Niña en ruta y un extenso soliloquio

Señor Director:
El pasado jueves 8 se pudo leer en nuestro diario la nota sobre una niña de 12 años que se había alejado de la casa familiar luego de que uno de sus mayores le negara la autorización para salir.
Caminaba con decisión por la carretera que pasa por el acceso de su pueblo. Hacía calor, pero ella iba con los pies descalzos, desplazándose por la banquina. Un vecino de Alvear la vio al cruzarse con ella. Por lo que el vecino cuenta se infiere que, si bien detuvo su coche, la niña siguió caminando, como ajena al suceso. Que entonces él resolvió comunicar a la policía lo observado y que le dijeron que irían a buscarla. Que, luego, estimó que debía hacer algo más. Volvió sobre sus pasos y detuvo su vehículo cerca de donde se hallaba la pequeña. Que esta dejó de andar y le mostró una cara llena de lágrimas.
Convencido de que debía hacerse cargo de llevar a la personita hasta su hogar, el vecino dice que comenzó a hablarle para infundirle confianza y que siguió hablándole durante todo el trayecto, hasta que ella descendió de su coche e ingresó en casa de sus padres.
Cuando se lee esto se deduce que el hombre ha querido transmitirnos que había obrado humanamente, en ayuda de un ser en momentánea desgracia. En cuanto a la conducta de la niña, el relato induce a pensar que la pequeña es una rebelde, tempranamente asumida de su libertad de decisión. Que simplemente se lanzó a la ruta sin tomar precauciones para un viaje largo, lo que puede indicar que había tenido tales actitudes otras veces y que algún familiar siempre salió a buscarla y la devolvió al hogar sin mayores problemas. En suma, que ella, superado el momento en que creyó necesario afirmar la autonomía de su voluntad, se dejó llevar.
La extensión del relato de un vecino tan gentil permite creer que tuvo presente en todo momento que una chica que camina por una ruta puede ir al encuentro de un novio y se expone a ser secuestrada, abusada y en los casos extremos violada y orientada hacia lenocinios muy distantes.
En nuestro diario de ayer el lord mayor de Intendente Alvear aparece cerrando la temporada Pro Vida, ideada por el suyo, como también otros municipios provinciales para que los muchachos de familias con ingresos insuficientes pudiesen gozar de una pileta y de entretenimientos veraniegos, incluso hasta aprender a nadar. Tan gozoso se mostró que hasta se zambulló en la pileta.
Otra inferencia posible del caso que comentamos es que parece confirmar algo que hemos venido comentado en esta columna: la aparición más y más temprana de este conflicto generacional.
Beau Geste. La noticia destaca que en Ceres, Santa Fe, tres camioneros se acercaron a mirar un picadito de fútbol que se desarrollaba en una cancha y pusieron su atención en un muchachito que estaba al margen del campo de juego, mirando. Que le preguntaron por qué no participaba y él les mostró que no tenía botines. Entonces, los camioneros hicieron una vaca, le compraron los botines y el chico entró a jugar.
Años atrás me atrajo en el cine teatro Español de Santa Rosa (el de don Nazario Camarero) una película titulada Beau Geste, basada en la novela del autor inglés P. C. Wren, del año 1939, la cual tiene la singularidad de comenzar por el final. Muestra este adelanto a los hermanos apellidados Geste, ingleses, todos ellos muy apegados al gesto honroso, el mayor de los cuales se llamaba Beau. Ingresan a la legión Aparece entonces un sargento Bankrof, hombre rapaz y de extremada crueldad, quien, con un sicario, se entera que el mayor de los Geste había robado a su tía su único bien propio luego de perder la herencia por mayorazgo: una esmeralda de muy alto valor. Bankrof asesina a toda la legión. Luego, en la primera parte del filme, Wren se desdice y elabora un final muy perdonavidas, que la crítica mundial rechaza. Uno de los bellos gestos de los Geste es que la joya fue robada porque era falsa y quisieron evitarle el disgusto a su tía.
Atentamente:
Jotavé