Monte Hermoso está muy cerca

Monte Hermoso es una localidad bien conocida por los pampeanos. Es probablemente, el balneario de la costa atlántica más concurrido por los veraneantes de nuestra provincia que ven en el lugar, además de sus extensas playas, un sitio pequeño y tranquilo de costumbres pueblerinas. Esas características están íntimamente ligadas al concepto de “seguridad”, un bien en alza en los últimos tiempos que implica que los hijos pequeños y adolescentes pueden divertirse y pasarla bien cerca de sus padres y lejos de la “inseguridad” que por lo general se atribuye a las ciudades turísticas más grandes.
Por tal motivo sorprendió mucho en nuestro medio la tremenda violencia callejera que se desató al descubrirse el cuerpo sin vida de una joven que había desaparecido días antes. La turba de individuos enceguecidos por la furia acabó con la vida de una persona, salvajemente muerta a golpes, y con incendios en la municipalidad, la comisaría, la casa de un funcionario, el museo, el Registro Civil y el centro de convenciones.
Todos aguardan que en los próximos días avancen las investigaciones para que, en un juicio oral y público, se condenen a los culpables del horrendo homicidio de la joven. Pero lo que deberá avanzar también son las investigaciones sobre el demencial raid violento de quienes confundieron justicia con venganza y llevaron a cabo, o instigaron, el linchamiento criminal y el ataque a mansalva contra personas y viviendas. Ya hay una decena de detenidos por su posible intervención en los hechos.
Estas reacciones en cadena fogoneadas por quienes medran con el malestar de una comunidad estremecida no deben subestimarse. Apenas un año y medio atrás, con la sublevación de las policías provinciales, sospechosamente coordinadas en varios puntos del país -entre ellos La Pampa-, se vivieron en algunas ciudades episodios de violencia social extremadamente graves.
Los desbordes de este tipo, cualquiera sea el detonante que los inicie, no pueden dejarse de investigar. Y no solo con finalidad punitiva, sino también preventiva. Los pampeanos no estamos ajenos a ese fenómeno. En la ciudad de 25 de Mayo hubo dos casos -sin semejante nivel de violencia, afortunadamente- muy próximos entre sí. Primero contra médicos del hospital por las quemaduras que sufrió una recién nacida prematura. Y ahora contra presuntos involucrados en un caso de abuso sexual contra niños de un jardín de infantes.
Lo peor que se puede hacer ante estos casos es proselitismo electoral como lo hizo un precandidato presidencial, para quien, estas violentas manifestaciones de furia colectiva se deben a que “la gente está harta de la inseguridad” y de “la inoperancia de la policía”. Acto seguido, aprovechó la ocasión para anunciar que presentará un “nuevo código penal” al que definió como “duro y firme” entre otras expresiones del mismo tenor.
A simple vista se puede advertir que es una mala copia de lo que ya sufrimos los argentinos con el recordado caso Blumberg, en el año 2004, y los desafortunados cambios que se introdujeron a las apuradas en el Código Penal bajo la presión de multitudes conmocionadas y manipuladas por los conocidos predicadores de la televisión. Años después, esas reformas tuvieron que anularse a causa de sus consecuencias nefastas para la política criminal del país.
El uso oportunista de estos actos colectivos tan impactantes por parte de los que siempre defendieron las políticas de “mano dura” y hasta las de “gatillo fácil” es recurrente en la historia reciente de nuestro país. Hay que estar alertas ante ese autoritarismo mesiánico. Por esa razón urge investigar también a los violentos que se mueven en las sombras porque detrás de ellos están los que los usan para degradar nuestro sistema institucional y convertirnos en una sociedad sujeta por el miedo.