Milagro Sala y la “grasa militante”

La detención de la dirigente social y diputada al Parlasur, Milagro Sala, no hace más que profundizar la tendencia represiva de las movilizaciones de protesta que se impuso en el país ni bien asumió el nuevo gobierno nacional de la coalición Cambiemos.
El caso de Jujuy se presenta en el marco de una vieja disputa política entre la dirigente de la agrupación Túpac Amaru y el gobernador radical Gerardo Morales. La movilización y el acampe en la plaza central de la capital provincial fue dispuesto ante la falta de respuesta del mandatario a dos pedidos de audiencia solicitados el 24 y el 30 de noviembre del año pasado para dialogar acerca de la continuidad de las cooperativas de viviendas. La detención tuvo amplia repercusión en todo el país y cosechó manifestaciones de repudio y pedidos de libertad por la líder social.
En cuanto a los fundamentos del encarcelamiento, el Centro de Estudios Legales y Sociales no dudó en advertir que esta causa penal “está armada de un modo similar a muchas que han pretendido criminalizar la protesta”. Señaló que a Milagro Sala “se le imputan vaguedades y se le suman delitos para justificar una pena en expectativa”, y que “se agrega el delito de sedición con una imputación peligrosa, vaga y arbitraria”. Con el argumento del juez, expresó el CELS, “cualquier liderazgo de una protesta social” podría implicar el delito de “alzarse públicamente para impedir la ejecución” de una normativa oficial. “Criminalizar las prácticas relacionadas con el ejercicio del derecho a la protesta conduce a una restricción de las libertades ?democráticas y a una aplicación ilegítima del derecho penal”, expresó la entidad.
Milagro Sala es una activista social de larga trayectoria en el norte argentino. Su popularidad se consolidó en las continuas luchas de los más humildes y olvidados por hacerse ver en una sociedad discriminadora y estratificada que siempre le dio la espalda. Pero su gran mérito radica en que supo trascender la protesta y profundizar en la organización de los sectores populares para afianzar y darle proyección a valiosas iniciativas comunitarias con la participación activa de mujeres y hombres en entidades cooperativas que construyen viviendas, establecimientos sanitarios, clubes sociales, comedores, escuelas de arte, etc.
Contribuir a que las gentes sencillas dejaran de ser meros receptores pasivos de la beneficencia y se levantaran como sujetos activos de una transformación que es, a la vez, social y personal, es un pecado que nunca le van a perdonar. La clase política norteña, tan apegada a las prácticas clientelares, prefiere ver a los humildes desvalidos y rogando caridad en lugar de organizados y exigiendo derechos.
La cercanía de Milagro Sala al kirchnerismo le bastó para granjearse la furia de los grandes medios porteños que han pretendido hacer de ella una puntera barrial que ampara maniobras corruptas. Silencian que la importancia de esta mujer radica en la ausencia del Estado para atender las necesidades de los más sumergidos y que ella es producto, precisamente, de esa omisión.
No hay arma más eficaz para dañar la imagen pública de un dirigente que acusarlo de prácticas de corrupción. Una prensa mentirosa e hipócrita, pero con enorme poder de fuego, ha hecho de esa metodología su razón de ser. No importa que después no haya pruebas ni evidencias si se cumple con el objetivo de ametrallar al acusado. (Esa estrategia operó en la vil acusación contra el candidato del Frente para la Victoria en la provincia de Buenos Aires usando, impunemente a delincuentes condenados a cadena perpetua).
Hasta ahora ninguna de las causas armadas contra Milagro Sala ha podido prosperar. Y no es porque goce de la simpatía del poder judicial conservador de aquella provincia que también frunce la nariz ante la “grasa militante”.