Moreno enviará al magnate libros de Perón y Evita

ALGUNOS DIRIGENTES PERONISTAS ENTUSIASMADOS CON TRUMP

Emilio Marín – La victoria del magnate Donald Trump sigue motivando debates sobre el rumbo de la potencia imperial. Un dirigente peronista, entusiasmado, declaró que le enviará los libros de Perón y Evita.
La victoria de Trump preocupa mucho a parte de la sociedad norteamericana, como se verifica en la cantidad de actos de protesta en el país del Norte con la consigna “Este no es mi presidente”.
En el resto del mundo también hay un alerta de tsunami, aunque sin precisiones de hora y lugar en que se producirá. Hay idea de que el mundo será un poco más peligroso e injusto no sólo para mexicanos, afroamericanos, mujeres y minorías sexuales.
Tratando de ganar un lugar al reparo, varios presidentes han manifestado su firme deseo de buenas relaciones con el ganador, como Juan Manuel Santos y Mauricio Macri, dos que tenían todos los boletos por Hillary Clinton.
Dentro de esa moda acomodaticia está Guillermo Moreno, ex secretario de Comunicaciones y ex secretario de Comercio de Néstor Kirchner, y luego en la misma función con Cristina Fernández de Kirchner hasta recalar en una secretaría de la embajada en Italia.
Según Pablo Ibáñez (Clarín, 11/11), “el ex secretario de Comercio dice que Donald Trump está haciendo seis años después lo que él hizo en Argentina en materia de ‘impulso del mercado interno’ y que le va a mandar al presidente electo los ‘libros de Perón y Evita'”.
Otra fuente en las antípodas de Clarinete apunta en la misma dirección. El 10 de noviembre el Informativo Federal de ARBIA tituló: “Moreno lee el triunfo de Trump en clave Peronista y Nacionalista”. El informativo agregaba; “el triunfo de Trump no sorprendió al Lic. Guillermo Moreno, uno de los economistas más importantes e influyentes del peronismo”. “De alguna manera, se vuelve a discutir el Vector Nacional en la construcción de la Política Económica. Y en ese debate nosotros tenemos mucho que opinar y aportar”, decía “el Napia”, apodado así desde su militancia de centro-derecha peronista en Guardia de Hierro.
Llaman la atención varias cosas. Primero, que se de por sentado que el magnate viene a impulsar al mercado interno, lo que aún está por verse. Hasta ahora sus negocios han sido bien trasnacionales. Segundo, que se confunda el “vector nacional” de un imperio con mismo factor en el Tercer Mundo, donde sería o es algo positivo. Lo “nacional” en un imperialismo tiene consecuencias muy negativas para el mundo y la propia población local.

¿Cristina también?
La presunta afinidad del billonario xenófobo con “las claves peronistas y nacionalistas” es algo que Moreno tendrá que demostrar. Que elija bien los libros de Evita que piensa mandarle, no sea cosa que Trump se ofenda con las cariñosas referencias a los “cabecitas negras”.
Sin llegar al extremo tan grotesco de Moreno, parte del discurso de la ex presidenta anteayer en el masivo acto en Florencio Varela fue en una dirección parecida. CFK dijo: “se nos acusaba de proteccionista y acaba de ganar alguien que hace del proteccionismo, de sus trabajadores, de sus empresas y de su mercado interno una bandera”.
Otra vez la errática comparación con el proteccionismo de un país imperial con el proteccionismo en otro latinoamericano; otra vez la tierna imagen del multimillonario como representante del mercado interno y los trabajadores.
Al menos Cristina no le enviará a Trump los libros del fundador de su movimiento y de Evita.
Esas posiciones parecen entre otras cosas sumamente dogmáticas, pifiando en lo que debería ser el núcleo del pensamiento de un político: analizar las condiciones concretas y específicas de un movimiento, en este caso el republicano, con Trump a la cabeza. ¿Qué bueno se puede esperar de quien resulta el heredero de las peores políticas de Ronald Reagan, George Hebert Bush y George W. Bush?
Ese intento por presentar la victoria republicana en clave peronista-proteccionista no respeta la historia. El 2 de marzo de 2010 Cristina recibió dos horas en la Casa Rosada a la secretaria de Estado Hillary Clinton en una reunión que definió como “muy agradable y respetuosa, y de gran calidez”. La anfitriona pidió a la visitante “la intermediación amigable de EE UU entre el Reino Unido y nosotros para lograr que podamos sentarnos a discutir sobre la cuestión de soberanía de Malvinas”.
Ahora, “con el diario del miércoles 9”, resulta que lo más cercano al peronismo sería Trump…

