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Necesidad e indolencia

La gigantesca cola que se armó frente al Instituto de Seguridad Social de la provincia revela la fuerte crisis económica que se está descargando sobre amplios sectores de la sociedad. El domingo comenzaron los interesados a instalarse en el lugar, allí pasaron la noche y ayer lunes la fila se alargó hasta alcanzar casi tres cuadras. El propósito es obtener un préstamo en condiciones que -al menos para los empleados del Estado- nunca ofrece el sistema bancario, para “atender necesidades” o para “pagar deudas” como le dijeron a este diario algunos de los consultados.
El mismo día en que comenzó a formarse la cola LA ARENA publicaba en su tapa una noticia impactante: en el primer trimestre del año se vienen registrando, en promedio, 24 despidos de trabajadores por día en la provincia. Horas antes había llegado otro dato elocuente: la pobreza en La Pampa llegó al 32,1 por ciento, registrando un crecimiento del 4 por ciento solo en el último año.
El daño social que está provocando el rumbo económico del macrismo no para de generar nuevas víctimas. Las consecuencias se agravan día a día sin que se ensayen siquiera medidas paliativas por fuera de la mínima atención que reciben los sectores sociales más sumergidos. Pero las capas medias ven caer su capacidad adquisitiva al compás de una inflación que sigue desbocada convirtiendo en polvo las promesas de contenerla.
Para peor a este padecimiento hay que añadirle la desconsideración hacia los interesados en los créditos del ISS. Resulta inconcebible que los funcionarios políticos y administrativos responsables de ponerlos en práctica no hayan previsto un sistema informatizado de consulta y gestión para evitar semejante cola. A esta altura del desarrollo tecnológico no puede justificarse este maltrato adicional de hacer pasar una noche a la intemperie a los que necesitan un respaldo financiero, que no son pocos como se pudo ver en el centro de la ciudad.

Rebelión femenina
Los nuevos aires que parecen soplar sobre la Iglesia Católica están llegando muy arriba; un ejemplo es la reciente renuncia del equipo de la revista Mujer, iglesia y mundo, un suplemento mensual de L’Osservatore romano, el periódico oficial de la sede del catolicismo. Esa deserción masiva se fundamenta en la carencia de apoyo editorial para con los reclamos feministas que remarcaban los abusos sexuales y la preeminencia masculina dentro de la burocracia eclesiástica.
Los escándalos que han sacudido a la Iglesia en los últimos años fueron reflejados tempranamente por la revista, lo que evidenció cierta independencia de criterio dentro del Vaticano; en su renuncia la directora se apoya en que, si no se mantenía una plena identificación con el saneamiento basado en la difusión y penalización de los responsables “la confianza que tantas mujeres habían depositado en nosotras se habría visto gravemente herida; ya no podíamos guardar silencio”, sostuvo.
Entre los justificativos de tan firme decisión figura el que, una vez más, el direccionamiento último de las políticas editoriales se apoya en el pensamiento y ejecución masculinos. La renuncia colectiva -que está dirigida al propio Francisco- subraya la falta de un ambiente adecuado para desarrollar el espíritu pretendido por ellas, así como la supervivencia de una concepción medievalista que continúa relegando a las mujeres.
La revista mantenía una posición que no agradaba a las jerarquías más conservadoras; había buscado el diálogo con mujeres militantes de otros credos, musulmanas entre ellas. Los objetivos últimos entre unas y otras no diferían en mucho.
Este duro planteo de género se inscribe, paradójicamente, en la actitud renovadora del Papa quien se ha ganado poderosos enemigos entre los sectores más conservadores de la Iglesia, y le añade un nuevo frente de conflicto no menor al pontífice.