Mural que interpela

La figura de Milagro Sala sigue interpelando a la sociedad pampeana. Primero fue la reacción de un grupo de vecinos de esta ciudad que cuestionó muy duramente al consejo de administración de la Cooperativa Popular de Electricidad por permitir pintar un mural alusivo -en la pared de un inmueble que pertenece a la institución- a la figura de la dirigente detenida sin condena por el gobierno de Jujuy. La presión contra la conducción cooperativa logró que el mural fuera borrado, lo que constituyó un hecho sin precedentes para nuestra ciudad.
Los muralistas decidieron entonces pintar otro, también referido a la dirigente jujeña, pero esta vez en la discreta esquina de Circunvalación y Perú. A menos de dos semanas de su inauguración ya sufrió un ataque con pintura que lo afectó sensiblemente.
Es evidente que la líder de la agrupación Tupac Amaru no es bienvenida para una parte de la sociedad santarroseña que se muestra muy activa a la hora de rechazar su figura. No faltarán los que pretendan adjudicar este último ataque a una de las habituales acciones destructivas anónimas que tan comunes son en el espacio público de Santa Rosa. Sin embargo hay muchos murales en las paredes de la ciudad, incluso ubicados en lugares más expuestos, que no han sido afectados por los amigos del daño gratuito. Al contrario, muchos de ellos llevan varios años y permanecen impecables para gratificación de los vecinos.
Lo que este ataque nos muestra es un costado sombrío de nuestra sociedad, una manifestación de intolerancia que se enseñorea en algunos estratos que no pueden vencer los prejuicios de clase. Hay que decir también que esas oscuras tendencias que anidan en no pocos individuos son bien alimentadas por los medios de comunicación hegemónicos en su desaforado empeño por demonizar a la dirigente jujeña y a la clase social que ella representa.

Costo de la “ceocracia”
Seis meses se tomó la Oficina Anticorrupción para “recomendar” al ministro de Energía, Juan José Aranguren, que venda sus acciones en la empresa Shell. La denuncia había sido presentada en marzo con lo cual el organismo no demostró demasiada ejecutividad para resolver.
Así y todo, que la decisión final haya sido esa -a todas luces insuficiente- recomendación en lugar de plantear la incompatibilidad para ocupar el cargo es demostrativo de los nuevos vientos que soplan desde que Cambiemos llegó a la Casa Rosada. Las reacciones del gobierno estuvieron a tono con esta puesta en escena. El presidente y varios de sus más altos colaboradores hablaron de la “confianza” hacia el ministro, de que su tenencia accionaria en la empresa británica no es significativa, de que se va a “abstener” de intervenir en decisiones que involucren a la compañía, etcétera. Son respuestas típicas de un “equipo” integrado por gerentes de grandes compañías que no respetaron la Ley de Etica Pública que estipula un plazo de tres años entre el abandono de la actividad privada en cuestión y el ingreso como funcionario del Estado.
En tanto el gobierno adeuda todavía otras explicaciones: por qué concedió un aumento tan desmesurado a las empresas gasíferas sin un sólido argumento que lo justifique. El ministerio que adoptó semejante medida está a cargo, precisamente, de Aranguren, y es quien deberá enfrentar en apenas horas las audiencias públicas por el tarifazo al gas natural. El ministro podrá vender sus acciones, pero su estrechísimo vínculo a la gran corporación petrolera, una de las más poderosas del planeta, no se disolverá con ese gesto.
El problema más grave que tiene el gobierno es que si admite este caso de incompatibilidad no podrá eludir los muchos otros que tiene en el gabinete. Es el precio a pagar por haber optado por una “ceocracia”, es decir, un gobierno de CEOs.

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