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Mucha rosca y pocas ideas en el cierre de listas

LA SEMANA POLITICA

Hasta la medianoche del sábado aún había espacios para novedades en la presentación de los candidatos. Hace semanas que la rosca política disputaba los lugares de esas listas. En cambio hubo casi cero debate político.
SERGIO ORTIZ
Como en cada cierre de listas para las elecciones, en éste no fue la excepción la tremenda rosca política de todos los espacios. El bien común, ausente, en este tira y afloje, ablandes, concesiones, simulaciones, sorpresas y demás zancadillas para colmo agravadas por el hecho de que todas esas maniobras, si bien pensadas para vencer al adversario político, se practicaban en el frente interno.
Las lealtades, traiciones y medias tintas dieron un espectáculo lamentable, para que la democracia burguesa argentina califique tan bajo como la selección de fútbol en la Copa América que se disputa en Brasil. Ojalá que la de Scaloni no quede afuera en primera ronda; la selección política de varios colores ya está en esa situación, llena de goles en contra y con un público que se divide entre el silencio y el abandono; sólo gritan y alientan los propios candidatos, sus familias y sus aparatos, con buena prensa remunerada.
Quizás ahora se abra una nueva etapa donde los partidos deban dar algunas pistas o principios de programas sobre lo que basarán sus pedidos de voto para las PASO y octubre. En esta etapa previa sólo el Frente de Todos presentó tardíamente un programa de 17 capítulos caracterizado por algunas ideas tan genéricas como faltas de profundización para acometer la crisis que está dejando el macrismo. El resto, bien gracias.
Está todo tan bajo el signo de interrogación que incluso la realización de las PASO está en duda. El gobierno de Mauricio Macri sabe que en principio esas primarias significarían otro dato contrario pues todas las encuestas afirman que la opositora coalición kirchnerista-peronista-massista sería la más votada. Y entonces salió por medio de Adrián Pérez, exlilito, a sugerir que las PASO podrían eliminarse por única vez en caso de un acuerdo parlamentario con mayorías especiales.
Un poco difícil que las dos cámaras, que están dibujadas desde mayo pasado y que se dice sólo aprobaron 4 leyes en lo que va del año, se pusieran de acuerdo en votar algo con esas mayorías, cuando las PASO podrían favorecer a la oposición por lo antes dicho.
Que esa primaria es cara, es verdad. Su costo se estima en 4.000 millones de pesos. Y lo peor es que en todos los partidos se consagrará una lista única, sin competencia interna para dirimirla democráticamente. De todos modos, queda claro que la hipótesis de no hacer las PASO es improbable y que la intención gubernamental de gambetearla no tiene su razón de ser en el elevado costo dinerario sino en una ventaja política, una trampita más en un juego de fulleros.
Convengamos que el macrismo llega muy golpeado a la competencia. Si hacía algún dato nuevo, el prolongado apagón del domingo pasado dejó en penumbras al país y en llamas al oficialismo. Por dos razones básicas: los empresarios energéticos, por caso de Transener-Pampa Energía, son amigos suyos. Y también porque la dolarización de las tarifas quiso justificarse en que así no seríamos Venezuela ni habría apagones.

El libreto presidencial.

El secretario de Energía, Gustavo Lopetegui, se adjudicó un plazo de 15 días para averiguar qué había pasado para que se produjera semejante apagón que afectó no sólo a Argentina sino a parte de países vecinos.
Al margen de las excusas que inventen, a nivel popular ese aplazo y bronca será difícil de sacarlo o de transferirlo al gobierno anterior, que es lo usual para justificar los errores y horrores propios.
El libreto de Macri para tratar de ganar un segundo mandato es clarísimo y consta de dos grandes componentes, más algunas novedades tácticas de armado electoral. Entre estas últimas, su sumatoria de Miguel Pichetto por el lado del peronismo conservador buscando colectar algunos votos por ese lado, pasando por la barbería y recortando un poco el pelaje gorila. No fue lo único porque también se morigeraron algunos hegemonismos del PRO, a favor de Elisa Carrió, el sector de Lousteau, etcétera. Que la descarriada fiscal de la República, denunciada por formar parte de la asociación ilícita de espionaje ilegal, pudiera terminar las elecciones con un bloque propio de casi 15 diputados nacionales es un milagro y un despropósito político muy argento.
Volviendo a dos grandes componentes de la jugada reeleccionista.
Uno es que el Banco Central siga poniendo dólares a la venta para mantener lo más planchado la cotización del billete estadounidense, lo que se volvió a lograr en la semana. Claro que son bajas leves, a 44 pesos, pero de ilusiones se vive especialmente en tiempos de elecciones.
El otro es machacar contra el opositor Frente de Todos, en especial el kirchnerismo, como sinónimo de corrupción y mafias. No siempre los dardos van al corazón de la expresidenta, si bien ese es el blanco favorito, pues también cobran sus aliados como le pasó esta semana a Hugo y Pablo Moyano.
En una desubicada alocución en el día de la Bandera en una escuela de Rosario, el presidente los puso como ejemplo de mafias y como responsables de altos costos de la logística en el país. Eso es parte de agitar fantasmas, sin pruebas, y procurar el linchamiento político de sus opositores. Ojalá los Moyano con su abogado Daniel Llermanos lo demanden a Macri por sus ataques en Rosario. Que no le sea gratis al jefe de Estado calumniar a la gente. Por lo pronto estuvo bien Hugo Moyano cuando dijo que si en Rosario hubiera estado la bandera del FMI, que manda en el país, ahí sí el presidente le hubiera rendido homenaje.
¿Le rendirá beneficio a MM esa clase de acusaciones, siempre en yunta con fiscales como Stornelli y jueces como Bonadío, al toque de Clarinete? Si fuera por el último estudio de Isonomía, podría creerse que sí. La consultora aseguró que hoy Macri habría descontado siete de los puntos que en abril le llevaba Cristina en un balotaje y que hoy estaría abajo sólo por dos.
De todos modos, la realidad es muy dura y las recetas duranbarbistas y las sonrisas de María E. Vidal y otros candidatos la tienen difícil cambiarla. Por ejemplo, que para no ser pobre una familia tipo debe ganar 30.337 pesos mensuales, según el Indec, 61,1 por ciento más en doce meses. O que el desempleo subió al 10,1 por ciento, aunque Claudio Lozano lo elevó al 17,6 contando a otros sectores que buscan mejorar sus ingresos sin lograrlo. O que el PBI cayó 5,8 por ciento en el primer trimestre del año.
Estos rasgos más dolientes del ajuste, sumado al hecho no totalmente fortuito del apagón, son la cuesta arriba que el «mejor equipo de los últimos 50 años» no logra remontar.

