Ortiz, como sinónimo del nuevo orden en el PJ pampeano

¿EL PERONISMO DEL CONFLICTO, EXCEPCION O REGLA?

Norberto G. Asquini – La renuncia de Jorge a su candidatura a intendente y el respaldo a Ortiz del vernismo-marinismo es una muestra de la distensión en el interior del PJ pampeano de cara al 25 de octubre. Un balance tras las internas: ¿el nuevo peronismo es conflicto o consenso?
La renuncia del gobernador Oscar Mario Jorge a la candidatura a intendente de Santa Rosa y el respaldo del vernismo-marinismo en torno al segundo de la lista, el ministro de Bienestar Social Raúl Ortiz, para que asuma esa responsabilidad, es una muestra de la restauración del orden peronista tradicional en la provincia luego de la interna desatada este año. Es parte de comenzar a procesar el final de un ciclo de confrontación política, aunque la disputa se mantenga.
Un escenario no sin contradicciones: Ortiz tiene resistencias entre los propios de Compromiso Peronista y sus aliados kirchneristas y lezcanistas, pero las otras líneas han respaldado la normal resolución de esta crisis con el corrimiento de la fórmula. En los primeros momentos luego del anuncio de Jorge, cuando no se sabía qué iba a ocurrir -ya que en 2011 con el renunciamiento de Carlos Verna a la postulación como gobernador se había resuelto de otra manera, hasta forzando las interpretaciones-, parte de Compromiso Peronista quiso imponer al secretario de Asuntos Municipales, Fabián Bruna, como el reemplazante de Jorge en la cabeza de la boleta. Pero esta vez no era el cargo de gobernador y los planes del vernismo-marinismo es aplacar la confrontación de cara a las generales.

Adiós a un ciclo.
En política nada es absoluto y todo es relativo, sujeto a interpretaciones. Salvo los hechos: Jorge finalmente decidió bajarse de la candidatura que había asumido como manera de aportar a su línea en la interna del 5 de julio. Fue una despedida de la política y el fin de un ciclo.
Interpretaciones: las motivaciones que se esgrimieron para esa decisión fueron varias, y todas incidieron. Desde su salud hasta tener que compartir la boleta con Carlos Verna y un posible gobierno en paralelo, hasta las dos derrotas de su sector en las urnas. La decisión la tomó en solitario, como siempre resolvió, con todo lo que eso representó para su gestión y su línea. Nada que no se haya visto del componente caprichoso de su perfil. Desde el otro lado, del vernismo-marinismo, se habló de la mezquindad de no asumir las responsabilidades políticas, aunque también hubo alivio frente a una candidatura incómoda. Sorprendió a todo su entorno y hasta a sus dirigentes más cercanos, y más allá de que unos funcionarios acusen a otro, y viceversa, de haber empujado al gobernador a esa decisión, la resolución fue estrictamente personal.

Las dos miradas.
La ubicación de Ortiz en el mapa peronista pampeano es casi un sinónimo de la restauración del orden político tradicional en esa fuerza luego de las dos internas -la del 5 de julio y la de la primaria del 9 de agosto-. Ya recibió apoyos del marinismo y del vernismo para que se ponga al frente del cargo y de la campaña.
El ministro, que puede ser intendente desde diciembre, logró la postulación cuando menos lo esperaba. En ocho años su carrera fue en ascenso, desde un cargo burocrático en el gabinete, pero siendo parte del entorno del gobernador. Disputó poder y lo fue acumulando llegando a ministro de un área política y colocando a su gente en distintos lugares del gobierno. Esto lo llevó a ser resistido por el vernismo por sus manejos y a chocar con otros integrantes del gabinete ante sus avances.
En el jorgismo hubo dos construcciones políticas que tuvieron su éxito, más allá de los resultados. Una fue la de Bruna y otra la de Ortiz. La relación entre ambos no fue buena y quedó en evidencia apenas comenzó la campaña para la interna por las diferencias de objetivos e intereses. Cuando Ortiz compitió para viceintendente de Santa Rosa, la brecha se abrió aún más entre ambos, al separar el funcionario ambas campañas y alejarse de Bruna.
Luego del 5 de julio, ambos tomaron diferentes caminos: Bruna fue jefe de campaña de la lista K en el FpV manteniendo sus convicciones, Ortiz no apoyó -del otro sector afirmarían que fue una manera de respaldar al vernismo- acomodándose al nuevo escenario provincial. Para uno, había que mantener la lista del proyecto nacional y continuar la disputa en las urnas, para el otro era innecesaria una nueva interna.
Esta semana, ambos, ya sin el peso de la figura de Jorge como líder de Compromiso Peronista, mostraron los signos de la distención interna en el PJ y el reacomodamiento de fuerzas. Bruna en la reunión del Consejo de UB santarroseño y desalentando cualquier posibilidad de que fuera impulsado para reemplazar a Jorge al frente de la boleta, y Ortiz recibiendo a todas las líneas y promoviendo una visión de consenso.

¿Conflicto o consenso?
El actual escenario en el PJ pampeano lleva a analizar todo el cuadro y hacer algún balance: ¿fue la fractura al interior de esa fuerza una excepcionalidad o será la regla? ¿Fue la disputa Jorge-Verna un accidente de una coyuntura determinada o es la tendencia que dominará la relación en ese conjunto de ahora en más? ¿Es el pampeano un peronismo del conflicto o uno del consenso?
Volvemos arriba: nada es absoluto, y ambos convivirán, pero no de la manera en que se había dado hasta ahora. Más allá que de cara al 25 de octubre se liman rencores y apasionamientos, el escenario pos-2003 dio lugar a la fragmentación y dispersión al interior del PJ pampeano, si bien hubo figuras predominantes. El PJ pampeano dejó de ser monolítico como lo fue en los 90 bajo un liderazgo como el de Marín. En 2012, la fractura entre Jorge y Verna llevó a una feroz interna, la confrontación al interior de las instituciones y finalmente a una elección en la que el resultado fue 55-45, mostrando la polarización que había en las filas justicialistas. Muy diferente a la interna del 2003 cuando el ganador enfrentó a un línea marginal o la de 2007 donde había una clara asimetría con el sector perdedor.

El nuevo liderazgo.
Como mostraron estas internas, a futuro deberán convivir distintas corrientes internas en el PJ provincial, más allá de la figura predominante de Verna. Hoy la unidad, una ficción de los tiempos del marinismo en el poder, es solo electoral.
Sin embargo, el escenario también ha cambiado y se ha moderado. El clivaje entre kirchnerismo y anti-kirchnerismo luego de estas elecciones quedó relegado en el interior del PJ. Sobre todo por la derrota de la lista K -esto no implica su extinción, sino solo su ubicación en un lugar periférico- y a futuro que la presidenta Cristina Fernández deje su lugar a otro mandatario, posiblemente Daniel Scioli, lo que llevará a apaciguar esta situación con el gobierno central.
Pero además si Verna es gobernador, con la legitimación como conductor por los votos y por el cargo institucional, se dará después de años la restauración de cierta verticalidad que podemos englobar en el lema “el que gana gobierna, y el que pierde acompaña” detrás de su figura. Luego del peronismo de “doble mando”, donde el poder se disputaba casi como un empate entre el gobernador y las filas del senador, ahora todo parece unificarse detrás de una candidatura.