Oportunidad que no debe perderse

Sin temor a exagerar puede decirse que en lo que concierne al río Atuel el año que pasó fue uno de los más notables en cuanto a trascendencia del problema. La injusta situación de La Pampa con respecto al río cortado y a la gran cuenca a la que pertenece fue noticia trascendente, tanto a nivel nacional como internacional. En este último aspecto influyó decididamente la acción de la Fundación Chadileuvú cuando logró el interés y el apoyo del Tribunal Latinoamericano del Agua, primero, y de las Naciones Unidas, después.
A través de esas acciones -y muchas otras impulsadas por el gobierno provincial y otras organizaciones ambientales- el corte del río Atuel pasó de ser casi desconocido a tener gran relevancia y poner en evidencia la catástrofe ambiental y humana provocada. El tratamiento, y pronunciamiento favorable a nuestra provincia, en el seno de la ONU fue sin dudas uno de los mayores logros alcanzados el año pasado. Esa definición sorprendió al gobierno nacional pues hasta el momento había tratado el tema en un cierto plano de indiferencia a causa del escaso peso político de La Pampa, pero en Mendoza causó conmoción. No era para menos: la máxima entidad política del mundo se interesaba -y daba la razón a La Pampa- en un largo conflicto relativo al uso del agua, cuestión que hoy ocupa el centro de la agenda política global.
Sin embargo, más allá de este resonante triunfo político, hay un aspecto que, hasta el momento, no se ha sabido aprovechar debidamente: el interés explícito del funcionario de la ONU -el relator del agua- por conocer el tema “in situ”, visitando el área. Hace varios meses que se conoció la intención del delegado de visitar nuestra provincia pero, pese a la buena repercusión que tuvo aquí ese deseo y al inicio de algunas gestiones, no se han registrado avances concretos.
Hubo, es cierto, inconvenientes originados en los protocolos diplomáticos del organismo mundial que le impiden aceptar invitaciones por debajo de ciertos niveles oficiales pero ese problema parecía haber sido salvado con una invitación por parte de la Universidad Nacional de La Pampa y gestiones a efectuar ante la Cancillería. Sin embargo de todo ese posible accionar no se sabe nada concreto hasta el momento y existe un temor -justificado por experiencias anteriores- de que el asunto entre en un cono de sombras que lleve a la postergación y el olvido.
A nadie escapa la importancia y el peso político que podría tener la presencia del funcionario internacional en la región afectada, en donde podría corroborar personalmente los hechos que conoció en forma documental. No cabría argumentar que la visita pueda ocasionar gastos considerables ya que, en términos generales, significarían relativamente poco para los organismos públicos involucrados. La tarea oficial, básicamente, debería apuntar a agilizar las tramitaciones burocráticas de nivel nacional para que se active el contacto con el relator. La jerarquía del funcionario de la ONU, la oportunidad y los beneficios que reportaría su presencia justifican sobradamente el esfuerzo. Sería lamentable dejar pasar este ofrecimiento sin procurar su concreción.