Mochila que carga un bastón y una corona

Señor Director:
La reina de Holanda ha dispuesto que el próximo 30 de abril su hijo Guillermo Alejandro, príncipe heredero, se ponga la corona. Se ve que la edad también impone condiciones a los reyes. Beatriz, la reina, tendrá 75 años en su próximo cumpleaños y lleva algo más de un tercio de siglo en el trono. Ha tenido tres hijos varones.
El próximo rey se casó en 2002 con la argentina Máxima Zorreguieta, que será reina consorte. Este matrimonio no ha tenido hijos varones. Le han nacido tres niñas, con lo que el trono de los Países Bajos volverá a manos de una mujer, después de Guillermo.
Descuento que las revistas y programa “del corazón” se derriten comentando el hecho de que una argentina ha podido llegar a uno de los últimos tronos que se conservan en el mundo. Sin dudas que el destino de esta mujer es singular, pero dejaré que sobre este punto de explayen quienes o bien se especializan en dar gusto a los “cholulos” o bien pueden mostrar el amplio repertorio de conocimientos disponibles acerca de reyecías y sucesiones.
Suelo mentar aquí la frase que se atribuye a Napoleón según la cual cada uno de los soldados de su gran ejército llevaba en su mochila el bastón de mariscal. Esos soldados no han sido los únicos en “creérsela” y es posible que sean muy pocos los hombres que al fantasear acerca de sí mismos, hayan dejado de verse, por un momento, como príncipes, reyes o forjadores de imperios a fuerza de bala y bayoneta. Los cuentos tradicionales revelan que esta fantasía suele ser o ha sido más frecuente en la mujer, hecho que puede relacionarse con la posición que las damas han ocupado en las jerarquías sociales que han predominado hasta hace poco tiempo.
No me río de estas fantasías. Me hacen pensar y trato de encontrar en ellas un rayo de luz que ayude a entender la relación entre la mente de las personas y los rasgos sociales predominantes en cada época. Además, creo que estas fantasías, si no se apoderan de toda la mente por demasiado tiempo, son una grata presencia y pueden ayudar a soportar situaciones reales penosas. ¿Acaso la leyenda de la Cenicienta no ha dado esperanza a más de una muchacha desgraciada? ¿Cuál es la razón de que perduren estos relatos a través de los siglos? Por cierto que esta fantasía está en el camino de la poesía y puede ser manifestación de otra manera de ver y apreciar la realidad que nos toca afrontar.
En este planteo, puedo decirme que, con la princesa y próxima reina consorte Máxima, las argentinas pueden soñar con que en su simbólica mochila hay una corona o alguna otra maravilla semejante, capaz de convertir en realidad los sueños más fantásticos y permitir que se diga con más convicción que la habitual, aquella frase de tanta resonancia: ¡qué bello es vivir! Y que, por eso, será cuestión de estar atenta a los turistas del exterior, entre quienes puede venir, disimulado, un príncipe heredero, de los poquísimos que hoy quedan. Máxima abona esta expectativa.
Desde luego, también hablarán (en privado o en público) los que habitualmente reniegan de estos recursos de la mente (o el corazón) para impedir que una situación infortunada, de las muchas que nos depara el existir, nos derrumbe. Nuestra mente es algo que merece constante atención, pues siempre tiene algo que decir o proponer. Y ha tenido la capacidad de sustentar la esperanza en el alma del hombre o la mujer esclavizados o nacidos esclavos, acerca de un pasado grato o un futuro luminoso. Sin la existencia de ese recurso, el existir sería árido por completo.
En lo dicho debe encontrarse el motivo por el cual Máxima me es grata, aunque es posible que mis razones (las expuestas hasta aquí) estén al margen de sus propios valores. Los relatos de las Mil y una Noches y todos los que han sobrevivido de las épocas oscuras dan cuenta que un pastorcillo o una niña huérfana y postergada pueden revelarse de pronto como la realización de los sueños de redención o de justicia.
Atentamente:
JOTAVE