Muchas preguntas que quedan sin respuesta

SANTIAGO MALDONADO ES CAUSA CERRADA PARA EL JUEZ

Lleral no investigó jamás a los gendarmes en el río con la excusa de que era tarea de su colega Otranto. Para él Santiago se ahogó solo, “sin que nadie lo notara”.
JUAN ALONSO
El juez federal Gustavo Lleral cerró la causa por la desaparición y muerte de Santiago Maldonado y sobreseyó al gendarme Emmanuel Echazú, el único imputado que tenía el expediente. Se trata de un dictamen de primera instancia a un año y casi cuatro meses del hecho. La familia Maldonado apelará y denunció que el juez admitió en diálogo telefónico con la madre de Santiago, estar “apretado” y “extorsionado” para fallar de semejante forma. En las próximas horas, la abogada de Sergio Maldonado, Verónica Heredia, presentará su apelación ante la Cámara Federal de Comodoro Rivadavia y se reservará el derecho de exigir una investigación independiente con el aporte de expertos internacionales ante la Cámara de Casación, la Corte Suprema y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH).

Nadie fue.
En el fallo de 272 páginas Lleral enumeró los testimonios de diseño de los gendarmes afectados a la represión, que derivó en la muerte de Santiago tras el operativo del 1 de agosto de 2017 en Chubut. Y usó el supuesto argumento de que “los hechos presentados no constituyen delito. Nadie forzó la desaparición de Santiago Andrés Maldonado. Nadie resultó señalado por la prueba que se colectó como autor de aquella hipótesis delictiva. Nadie fue penalmente responsable de su muerte”. Para el juez, simplemente, “allí, él solo, sin que nadie lo notara, se hundió”.
Con estas palabras, el juez pretende archivar una causa paradigmática de la historia democrática en un hecho grave de violencia institucional. En un acto procesal contextualizado por una fortísima influencia del Ministerio de Seguridad, los funcionarios Daniel Barberis y Gonzalo Cané se instalaron en Río Negro y Chubut y dirigieron en persona “las deposiciones administrativas”, que luego serían volcadas en el expediente. El primer juez de la causa, Guido Otranto, apartado por “parcialidad”, tomaba las testimoniales de los gendarmes con Cané sentado a su derecha.

Muchas preguntas.
“La verdad le ganó al relato”, sostuvo la ministra Patricia Bullrich. Del discurso de la ministra y de fallo de Lleral surgen muchos interrogantes:
¿Quién mintió?
¿Dónde estaba el grupo de alrededor de 15 gendarmes, cuando Santiago comenzó a sufrir hipotermia y agonizaba en la zona de los sauces?
¿Por qué el juez Lleral no reconstruyó el hecho con los testigos en la escena?
¿Por qué jamás aclaró la posición exacta del teléfono de la víctima antes, durante y después del hecho?
¿Por qué los medios oficiales y oficialistas dijeron que Santiago estaba en Chile, Córdoba, Entre Ríos, San Luis, y que era un presunto “terrorista” de la llamada Resistencia Ancestral Mapuche?
¿Fue la propia ministra la que mintió al afirmar en el invierno de 2017, que ese presunto grupo mapuche era solventado desde el Reino Unido?
¿Cómo hizo Lleral para escribir 270 carillas, luego de recibir el día 28 (apenas unas horas antes) las pericias del INTI sobre los DNI y la comparación sobre el documento de Santiago hallado intacto en el bolsillo de su pantalón?
¿Por qué Infobae y Clarín accedieron a las conclusiones antes que las querellas?
¿Acaso esas conclusiones prueban el estado real del DNI de Maldonado y la idea de que estuvo los 78 días en un pozo del río sin ser visto en siere rastrillajes?
¿Por qué no lo encontraron en los allanamientos anteriores sin la presencia de las partes y con absoluta violencia sobre los testigos y la vecina comunidad de Vuelta del Río?
¿Es verosímil, tal como afirma Lleral, que la escena del hallazgo del cuerpo haya sido revisada por las fuerzas federales tan solo una vez antes del 17 de octubre de 2017?
¿Si el cuerpo flotó poco antes de ser hallado, por qué no fue visto por la abogada Heredia en su visita al territorio y los mapuches que vivían allí?
Quizá la respuesta más contundente la completó la familia Maldonado cuando denunció que el juez Lleral confesó: “Todo mi equipo de trabajo y yo estamos siendo apretados”.

Gran cobardía.
“Lo escrito por Lleral demuestra una gran cobardía. Cobardía porque no se animó a investigar el procedimiento de la GNA, porque no volvió a tomarle testimonial a los uniformados -publicó el periodista Sebastián Premici, autor de “Santiago Maldonado, un crimen de Estado”-. Cobardía porque no le preguntó a Zoilán qué quiso decir cuando sostuvo que él le había disparado a un bulto negro o azul cuando estaba sobre el río. Zoilán estaba con Yucra y Echazú. Yucra, en su testimonial, casi que hace un gesto con sus manos llevadas a la cabeza como indicando que había visto a alguien de pelo largo sobre el río. ¿Y si Yucra lo vio a Maldonado? ¿Y si Zoilán, que estaba al lado de Yucra le disparó a Maldonado? ¿Y si Echazú, que según su propio testimonio se encontró con Zoilán sobre el río, también disparó? Nada de eso aparece en el escrito de Lleral”, escribió Premici.
Lleral adujo que dos gendarmes fueron heridos con piedras antes de entrar a la Pu Lof, uno de ellos era Echazú. Pero no avanzó en el recorrido que realizó ese grupo armado. Tampoco se refirió a la ilegalidad del dispositivo represivo con la excusa de la figura penal de la flagrancia, sin orden judicial. Insisto: si la Gendarmería no hubiese ingresado con palos, pistolas y escopetas, Santiago Maldonado estaría vivo y no hubiese corrido para intentar cruzar el río, con temperaturas heladas y tres capas de ropa. Santiago no sabía nadar y era la primera vez que ingresaba al territorio mapuche en litigio con Benetton.

Discurso de la muerte.
Lleral ansía que creamos que mientras Santiago agonizaba entre los sauces, los gendarmes andaban a los gritos y tiros de escopetas, unos metros por encima de la muerte. Nada dijo Lleral sobre las 22 postas que habría disparado Darío Rafael Zoilán y del nerviosismo de Echazú agitando el gatillo. El juez no investigó jamás a los gendarmes en el río con la excusa de que es una tarea de su colega Otranto.
Lo que queda es el sedimento de lo inhumano. La costra de la mentira como la moral de los inmorales. El discurso de la muerte porque sí. La normalización de la tortura y la crueldad en un país devastado en tres años. Mejor hablar del G20, del partido Boca-River, y esconder que fueron asesinados dos militantes sociales en una semana y que el crimen del joven mapuche Rafael Nahuel sigue impune con sus asesinos de Prefectura libres. (Extractado de Nuestras Voces).