Negocio o servicio, esa es la cuestión

En La Pampa de nuestros días se ha reactualizado la polémica por las privatizaciones de las empresas públicas llevadas a cabo por el menemismo hace más de dos décadas. Las nefastas consecuencias de aquellas políticas de entrega del patrimonio nacional a ávidos empresarios extranjeros no han cesado a pesar del tiempo transcurrido. Por el contrario, se han agravado.
La conducta especulativa de esas empresas está amparada por los contratos de concesión leoninos que se firmaron en aquella “segunda década infame” como certeramente fue bautizada. En síntesis, el Estado debe hacerse cargo de las inversiones para que las compañías extranjeras llenen sus cajas fuertes.
El mérito de la actual administración pampeana es exponer en toda su crudeza esta perversa relación que viene alimentándose desde hace tanto tiempo y que no fuera cuestionada por sus antecesores a pesar de los malos resultados para los habitantes de esta provincia. Lo que hoy sucede, este problema que le estalló al gobierno anterior y al actual por las agudas deficiencias en la provisión de gas natural y los crecientes reclamos que se multiplican en toda la geografía pampeana, no es otra cosa que una consecuencia de la liquidación de una empresa nacional eficiente como Gas del Estado y su entrega a precio vil a operadores privados extranjeros que convirtieron un servicio en un negocio. La cesión de toda la infraestructura -pagada por el Estado argentino y los usuarios- en propiedad a esas compañías es una muestra cabal de la iniquidad de esa gigantesca transferencia de bienes sociales acumulados en décadas de desarrollo nacional a un grupo empresario foráneo cuyo objetivo excluyente es la obtención del máximo lucro con la menor inversión.
La reacción del gobierno provincial de impulsar un cambio en las reglas del juego y volver a prestar el servicio a través del Estado -y esta vez junto a las cooperativas- obedece a la necesidad imperiosa de terminar con una relación muy desigual a la hora de repartir beneficios y esfuerzos. Cuando se pergeñaron las privatizaciones a comienzo de los noventa, hubo una reacción en esta capital de miles de vecinos que pidieron la cooperativización del servicio de gas. El gobierno justicialista de entonces desoyó ese reclamo y, con su omisión, propició la entrega a una multinacional. Ahora otra administración justicialista se propone enmendar aquel error y afrontar el proceso inverso. Hoy como ayer no hay en la Casa Rosada un aliado que pueda apoyar con entusiasmo esta aspiración. El macrismo, como antes el menemismo, es un exaltado defensor del mundo de los negocios privados y del libre mercado como lo demuestra su gabinete desbordante de gerentes de las mayores corporaciones.
Por eso es acertada la elección del Congreso de la Nación como terreno más propicio para dirimir esta batalla a causa de que en ese ámbito el macrismo está en minoría frente al resto de las fuerzas políticas. No va a ser fácil, pero el objetivo final justifica ampliamente el esfuerzo. No hay en La Pampa mejor opción para que el gas natural deje de ser un negocio y vuelva a ser un servicio que la alianza estratégica del Estado con las cooperativas.