Oposición bien moderada.

La presentación de listas de anoche confirmó que la elección de agosto como primarias y las nacionales del 27 de octubre estarán altamente polarizadas. La suerte de formaciones «alternativas» como la de Lavagna-Urtubey está sellada con el nombre de fracaso, de antemano.
Por eso es divertido y una pérdida de tiempo que haya medios ocupados en quién sería el vicegobernador de «Bali» en Consenso 2030 o en que el excarapintada Juan Gómez Centurión eligió de compañera de fórmula a una abogada antiderechos, o en que José Luis Espert perdió a su vice que se piró al mejor precio de Juntos por el Cambio.
El duelo decisivo será entre el macrismo y el kirchnerismo-peronismo-massismo. Lo nuevo es que el oficialismo se mantuvo en lo esencial de su libreto neoliberal, fondomonetarista, con retoques menores en su armado electoral. Y, en cambio, las mayores novedades vinieron del campamento kirchnerista, que cambió muchos de los postulados más progresistas y de los candidatos y candidatas que lo expresaban, a favor de planteos y dirigentes ubicados al centro y en algunos casos a la derecha de aquellos postulados.
Alberto Fernández, un feroz crítico de esos contenidos populares y avanzados como la pulseada con la Mesa de Enlace sojera, la ley de medios, la reforma judicial y el Memorando con Irán, fue premiado con la candidatura presidencial. Y Sergio Massa, que superaba al anterior en su diatriba contra esas políticas y especialmente las figuras de Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner, fue ubicado a su pedido como número 1 de la lista de diputados por Buenos Aires y probablemente, si se gana, titular de la Cámara de Diputados. Además Massa puso 4 diputados suyos entre los primeros 15 de la lista bonaerense, un precio muy dolarizado si se tiene en cuenta su pasado inmediato y su desflecamiento del Frente Renovador junto con la caída de Alternativa Federal.
¿Cómo se explica esta reconfiguración del kirchnerismo, girando hacia el centro y la derecha? En buena medida, la «moderación» del borrador de programa del Frente de Todos da otra pista y explica ese fenómeno.
Por ejemplo, se plantea llegar a un acuerdo amplio con los acreedores, no figura ningún nuevo intento de generar una ley de medios como la que enfrentó a Clarín y se omite la cuestión del aborto legal, seguro y gratuito. Obvio, tampoco figura la estatización de la banca, ni siquiera la nacionalización de los depósitos, como en tiempos de José Ber Gelbard. Tampoco entra ni como conjetura nacionalizar el sector energético, pese a que el apagón de Macri-Midlin lo dejó picando de cara a la opinión pública.
Acorde a esas realidades, el programa de gobierno no será progresista sino apenas «light», ante una crisis del capitalismo dependiente muy pesada y grave.
Antes, durante el gobierno de Cristina, el kirchnerismo era dos tercios del gobierno, con un tercio restante para aliados como Pichetto o Cobos o Scioli. Ahora el gobierno que se perfila si gana el FdT, el kirchnerismo será un tercio, con dos tercios del peronismo de centro y derecha, con Alberto Fernández, Massa y el PJ de Gioja.
La política no es igual a las matemáticas. No siempre dos más dos son cuatro, pero casi siempre un tercio es menos que dos tercios.