Motivos del comité del Nobel de la paz

Señor Director:
Es rara la vez que un premio Nobel de la Paz, así como el que distingue a la literatura, deja de ser discutido.
No pasa lo mismo con los premios científicos, porque tienen como fundamento principal un hecho objetivamente verificable. Además, la comunidad científica no formula reclamos, por lo menos en lo inmediato. A más largo plazo se ha podido leer denuncias o estudios que demuestran que los nombres consagrados no agotan la lista de los investigadores que intervinieron en el proceso que condujo a tal resultado o bien porque se ha omitido el nombre de alguno o varios que hicieron aportes de igual o mayor significación que los premiados. Si se premia a personas (una o muy pocas) seguirán estas diferencias porque las ciencias son el resultado de un hecho colectivo y condicionado por los antecedentes.
El premio de la Paz, en cambio, depende más de los valores del comité que lo asigna y también de las valorizaciones vigentes en el momento de la premiación. al menos en la mitad occidental del mundo. Fue el caso del premio asignado al presidente Barak Obama, de los Estados Unidos, cuya gestión no ha sido precisamente pacífica. Tiendo a pensar que el comité no premió por lo realizado sino por el significado de la elección, por primera vez, de un hombre de color para el cargo político más alto de ese país, en contraste con su tradición de esclavitud y, luego de ésta, de una difícil, accidentada y muy dolorosa convivencia. Años antes Winston Churchill fue premiado con el Nobel de Letras, cuando la gestión que lo destacó fue conducir a su país en la II Guerra Mundial. En este caso se hizo más difícil entender la justicia de lo resuelto, aunque Churchill fue una personalidad singular y ejerció su liderazgo con eficacia. Para el premio de Letras tenía a su favor el don de la palabra y una capacidad intelectual destacada, pero quedó la impresión de que recibió ese premio porque era muy difícil justificar para él el Nobel de la Paz, dados los antecedentes vinculados con los medios bélicos de que se valió la política imperial.
En el caso del Nobel de la Paz que acaba de ser asignado al presidente Santos, de Venezuela, han predominado los valores que quienes toman la decisión cultivan con relación a la guerra. Santos había tomado como su responsabilidad, un intento ya existente por hallarle salida a un estado de guerra interna que se había prolongado a lo largo de más de medio siglo. Noruega había actuado desde el comienzo en favor de la paz colombiana. El resultado del plebiscito que rechazó el acuerdo para esta paz, se produjo con tiempo para que se buscara otra personalidad, pues hay muchas que suman méritos por sus aportes a un mundo pacífico y justo, pero el comité decidió atenerse a su preferencia en el caso colombiano y centralizó el mérito en la persona del presidente Santos, de una manera que impresiona como que el premio se libera de estos condicionamientos circunstanciales y quiere destacar que la paz pasa por un compromiso crítico en esta nación americana y que el mundo quiere que Colombia (un ente nacional que tiene mucho de abstracto y de simbólico) persevere en este camino.
Desde mi punto de vista, el Nobel de la Paz es probablemente el premio más difícil y a la vez el más emblemático de la herencia dejada por la persona que hizo posible que la humanidad tenga estas referencias acerca de lo que logra año a año la conjunción de esfuerzos individuales y colectivos en pos de objetivos siempre distantes, pero que son motivadores y se quiere que lo sean cada vez con mayor potencia. La paz es también como el horizonte: inalcanzable, pero siempre ahí, visible y convocador.
Los colombianos saben que ahora están en el foco de la atención de la parte de humanidad que estos días cree que vale la pena insistir con grandes ideales, que son grandes esperanzas, pero que, además, nos dibujan un rumbo en medio de las grandes incertidumbres que nos acosan.

Atentamente:
Jotavé

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