Ni una menos

Otro hecho de violencia de género sacudió nuestra ciudad. Esta vez la víctima fue una mujer de 37 años que recibió un disparo de escopeta en la espalda de parte de su ex pareja que se dio a la fuga para, presumiblemente, esconder el arma y recién después entregarse a la policía. Hacía un mes que se habían separado y el hombre tenía una orden de restricción de acercamiento por haber proferido amenazas. Varios testigos advirtieron que la mujer había padecido reiteradas situaciones de violencia. Hoy su estado de salud es extremadamente delicado.
En vísperas de la movilización que, bajo el lema “Ni una menos” se realizará mañana en todo el país, este caso se viene a sumar a tantos otros que interpelan a la sociedad. Viene a decir que no es solamente un tema que concierne a las mujeres, pues los victimarios son casi siempre hombres. Viene a decir que son muchas, demasiadas, las mujeres que se encuentran en estado de indefensión por desidia institucional y por una extendida visión patriarcal que campea en los organismos del Estado, la Justicia incluida. Viene a decir que, a pesar de los avances logrados en materia de políticas de género, que han colocado a nuestro país a la vanguardia en todo el mundo, aún resta mucho camino por recorrer.
Incontables entidades y figuras públicas han comprometido su presencia en la movilización que mañana tendrá epicentro frente al Congreso de la Nación y que se replicará en varios puntos del país. Será una buena forma de exponer en la superficie de la vida ciudadana una cuestión lacerante: el año pasado cerca de trescientas mujeres murieron en Argentina por causa de violencia de género. La visibilización de este problema en un terreno ajeno al de la crónica policial, significa otorgarle una dimensión política con el propósito de apuntalar los logros ya alcanzados en la materia -la figura penal del femicidio, por ejemplo- y de seguir bregando por las asignaturas pendientes.

Seis mujeres
Reconforta leer el extenso artículo que este diario le dedicara el domingo a las seis mujeres que se unieron en la cooperativa textil “Entrelazando sueños” de Anguil. Cada línea de las declaraciones de las trabajadoras es un ejemplo de vida, de solidaridad, de compromiso con el trabajo asociado. “Las decisiones las tomamos entre todas”. “Todos los días descubrimos valores como el trabajo humano realizado por el grupo”. “Todo el mundo habla de cooperativismo, pero acá adentro se vive el cooperativismo en cada minuto”. “Nos dimos un aplauso entre nosotras al comprar nuestro primer rollo de tela”.
De amas de casa a trabajadoras especializadas en el rubro textil y, más todavía, “dueñas” de su propia fuente de trabajo. El paso que han dado es formidable y no solo en cuanto a lo económico sino también en relación al crecimiento personal. Hubo apoyo del Estado, el INTA, la Universidad, la Fundación Grameen; pero también debe decirse que la suma de dinero que requirió el emprendimiento es ínfima si se la compara con los aportes públicos destinados a grandes proyectos que no siempre llegaron a buen puerto.
Esta flamante Pyme cooperativa es un ejemplo a seguir en todo el ámbito provincial. En lugar de acrecentar la burocracia estatal o de encandilarse con megaproyectos onerosos que demandan grandes recursos económicos, esta apuesta a buscar el compromiso de los propios trabajadores aparece como una alternativa a profundizar.
Y no hay como el cooperativismo para llevarla adelante. Las cooperativas no son solo lugares de trabajo, son también escuelas de democracia que fomentan una visión diferente de la economía, más cercana a la solidaridad y alejada de la mercantilización extrema que el neoliberalismo ha tratado de inocular en las conciencias de las personas en todo el mundo. Estas seis mujeres de Anguil son el mejor ejemplo de que es posible.