Noticias de la guerra

En el sinúmero de noticias que se vuelcan a diario sobre cualquier ciudadano suelen deslizarse algunas aparentemente intrascendentes o de escasa importancia que, sin embargo, a poco que se las interprete tienen una fuerte significación.
Es el caso de dos informaciones aparecidas en los últimos días. Por la primera de ellas el mundo supo que durante la guerra de la independencia de Argelia (1954-1962) el ejército francés aplicó la tortura. Esa confirmación provino nada menos que del actual presidente de aquella república quien además precisó que el camino para aquella aberración lo abrió un voto parlamentario. La declaración también termina con un tema controversial para la sociedad francesa; y sorprende también por haber sido revelado durante un gobierno de orientación conservadora.
En aquel conflicto por la independencia de lo que había sido una colonia francesa durante más de un siglo los militares galos cometieron atrocidades hasta ahora nunca admitidas y avaladas por las más altas jerarquías políticas del país. Más de un millón y medio de personas murieron durante aquel conflicto.
Lo peor es que esa especie de “razón de Estado” se ha mantenido hasta hoy en muchos países y “técnicos” franceses en la materia, junto con instructores de la Escuela de las Américas estadounidense, fueron quienes asesoraron en semejante “especialidad” a los militares argentinos durante la última dictadura cívico militar. Los vejámenes y horrendos procedimientos de aquel período han sido rechazados por la gran mayoría de la sociedad de nuestro país, con la excepción de algunos sectores muy minoritarios.
Los franceses, que se precian de considerar a su país como “cuna de la libertad”, tienen en su capital el famoso Arco de Triunfo erigido “a las glorias del ejército francés”, según reza una inscripción. Queda claro que las recientes declaraciones de su máxima autoridad política desentonan considerablemente con esos honores.
La otra noticia con las mismas características señaladas al inicio de este comentario corresponde al presente y se refiere a la problemática de nuestra América. Es que nada menos que el secretario de la Organización de Estados Americanos dijo la pasada semana que “no se debe descartar una intervención militar en Venezuela para derrocar a Nicolás Maduro”. Semejantes palabras, por más que correspondan a un alto funcionario de la desprestigiada OEA (Ministerio de Colonias de los EE.UU. suelen calificarla sus críticos) abre las puertas a un acto que puede tener terribles consecuencias para la región y, de hecho, no hace más que abonar el terreno que algunos presidentes sudamericanos alineados con Washington habían sugerido, llamándolo eufemísticamente “la alternativa militar”.
Desde un punto de vista geopolítico la postura no es nueva; más de medio siglo atrás John Kennedy había dicho que “no tolerarían nuevas Cubas en el continente” y así lo demostraron las sucesivas políticas para la región.
Venezuela, sin embargo, es un caso muy especial; el país tiene la que se estima como mayor reserva petrolífera del planeta y se ubica en una cercanía relativa de los Estados Unidos, y ya se sabe lo que son capaces de hacer los norteamericanos por el petróleo. A ello hay que agregarle el fortalecimiento de las relaciones con China, que ha comenzado a hacer pie económico en América Latina, un eslabón más en su cada vez más intensa guerra comercial con los Estados Unidos. Además Venezuela estaría incluida en el enorme proyecto planetario de la Ruta de la Seda.
De allí que las agresivas declaraciones del secretario de la OEA tengan una proyección muy peligrosa que pueden afectar las relaciones entre los países del subcontinente y adoptar consecuencias imprevisibles para la región caribeña.