No se apuesta a la integración

Las repercusiones de la propuesta pampeana de constituir un comité de cuenca para regular y aprovechar racionalmente el sistema fluvial Desaguadero-Salado-Chadileuvú-Curacó causan asombro. Las expresiones de funcionarios de la provincia de San Juan mostraron una postura irreductible a pesar de la posibilidad de que se inicie una demanda judicial por parte de La Pampa ya que en aquel territorio provincial se han construído varios embalses sobre el afluente más caudaloso del curso, de igual nombre que esa provincia.
Desconociendo las más elementales razones geográficas e históricas, que muestran sobradamente un sistema hídrico permanente mientras no hubo acción del hombre, llegan a decir que el río San Juan no escurre en dirección al Desaguadero y, por si no bastara, que éste último es, apenas, un lecho seco que baja desde Catamarca. De paso se permiten afirmar que las aguas del río no han alcanzado nunca el territorio pampeano.
Indigna la necedad de esas declaraciones. Como integrante del territorio cuyano, pareciera que los sanjuaninos no pudieran escapar a la tradición negacionista que también afecta a su par de Mendoza, cuya codicia en materia de aguas interprovinciales la sufrimos los pampeanos desde hace un siglo. Cabe recordar que no hace muchos años un destacado político y jurista mendocino calificó despectivamente al Desaguadero-Salado-Chadileuvú como “un zanjón de desagüe”.
El fiscal de Estado sanjuanino hizo saber que su gobernador aspira a la creación de una comisión de estudios de cuencas interjurisdiccionales. Pero los pampeanos sabemos muy bien en qué terminan esas comisiones que por lo general se adornan con nombres muy vistosos. El triste recuerdo de la CIAI todavía está muy fresco.
Otro funcionario que habló sobre la cuestión fue el subsecretario de Recursos Hídricos de la Nación, aunque, por el tenor de sus declaraciones lo mejor hubiera sido que guardara silencio. Consultado sobre el problema dejó todo librado a la buena voluntad de las provincias y a su libre decisión de participar -o no- en los organismos de cuenca. De sus palabras se desprende que la negativa unilateral a sumarse al esfuerzo colectivo conducirá a un callejón sin salida.
En el caso del Desaguadero-Salado-Chadileuvú-Curacó solo San Luis y La Pampa han manifestado interés en conformar un comité de cuenca, frente a la negativa de Mendoza y San Juan y la indiferencia de La Rioja. Se trata de una cuenca que tiene una superficie de un cuarto de millón de kilómetros cuadrados, que afecta directamente a seis provincias e indirectamente a dos: Buenos Aires y Río Negro. Cuando las aguas llegan al río Curacó, y a través de éste desaguan en el Colorado con su elevado aporte salino, provocan la desesperación de los regantes de estas últimas dos provincias y con sobrada razón.
Resulta incomprensible que las máximas autoridades nacionales en materia de recursos fluviales, en lugar de defender la integración del país, se muestren tan prescindentes y no se involucren más activamente en la solución de los viejos conflictos interprovinciales que provocan tanto daño y postergan el desarrollo integral del interior del país.

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