Oscar Jorge o el gobierno bajo un Poder poco Ejecutivo

Inauguró una forma de gobernar sumida en la indecisión y asaltado por problemas que genera su falta de muñeca política. Personalista en la toma de decisiones, busca ampararse bajo el ala de los Kirchner. Muchos temen preguntarse: ¿cómo será la provincia que deje en 2011?
NORBERTO ASQUINI
El gobernador Oscar Mario Jorge cumplió en diciembre un año de gobierno e inauguró un perfil de gestión que pocos alcanzaban a vislumbrar cuando la vernista Línea Plural lo ungió para ser candidato en 2007. En este comienzo de mandato y a la luz de los hechos ocurridos durante un año muy movilizado, el mandatario tuvo varias facetas que hacen a su estilo y que ha dejado desconcertados a propios y ajenos de las filas del PJ.
En muchas ocasiones le faltó reflejos para ponerse al frente de una situación o encabezar alguna política de gobierno más activa. Sus iniciativas se circunscribieron a tratar de cerrar las cuentas públicas y acumular fondos y muchos de los anuncios de carácter productivos lanzados en conferencia de prensa hay que analizarlos en la práctica si en verdad tendrán un buen puerto.
Durante este año el mandatario provincial tuvo que lidiar con varios frentes de incendios y estuvo apagando focos que su falta de cintura política creó con decisiones poco acertadas. La lentitud en tomar resoluciones llevó a la caída de algunas licitaciones por su obsesión de controlar cada número. Durante sus primeros doce meses la política comunicacional fue inexistente y todavía faltan ocupar cargos en el organigrama. Sobre fin de año, el respaldo a funcionarios poco eficientes o desprestigiados contribuyó a que toda la sociedad se preguntara qué clase de gobernante votó y cuál será su futuro.

Estado ineficiente.
Estas fueron algunas de las características de un gobierno que ha llevado a La Pampa a ser gobernada casi por un “Estado ineficiente” cuyo fuerte no es precisamente la conducción política ni la gestión.
Las frases lanzadas en el mundo político, o la calle, para caracterizar la gestión del gobernador Jorge son elocuentes y hay que hablar con funcionarios que no son de su riñón –y no son pocos– para que al preguntarles cómo andan respondan: “como el gobierno”, soltando una sonrisa cómplice. U otros, dirigentes del corazón vernista, que festejaron el mote de “Peludo” que le dio un legislador opositor y que ellos no se atreven a decirlo frente a extraños por ser parte de esa gestión. Y esos son sus aliados.
Su indecisión quedó demostrada en muchos hechos y ha exasperado a sus propias filas. Por ejemplo, en Quemú Quemú cuando su jefe político, Carlos Verna, se metió de lleno en la interna y lo empujó a ser candidato para presidir el PJ, Jorge le respondió desde la tribuna que lo sería sólo si existe consenso entre todos los sectores. El difícil que lo haya. La gente de General Pico cercana al intendente Jorge Tebes, por ejemplo, quedó irritada al escuchar una respuesta tan tibia y de ocasión.
Las filas estatales sufrieron también el constante desgaste y la falta de iniciativa cuando fueron convocados a una reunión en Casa de Gobierno después de que por la falta de diálogo para enfrentar el conflicto recrudeciera la movilización en reclamo de mejores salarios. Las palabras y las acciones de Jorge para con sus empleados han irritado a las huestes estatales y judiciales. Con esa incomprensible actitud, el gobernador ha dejado crecer y bifurcarse este conflicto que no tiene fecha de vencimiento, por ahora. Sólo ha tenido palabras de justificación a su inacción que no llenan los bolsillos ni los oídos de nadie. Parece no importarle que pare el aparato estatal o la justicia.

Obsesión por las cuentas.
Durante el año que finaliza, su gestión pareció signada bajo la lógica de recaudar o acumular fondos a más no poder, y poco más. En otras áreas se ajustan números y las únicas ideas que llegan son las promovidas desde Nación. Pero ese estilo de gestión, caracterizado principalmente por su morosidad, no se queda sólo allí. También se le endilga que a la hora de las grandes decisiones éstas son tomadas en soledad o compartidas sólo con un estrecho círculo de personas de confianza integrado por su esposa y el secretario de la Gobernación, quienes son los únicos que acceden a su proceso decisorio. La obstinación también es otra de sus facetas a tener en cuenta a la hora de las definiciones. Finalmente, ante cada frente de conflicto o situación urgente, ha tenido que salir con anuncios de ocasión que en la práctica sólo significa poner paños fríos y no un punto final.
El personalismo del que ha hecho gala durante su gobierno ha llevado también a la dilación innecesaria de muchos asuntos, aunque también algunos referentes analizan que no sólo se perjudicó a la gestión sino también a los hombres: algunos funcionarios que “levantaron la cabeza” fueron enseguida “castigados”. Pareciera que sólo él quiere ser el portador de las buenas noticias. Muchos brindan el ejemplo del ex ministro Julio Bargero que se tuvo que ir luego de realizar anuncios que se los reservaba para él; o de Gustavo Fernández Mendía que, según otras opiniones, habló más de la cuenta opacándolo en un acto frente a la Presidenta de la Nacion.

Bajo perfil.
El tipo de funcionarios que busca es de bajo perfil, que estén bajo su mando y puedan ser fácilmente sujetados. Los que no cuadran con esa tipología se alejan por propia iniciativa ante la forma morosa de gobernar, a la cual consideran muy inconveniente para navegar en política: pasó con Rodolfo Gazia y con Vìctor Bensusan.
Su propio perfil político hizo que estuviera siempre bajo el ala de un jefe que lo sostuviera. Lo hizo durante el gobierno de Rubén Marín y más tarde con Verna. Ahora, le toca el momento con Cristina Kirchner. A cualquier acto que lo inviten desde Presidencia, la presencia del gobernador pampeano estará en primera fila. Ser leal tiene sus beneficios y eso lo sabe el mandatario provincial y se lo hacen ver desde Casa Rosada. Callar y sonreír parece ser su estrategia. Algunos dirigentes pampeanos y observadores de la situación arriesgan que este gobierno no alcanzaría el vuelo de los otros que se sucedieron desde el 83. Aunque rescatan algunas facetas y afirman que también hubo “manchas” en materia de honestidad pública en las gestiones anteriores que éste no parece tenerlas.
Un dirigente de Convergencia ha comentado que el PJ ya debería tener claro que en el año 2011 será difícil ganar las elecciones de mantenerse este estilo político. Ni siquiera entre sus mismas filas hay respuestas cuando se consulta por la falta de decisión en cuestiones de importancia para la provincia. Y algunos dudan acerca de si los programas que “se compran” a nivel nacional tendrán aplicación práctica en La Pampa.
Por ahora, Jorge observa las cámaras en cada conferencia de prensa y sonríe. Le quedan tres años para elegir entre seguir con este rumbo o intentar un cambio. Mientras tanto, mira para el costado intentando que los problemas se desvanezcan en el aire por arte de magia y hace cuentas. Un panorama poco alentador que seguramente inquieta a quienes lo impulsaron para ocupar ese cargo y hoy son asaltados por las dudas.