Ni ellos se salvan

La Encuesta de Actividades de Niños, Niñas y Adolescentes que diera a conocer recientemente el organismo nacional de Trabajo agrega un elemento más, acorde con la situación que vive el país. Esa denominación de la encuesta dada a conocer disimula una realidad muy dura: la del trabajo de quienes todavía están en la niñez y aquellos que apenas entraron en la adolescencia. Los límites etarios y de localización comprenden de los 5 a los 16 años, en áreas urbanas y rurales de todo el país.
Las cifras porcentuales de esos chicos que tienen el trabajo como principal actividad son, en verdad, alarmantes y evidencian que la necesidad hace que dejen de lado quehaceres que involucran al desarrollo armónico entre lo físico y lo intelectual, desde el juego hasta la educación. Además las tareas que desempeñan van desde lo transitorio hasta la precariedad, enclaustrados en un marco laboral que los empuja hacia labores de igual o parecido nivel cuando entren en la adultez.
Por cierto que el trabajo infantil no es una novedad pero, como aparece en esta encuesta, pocas veces se había visto tan definido en sus parámetros fundamentales. Como ejemplos valen el cansancio físico que evidencian en las aulas los chicos que cumplen horarios laborales -lo cual retrasa obviamente sus niveles de aprendizaje- a causa de las “actividades domésticas intensivas” (un eufemismo que designa los trabajos que suelen desempeñar tempranamente las niñas), o del alto porcentaje de tareas nocturnas que afecta a los varones. Para peor, el porcentaje de estos prematuros trabajadores que cuenta con algún beneficio social derivado de la labor que realizan es muy bajo.
La encuesta -que tuvo alcance nacional- evidencia también marcadas diferencias de género y variantes cualicuantitativas según las distintas regiones del país. Confirman, en definitiva, que la otrora tan meneada frase de que en la Argentina los únicos privilegiados son los niños, ha pasado a ser nada más que un recuerdo.