Oleada de turno en los procesos sociopolíticos

Señor Director:
Quienes creen que los sucesos sociopolíticos se desarrollan por oleadas, alternándose las que son de derecha con las de izquierda, dicho esto con referencia a lo dominante en los gobiernos, admiten que hoy surfeamos en la ola derechista.
Ese modo de describir el acontecer sociopolítico no da cuenta de todas las diferencias. No considera, por ejemplo, el caso de las dictaduras, aunque no todas son de derecha puesto que el dictado puede tener una orientación renovadora o retrógrada, por lo menos en su planteo inicial.
Se observa en nuestro tiempo que las “oleadas” tienden a ser cada vez uniformes, o sea que se dan con un creciente grado de simultaneidad en todas las naciones. Este fenómeno aparece relacionado con el de la globalización, que es una realidad que empieza a condicionar el acontecer humano. La globalización, encubierta durante largo tiempo, ha hecho posible que la Organización de las Naciones Unidas se diferencie de anteriores intentos por tomar formas más definidas de gobierno mundial, si bien las naciones conservan su soberanía. Además, existe una internacional encubierta pero gravitante, representada por el poder financiero, que ahora es francamente global.
Esta introducción a mi comentario, que he esbozado en otras ocasiones, permite que se pueda decir que actualmente estamos en una oleada derechista, la cual ya exhibe otros rasgos que deberían ser analizados.
Con respecto a Europa, es frecuente leer que allí “crece la ola derechista”. Se lo hace para destacar determinados hechos puntuales, como, en nuestros días, la tendencia contraria a la admisión de los refugiados. Esta tendencia es inocultable y tiene manifestaciones agudas en los gobiernos de Hungría y de República Checa. El presidente de esta última usa un lenguaje nada diplomático al pretender que se expulse a todos los migrantes a “regiones vacías” de África o de islas griegas sin habitantes. En el mismo discurso se franqueó al decir que está “exclusivamente en contra de los emigrantes islámicos, porque su cultura es absolutamente incompatible”. A su vez, el gobierno de Hungría dejó en claro que “los que vinieron ilegalmente deben ser expulsados a regiones fuera de Europa, sea alguna isla, sea algún tramo de la costa africana”.
Los gobernantes de países principales de Europa se muestran condicionados por su responsabilidad y adhesión a otro modo de considerar el problema, más atado a la idea democrática y a la cultura de convivencia y tolerancia que fuera parte del credo inicial de la Europa Unida. Sin embargo, los gobernantes de Alemania y Francia ven crecer a su costado derecho nuevos partidos cuyo credo es de exclusión. El rasgo derechista predomina cada vez más en todo occidente, a ambos lados del Atlántico. La elección próxima en los Estados Unidos debe definirse entre dos candidatos de esas características, manifestadas casi brutalmente por Trump y más a la manera francesa por Hillary Clinton.
Los cambios que se han producido en nuestra región sudamericana tienen los mismos rasgos y, como en Europa, con acompañamiento de una parte importante de su sociedad. Esto se ha visto también en Colombia, donde el voto contra el acuerdo de paz entre gobierno y guerrilla revela que una parte importante de la ciudadanía, al tener oportunidad de manifestarse en el plebiscito, rechazó la conciliación y puede que llegue a proponer que los guerrilleros y campesinos todavía sin tierra, sean reubicados en alguna isla vacía o una costa lejana.
Hay un dicho árabe según el cual si nos sentamos a la puerta de nuestra tienda, veremos pasar el cadáver de nuestro enemigo.
La intención de este dicho es exaltar la virtud de la paciencia, pero no considera que la dinámica del acontecer puede terminar aplastando al paciente o, en cambio, gratificando al que siguió en lo suyo, construyendo y fortaleciendo su propio ideario.
Atentamente:
Jotavé

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