Mucho ruido y pocas nueces

Finalmente el oficialismo salió del paso y a falta de juicio político los pampeanos se tuvieron que conformar con una interpelación al ministro de Seguridad por la muerte de un cazador provocada por balas policiales. Con su conocida verborragia no exenta de insolencia, el funcionario hasta se permitió sobrar y amonestar a los diputados de la oposición con la tranquilidad de que en el recinto solo iban a reinar las palabras y no las pruebas. Ni siquiera se le permitió a un legislador hacer escuchar una grabación de una entrevista radial al hoy ministro que ponía en evidencia su pensamiento rector en materia de seguridad pública.
El bloqueo al juicio político por parte de los diputados justicialistas tuvo lugar, precisamente, para evitar la posibilidad de lidiar con evidencias y testimonios incriminatorios que hubieran incomodado mucho más que el solo intercambio de expresiones. No son pocas las personas que en los últimos meses han cuestionado el accionar de la policía provincial. Como testigos presenciales o víctimas de atropellos en la vía pública o en sede policial han denunciado reiterados casos de brutalidad, maltrato y abuso de autoridad. También han abundado los operativos policiales desmedidos que ocasionaron más problemas que los que debían solucionar y hasta en una de las persecuciones se provocó una muerte.
Pero el punto más alto de la violencia llegó con el homicidio del cazador en Lonquimay. Aquella noche se reprodujo exactamente la escena que describió con palabras el hoy ministro ante un periodista: el primer disparo al aire y el segundo a la cabina, en referencia a los vehículos que suelen usar los cazadores furtivos.
En el fragor de los intercambios verbales el ministro siempre se complace en mostrar armas de grueso calibre. A tal punto ése es su modus operandi que utilizó la ocasión para pedir disculpas por sus ofensas lanzadas tiempo atrás contra uno de los diputados oficialistas presentes. El momento y el lugar elegidos para el acto de contrición no parecen casuales. Al contrario, todo indica que se trató de un gesto de gratitud hacia quien comanda el bloque del PJ y logró trocar el juicio político en interpelación como una concesión al reclamo de los bloques opositores y al malestar social que despertó el asesinato.
Durante todo el desarrollo de la sesión el ministro usó siempre la misma táctica: derivar las preguntas al ámbito judicial. Es obvio que la Justicia es la que debe investigar toda muerte de una persona. Sin embargo el ministro pretendió desconocer que ese homicidio no tuvo lugar en un altercado entre particulares sino por la intervención de agentes de una fuerza del Estado. Ese solo hecho implica consecuencias políticas y él, como máxima autoridad en materia de seguridad pública, es el principal responsable. Por eso estaba sentado frente a los diputados y por eso hubiera sido mucho más apropiado, a fin de establecer responsabilidades, un juicio político antes que una interpelación.
También el ministro ratificó que continuará el cepo informativo a la prensa. De ahí la amarga reflexión de un diputado opositor cuando terminó la sesión: va a seguir haciendo lo mismo.