Otra calamidad espera a los que buscan un Edén

Señor Director:
Es arriesgado comparar épocas históricas.
Creo que el riesgo de error en la apreciación es grande, incluso para las personas que militan entre las que se han ocupado de informarse.
Cuando se dice que “todo tiempo pasado fue mejor”, si se habla de momentos del pasado de nuestra especie, se puede estar ante la expresión de un error muy repetido, que se debería a que a medida que retrocedemos en el tiempo condicionamos menos nuestro juicio
a prejuicios y valoraciones de la época que compartimos: solemos decir “eso no se cuenta”, condicionando el relato al efecto que produce en quienes escuchan, sobre todo si son menores o débiles o enfermos. Tendemos a autocensurarnos sin tomar en cuenta que al proceder así incurrimos en falsedad y desprotegemos a quienes buscamos contentar.
Pensaba en esto al leer una crónica de Elena Llorente, periodista argentina establecida en Roma. Se refiere a la suerte de los llamados migrantes, esto es, gente que huye de la guerra, del hambre y de otros sufrimientos que se han vuelto habituales en muchas regiones de África y del Medio Oriente. “No sólo tienen que pagar miles de dólares, trabajar como esclavos o prostituirse para concretar su sueño de escapar a la miseria y llegar al Paraíso-Europa, sino que muchos mueren por el camino (del Sahara o del Mediterráneo): tres mil en los seis primeros meses de 2016”. Luego de esta introducción refiere (en el diario Página/12) que un traficante de seres humanos, arrepentido, que colabora con la justicia italiana, refiere que los que han quedado sin recursos al llegar a las costas italianas son vendidos a un grupo de traficantes egipcios que los matan para sacarles los órganos, que luego venden a altísimos precios. Nuredin Atta Wehabrebi, que así se llama el arrepentido, hombre de 32 años, nacido en Eritrea, reveló que el centro financiero de estas operaciones está en Roma y eso motivó que la justicia dispusiese allanamientos durante los cuales halló 500.000 euros en efectivo y otros tantos miles de dólares, una agenda con números de teléfonos y documentos contables de la banda. El mismo día detuvieron en Italia a 38 presuntos comprometidos de una banda que traficantes con migrantes. Añade Llorente que hay datos de otros lugares de Europa donde también se trafica con órganos.
Si el lector no desecha este relato y se pone a completarlo con su imaginación, puede reconstruir la trayectoria de uno o de muchos migrantes. Supongamos que salen de la región Subsahariana, donde impera el hambre por la desecación de tierras y por la sobrecarga humana que llega desde otros lugares, donde las poblaciones tradicionales deben huir. No todos pueden iniciar el camino a Paraíso-Europa. Solamente los que tienen algo que vender y encuentran quién les pueda comprar. Inician entonces una larga y agobiadora travesía hacia lugares de la costa mediterránea. En el camino sufren asaltos. Si llegan a la costa deben disponer de medios para conseguir lugar en una barca dispuesta a cruzar el mar. Si llegan a una costa europea, van a parar a uno de los refugios existentes, con la alta probabilidad de ser devueltos a sus lugares de origen. Si eluden el refugio, deben contar con recursos para contratar traficantes que ofrecen trasladarlos subrepticiamente hacia algún lugar más al occidente, donde sean aceptados. Si no tienen recursos o se rinden, son deportados o caen en las manos de los traficantes de “repuestos” humanos. El final de su aventura puede ser, en este caso, convertirse en el hígado o el corazón de un europeo que ha tenido cómo pagar el trasplante. Sobrevivir a esta aventura espeluznante es también “privilegio de ricos”. O no ricos, pero que han podido vender su casa, su terreno u otros bienes. Otros ricos más ricos, transfieren recursos al exterior y pueden llegar por vía aérea.
Como se ve, el infierno no está más allá de la muerte, como muchos creen.
Atentamente:
Jotavé

Compartir