Nación se borra (I)

La deserción de responsabilidades del Estado nacional para con La Pampa ha sido una constante en estos tres años de gobierno de Cambiemos. El sector más visible ha sido el de la obra pública pero está lejos de ser el único. El achique presupuestario afectó primero, y drásticamente, a la construcción de viviendas, los arreglos de rutas nacionales destrozadas -los módicos alteos entre ellos- y la reducción de la ayuda social para paliar los crudos efectos de la crisis económica en los sectores más vulnerables entre otros rubros. Ahora, aparece una nueva víctima de este estrangulamiento: los programas socio-educativos financiados por el Ministerio de Educación de la Nación que llevaban varios años de vigencia.
La interrupción de esas actividades primordiales para el desarrollo educativo -orquestas infanto-juveniles, coros, plan de mejoras, conectar igualdad, etc.- dejó sin empleo a medio millar de trabajadores pampeanos. La cifra es, por sí sola, más que elocuente del daño que provocó la medida no solo a nivel educativo sino también laboral. Y fue adoptada de un plumazo y en forma inconsulta por el macrismo con la misma insensibilidad que mostró cuando, al inicio de su mandato, dejó en la calle a miles de trabajadores de una gran cantidad de organismos públicos.
Como si La Pampa no tuviera ya severos problemas de desocupación -fue el distrito en donde más creció según la última medición oficial- esta medida adoptada en los remotos despachos porteños vino a ensombrecer todavía más el panorama laboral provincial. Quizás fue esa preocupación lo que motivó al gobierno pampeano disponer su incorporación en el sistema educativo local, una medida sin precedentes en el conjunto de las jurisdicciones del país.
Lo que desconcierta es que varios de los trabajadores afectados manifiestan su indignación frente al Ministerio de Educación pampeano en lugar de hacerlo en la sede partidaria del macrismo. Mientras las autoridades educativas provinciales y el sindicato que nuclea a los docentes avanzaron en concretar una solución para mantener las actividades y los puestos de trabajo -ante una nueva defección del Estado nacional-, el blanco de esta protesta no podía ser más errado.

Nación se borra (II)
Las sucesivas postergaciones que ha venido sufriendo la inauguración de una obra estratégica para el sistema eléctrico provincial es otra muestra de la desidia con que desde Buenos Aires se trata a los pampeanos. La ampliación de la capacidad de la estación transformadora de Macachín, a cargo de la Secretaría de Energía de la Nación, iba a estar concluida en marzo de este año. Como no finalizaron los trabajos la inauguración se postergó para estos días de fin de año. Una nueva decepción llegó en las últimas horas con la novedad de que todavía se está lejos de ponerla en funcionamiento.
Aún no llegó una respuesta a la consulta pampeana sobre el tiempo que demandará la puesta en marcha; los técnicos locales estiman que todavía faltan varios meses para ese ansiado momento. El problema se agudiza durante la temporada de verano porque el consumo de energía -si bien ha bajado en virtud del aumento tarifario y la caída del poder adquisitivo de los salarios- suele presentar picos muy elevados cuando arrecia el calor lo cual aumenta la probabilidad de los cortes del servicio.
La excusa del macrismo para aplicar los aumentos tarifarios más altos de la historia de nuestro país en todos los servicios pero particularmente en la energía eléctrica, fue la realización de obras para garantizar la seguridad en la prestación del servicio. Hoy vemos que la gran velocidad con que se elevaron las tarifas a niveles astronómicos no se condice con la demora en la finalización de las obras prometidas. Los usuarios pagan un precio mucho más alto pero sin que aumente la calidad del servicio. Sí se puede.