida republicana y debe respetar las decisiones de las mujeres.

Libre decisión.
Esta carta fue muy difícil de escribir y llevó meses de preparación, análisis y de remover cuestiones que duelen y molestan, pero algo me dejan en claro, me libere del estigma que me impuso la curia al nacer. Ahora sí puedo decir orgullosa que participé de la vigilia en Diputados, que tuve una vida y formación ideológica orientada a los derechos de humanos de las mujeres y sexualidades disidentes y es por ello que hago pública esta carta. Decidí por mis propios medios, y con el apoyo de mi familia, dejar de ser cómplice de la doble moral de la iglesia de la que forma parte Carlos Gamboa, mi padre biológico.
Me expreso porque quiero que el aborto sea legal, seguro y gratuito, que exista la educación sexual, laica y con perspectiva de género en todas las instituciones educativas del país, y porque quiero que todas las mujeres y cuerpos gestantes tengamos la libre decisión sobre nuestros cuerpos y nuestra vida. (Extractado de Nuestras Voces).