Miles contra el machismo de Bolsonaro

MARCHAS EN BRASIL

A 4 días de las elecciones presidenciales en Brasil, el sábado pasado se movilizaron cientos de miles de ciudadanos y ciudadanas de ese país, convocados por el movimiento de mujeres, bajo la consigna “Ele Nao” (El No).
IRINA SANTESTEBAN
¿Quién es “él”? Es Jair Bolsonaro, el candidato de la extrema derecha brasileña, que hasta hoy tiene el mayor porcentaje de intención de voto, para las presidenciales que se realizarán en Brasil el 7 de octubre. Esa primera minoría la tiene gracias al juez Sergio Moro y gran parte del aparato judicial del Estado, quienes con la ayuda de los medios hegemónicos -como la cadena “O’Globo- lograron dejar fuera de la carrera al ex presidente Luis Inacio “Lula” da Silva. El día en que 147.306.275 brasileños y brasileñas concurrirán a las urnas para votar al próximo ocupante del Palacio del Planalto, se cumplirán 6 meses de la detención de Lula, en una comisaría en Curitiba, frente a la cual hay una multitud “en vigilia”, que todas las mañanas lo saluda al grito de: “Buen día, presidente Lula!”. Condenado a 12 años de prisión, luego de un proceso amañado y sin pruebas, el candidato del Partido de los Trabajadores (PT) tuvo que ser Fernando Haddad, ex alcalde de San Pablo, con una intención de voto del 22%, frente al 31% de Bolsonaro, según las encuestas.

Rebrote fascista.
A semejanza del resurgimiento de corrientes neofascistas en Europa, también en Brasil se da un rebrote derechista del cual Bolsonaro es su cara más visible. La crisis económica y la desocupación, son factores que explican que una parte del electorado busque una salida “por derecha”. La destitución de Dilma Roussef, y la asunción de su vice Michel Temer en la presidencia, dio comienzo a un plan económico neoliberal, con recortes de los derechos conquistados en los últimos años de gobiernos del PT. Otro de los promotores del “impeachment” contra Dilma fue el ex titular de la Cámara de Diputados, Eduardo da Cunha, condenado luego a 24 años de prisión en la causa conocida como “Lavajato”.
Jair Bolsonaro es el candidato del Partido Social Liberal (PSL), conocido misógino, que se ha pronunciado públicamente en contra de la igualdad laboral y salarial de las trabajadoras con sus pares varones. Son conocidas también sus opiniones contrarias a los derechos de los colectivos de la diversidad sexual, que lo acusan de “homofóbico”. En 2014, insultó a una diputada diciéndole que no servía “ni para ser violada”.
Brasil es la octava economía mundial, pero en 2017 atravesó una de sus mayores crisis, con la caída de un 11% de su PBI y la duplicación de la cantidad de desempleados.
Los problemas no son sólo económicos, hoy existe una clara decadencia de su sistema político, que podría llevar a la presidencia a un exponente como Bolsonaro, lamentablemente con el apoyo de millones de votos.

Mujeres.
El enorme potencial del movimiento de mujeres en todo el mundo, pero particularmente en América Latina, que suele ser subestimado por algunos sectores (dizque) progresistas, se puso en evidencia nuevamente en Brasil. Fueron organizaciones feministas las que convocaron a marchar, el pasado sábado, en contra de la misoginia y la xenofobia que expresa el candidato del PSL. Rápidamente casi todo el arco político de centroizquierda e izquierda se sumó a las marchas, que fueron multitudinarias en Sao Paulo, Río de Janeiro, Salvador de Bahía, Porto Alegre, Belo Horizonte, Manaos, y decenas de ciudades brasileñas. Las movilizaciones se replicaron incluso en algunos países de la región y de Europa, convocadas por colectivos feministas.
Es que la lucha contra el patriarcado y el machismo, en un contexto de crecimiento del fascismo, están íntimamente vinculadas con los movimientos contra las medidas de ajuste que sufren los sectores populares. Las mujeres son las más perjudicadas cuando se aplican esos planes de recortes y despidos.
Y son los sectores de derecha, los que tradicionalmente se oponen a la agenda de reclamos feministas: aborto legal, educación sexual, equidad laboral, medidas contra la violencia de género, reconocimiento de derechos para los colectivos de la diversidad sexual, etc. Eso es lo que expresa Bolsonaro, en una versión aumentada y hasta con visos caricaturescos, pero no por ello menos peligrosa. De ganar este candidato, muchas de las conquistas de las mujeres, y de los sectores populares, logradas en décadas de lucha, serán arrasadas.

No es humo.
Que sean las mujeres las que hoy se ponen a la cabeza de esa lucha antifascista, demuestra que el feminismo es un movimiento que suma en la construcción de una alternativa contra el neoliberalismo y los planes de ajuste de las grandes corporaciones, hoy en el centro del poder político en Brasil.
Como para que reflexionen aquellos que subestimaron o directamente se opusieron a la reciente pelea en Argentina, por obtener la legalización del aborto, con el argumento que era una “cortina de humo” que beneficiaba al gobierno de Cambiemos, porque supuestamente desviaba el eje de la lucha contra el ajuste y las medidas antipopulares.
Las mujeres constituyen el 52% del electorado brasileño, pero sólo hay un 37% de candidatas en las listas para los comicios del domingo. Sin embargo, que ante la convocatoria de las organizaciones feministas, diferentes partidos y tendencias hayan coincidido en marchar para expresar el repudio hacia quien reivindica la pasada dictadura brasileña y promueve el odio hacia las mujeres, los gays, los pueblos originarios y los afrodescendientes, es un punto a favor de la democracia.
Que esa movilización contra el machismo y la xenofobia -en definitiva, el fascismo-, haya sido convocado por las organizaciones feministas, revela que el movimiento de mujeres se encuentra a la vanguardia de la lucha por una sociedad democrática, más justa e igualitaria, además de sus propias reivindicaciones.
Los sondeos muestran hoy que ni Bolsonaro ni Haddad ganarían en la primera vuelta. En un balotaje -el 28 de octubre- los porcentajes también son muy ajustados. Por ello, muy justa y oportuna la movilización y la consigna “Ele nao”! que ha ganado masividad y necesita ganar votos.