No ser liquidacionista
Que el cronista cuestione a Moreno no significa que niegue aspectos positivos que tuvo en su paso por la función pública en el período kirchnerista, dejando de lado sus varios años como funcionario de la nefasta intendencia de Carlos Grosso en Buenos Aires, adonde ingresó de la mano de Kelly Olmos.
Dejando eso de lado, hay varios temas donde se puede reivindicar a Moreno. Por ejemplo, en 2004 siendo Secretario de Comunicaciones le tocó en suerte retomar el Correo tras la desastrosa privatización por Socma con Mauricio Macri como vicepresidente.
Otro tanto con su postura a favor de la resolución 125 en el conflicto con la Mesa de Enlace Rural, cuando Moreno enfrentó a esos productores en la feria de Liniers y les reprochó sus paros, bloqueos y alzas de precios.
También son para recordar sus intervenciones en las asambleas de accionistas de Papel Prensa, donde reclamaba contra los elevados honorarios que percibían los directores José Antonio Aranda y Lucio Pagliaro. También, además de esa cuestión económica, Moreno aportó a las denuncias de la forma como Héctor Magnetto se había apropiado de la papelera usufructuando la represión ilegal de la dictadura contra la familia Graiver, fundador de PP. Ese expediente recayó hace muchos años en el juzgado de Julián Ercolini y lamentablemente no ha tenido movimientos.

Sus yerros.
Aún con esas importantes salvedades, la gestión política de Moreno ofrece muchos flancos. Por ejemplo, como secretario de Comercio convalidó, a pedido de Kirchner, la fusión de Cablevisión y Multicanal fogoneada por Clarín y objetada por la actual Procuradora Alejandra Gils Carbó. Moreno firmó la resolución 257 del 7 de diciembre de 2007, autorizando esa maniobra del monopolio. Así que no es un luchador consecuente contra Clarín.
De su tiempo anterior como Secretario de Comunicaciones, en diciembre de 2004 el periodista Horacio Verbitsky, ácido crítico de Moreno, reveló los vínculos del funcionario con Daniel Hadad y Raúl Moneta. El artículo se tituló “Amistades peligrosas” y consignaba: “Moreno, intercedió ante Telefónica por la deuda del Canal 9, de Daniel Hadad y el escribano Raúl Juan Pedro Moneta. No hace falta que dictamine la Oficina Anticorrupción para saber que esas actitudes son incompatibles con la ética pública”.
Eso fue una mancha en su fama de tipo honesto, en la que creían Kirchner y Julio de Vido, al defenderlo.
Ya en la secretaría de Comercio, si bien lidió con empresarios y comerciantes que remarcaban precios sin fundamentos, la práctica demostró que no sería solución el mal modo o un revólver en el escritorio en algunas reuniones. El control estatal de precios, que nunca llegó a ser tal, debía ser complementado con un control popular, y Moreno no creía en eso. Ni siquiera miró con mucha simpatía el posterior programa de “Precios cuidados” porque, como viejo peronista del “Ni yanquis ni marxistas”, desconfiaba del “marxista y ruso” Axel Kicillof.
Su desmanejo del Indec es conocido y Verbitsky lo llamó la “vandalización”. A manera de defensa Moreno puede alegar que cada punto menos de inflación anual eran 600 millones de dólares menos a pagar en los bonos que se ajustaban por inflación. Pero de todos modos eso tampoco resultó, amén del perjuicio a los trabajadores con la inflación real y al propio gobierno, por ese resentimiento con estadísticas que informaban de una inflación mitad de la real y una pobreza del 6 por ciento que tampoco era tal.
Por esas paradojas, cuando el Indec de Macri-Todesca informó de la pobreza del 32,2 por ciento, Moreno se indignó. No podía ser. ¿Qué, acaso Argentina tiene más pobres que Bolivia? “Nosotros dejamos la pobreza en 2013 en 5 y chirolas”, volvió a mentir.

Un incorregible.
En octubre pasado el dirigente estuvo con Rolando Graña en su programa 3P que va por América. Y allí dijo que era muy positivo que Macri hubiera unificado gobierno y poder, porque cuando el peronismo ganara en 2019 podría tener al fin las dos cosas, que nunca tuvo. Graña le objetó que el gran capital, si el peronismo triunfaba, tomaría distancia como otras veces. Su entrevistado le dijo que no, que el peronismo y esas grandes empresas se llevarían muy bien, que no había que demonizar a ese poder, como hacen “algunos muchachitos” (otro palo para Kicillof y Hernán Letcher, del centro CEPA).
Ahora Moreno quiere poner de candidato en el PJ de Buenos Aires al ex general César Milani, procesado por causas de derechos humanos y enriquecimiento ilícito. También unir a Duhalde, Massa, De la Sota y Rodríguez Saá, de cara a las próximas elecciones.
En fin. Un gorila pero cáustico Jorge Luis Borges, gran escritor, decía que los peronistas no son buenos ni malos, sino incorregibles. El cronista discrepa. Cree que hay muchos dirigentes y bases que entran en la primera categoría y otros en la segunda, como Moreno, que además es incorregible.

Compartir