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No se entiende

La integración del Comité Interjurisdiccional del río Colorado (Coirco) constituyó en su momento un ejemplo pionero de concepción armónica en el aprovechamiento de un recurso natural compartido por cinco provincias. Con el correr del tiempo las mezquindades políticas afectaron muchas de aquellas buenas intenciones.
Hoy resulta desconcertante la postura de la provincia de Buenos Aires respecto al futuro manejo de la presa de Portezuelo del Viento. Meses atrás, la gobernadora reclamó un trasvase del río Negro de más de un centenar de metros cúbicos por segundo, ignorando el propio Tratado del Colorado, y además solicitó restringir la erogación y embalsar agua en Casa de Piedra con vistas al riego de los próximos meses en Pedro Luro pero, simultáneamente, se negó a acompañar la postura pampeana que pide un manejo compartido de Portezuelo bajo la dirección del Coirco y no de Mendoza en soledad.
Es sabido que uno de los objetivos de la represa será posibilitar el trasvase de un cupo de agua -que le corresponde a Mendoza- del río Grande al Atuel. En tiempos de una bajante de caudales que lleva cerca de una década, no cuesta demasiado advertir el peligro latente a causa de los antecedentes que ofrece la provincia cuyana a la hora de compartir el agua, una realidad que los pampeanos conocemos demasiado bien.
Ubicada en las cabeceras del curso, Portezuelo del Viento será la llave del río Colorado y cualquier anormalidad, de carácter natural o antrópico, repercutirá principalmente en los extensos cultivos bonaerenses, ubicados a un millar de kilómetros de la presa. La situación amerita un profundo análisis técnico y político, ausentes por ahora en la postura bonaerense.