Miles que marchan por un ideal comprometido

Señor Director:
Leo una nota periodística que habla de “miles que marchan”.
Sucede en Córdoba en estos días y viene repitiéndose en el noroeste argentino (Jujuy, Tucumán, Salta) y en la Patagonia (Neuquén, Chubut, Santa Cruz). La gran prensa no se hace eco o se limita a mencionar el dato, sin precisar las motivaciones. ¿Son marchas más allá de la esperanza y mucho más lejos de la protesta?
En Córdoba se repiten las marchas desde hace meses o años. Son de protesta por la destrucción del bosque nativo. Córdoba conserva solamente el tres por ciento del bosque de inicios del siglo XX. Los que explotan la tierra (ganaderos, agricultores) quieren más espacio para siembra y pastoreo. Otro tanto pretenden las inmobiliarias que proyectan barrios y lugares de turismo. No son ellos quienes marchan. Tampoco son, mayoritariamente, descendientes de aborígenes. Son la gente que se atiene a las voces de la naturaleza, que ha respondido a la destrucción del bosque con inundaciones cada vez mayores y más frecuentes y hasta ha habido aludes en la serranía.
Los que marchan en Jujuy y el noroeste advierten que la minería del litio, que tiene una enorme fuerza expansiva porque este mineral ha multiplicado su valor en pocos años y las multinacionales y los gobernantes apremiados por presupuestos deficitarios, quieren ampliar la zona de explotación aunque destruya ambientes naturales, algunos de ellos últimos reductos de descendientes de aborígenes. A veces estos gobernantes se suman a la protesta, pero luego ceden al “chantaje del cheque”, sea el impuesto que paguen las mineras, sea el cheque que se espera del poder central. En esta provincia, Jujuy, las últimas marchas, a pie, han durado siete días. Apenas si el resto del país tuvo conocimiento de tal expresión. Ahora atrae el interés la mina de Chinchillas, de plata y estaño. En Neuquén y en la Patagonia las organizaciones sociales y el Pueblo Mapuche enfrentan a las petroleras. Vaca Muerta promete oro negro, pero consume y envenena aguas y arruina ambientes naturales, quizás irrecuperables en el tiempo humano (el tiempo de la naturaleza abarca lapsos sensiblemente mayores).
En Mendoza el sector empresario presiona para que se derogue la ley 7.722, que pone límites a la megaminería. El gobierno nacional habla de instalar una central nuclear en Río Negro y un basurero nuclear en la costa marítima, cerca de Península Valdés, Chubut. El gobernador de esta provincia no participa en marchas, pero protesta. Aunque su voz no resuena en los medios de prensa dominantes.
Los pobladores precoloniales tienen una cultura de alianza y de sumisión con la naturaleza, pero pobladores llegados desde los tiempos coloniales empiezan a entender el mensaje implícito. Esquel, en Chubut, protagonizó hace pocos años una fuerte resistencia a la minería que utiliza aguas (cada vez más escasas) o las envenena. Ganó esa pulseada contra todos los que, sin pensarlo, preferían avanzar en esa explotación, porque limitan el alcance de sus deseos a su corto tiempo de vida.
Los pampeanos hacemos pocas exteriorizaciones de preocupación por la acelerada destrucción del bosque nativo, salvo algunos descendientes de los precolombinos, cuya voz recién comienza a despertar la atención. Seguimos pensando que este territorio es grande y la gente que lo habita es todavía poca. Esta actitud de “la gente”, la decisión de expresar su voluntad de comportarse como quienes se han consustanciado con la tierra que les sustenta, recién ha comenzado a cambiar para la mayoría con el problema de los ríos. Ojalá que no sea tarde.
Stephen Hawking, científico que ha podido desplegar una mirada inteligente sobre el universo, incita a prepararse para el éxodo hacia otros planetas y otros soles. Pero él tiene en vista un proceso de siglos y no ignora que de llegar a hacerse posible ir a otro astro, los que se irán no serán todos.
Atentamente:
Jotavé