No adelantó un paso, pero inició una fábula

Señor Director:
Del fiscal Nisman se dice que no avanzó un paso en la investigación del atentado contra la Amia, mutual de la comunidad israelí, que dejó más de ochenta muertos, hace veinte años, pero su resonante y vacía denuncia final generó un relato que, aunque desestimado una y otra vez por la justicia, reaparece de sus propias cenizas. Es posible pensar que al final quedará instalado en la memoria colectiva como las fábulas, los mitos y los cuentos infantiles de la antigüedad, que todavía repetimos.
La Cámara Federal de Apelaciones ha tenido que repetir su decisión anterior: el relato de Nisman y los agregados que se han intentado, no constituyen un caso judicial, tanto porque los hechos que menciona no se consumaron como porque, de haberse consumado, no serían delitos. Esta reiteración de los camaristas Ballesteros y Freiler deja firme lo resuelto en primera instancia por el juez Rafecas, también con reiteración, pero no cierra el relato porque hay ya una apelación a Casación y se ha abierto otra vía en otro juzgado federal con el aditamento de una charla telefónica que puede ser impugnada por violar la confidencialidad, pero que apenas si permite volver a escuchar opiniones discrepantes de los que hablan, quienes las habían hecho conocer públicamente.
En 10 años de estar a cargo de la instrucción del caso AMIA, el fiscal Nisman no avanzó un paso ni siquiera prestó atención a que la víctima número 81 quedaba sin identificar, cuando bien podía ser uno de los terroristas que se habría inmolado para cumplir su objetivo. Los fiscales que reemplazaron a Nisman en la investigación, en pocas semanas de labor supieron que esa víctima era un joven que había acudido a la AMIA con su madre por una gestión y ambos murieron en el lugar.
No obstante estos contrastes, el relato prosigue, apenas si con la novedad de que ahora se propone que la presidenta y el canciller del gobierno nacional que cesó a fines de 2015, fueron “traidores de la patria”, aunque no se hayan dado las causales que puedan fundar tan tremenda acusación.
Llama la atención que detrás de este empeño por culpar a tales personas se hallen también dirigentes de la comunidad israelita, quienes parecen esforzarse por impulsar el caso en una dirección que auspicia el gobierno de Israel, siempre interesado en mostrar que Irán es una amenaza para el mundo porque lo es para Israel. Se puede suponer que en esa dirigencia de la comunidad israelita, la mayoría son personas de nacionalidad argentina, algunas quizás de hace tres o más generaciones.
La opinión de quienes no comparten estas acusaciones es que el fiscal Nisman canalizó un movimiento de servicios de inteligencia de Estados interesados en culpar a Irán, en un momento en que Estados Unidos e Israel coincidían en recelar que Irán desarrollaba capacidad para producir armas atómicas. Pero como Irán parece haber podido demostrar que no hay tal cosa y aceptó control internacional, esta hipótesis se desmoronó, estos recelos perdieron entidad. De hecho, Israel se quedó solo en esto de recelar de Irán, probablemente porque sus motivos reales son otros, relacionados tanto con su seguridad como con su voluntad de seguir creando colonias en territorios que están bajo la soberanía de vecinos que profesan otra religión (la musulmana).
En cuanto al propósito permanente del relato que parte del brutal atentado contra la AMIA, se piensa que no es otro, en el orden interno argentino, que descalificar ante la opinión pública a Cristina Fernández por su calidad de líder política en vista de las legislativas del año próximo. Es curioso que se crea que esta acusación halla apoyo en el gobierno actual, cuando está fresco que le fue posible derrotar al candidato oficialista en 1915, en una elección formalmente correcta. Entonces se pudo creer y debería dar motivo para creer que se puede volver a vencer. Cuestión de fe en el sistema.
Atentamente:
Jotavé

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