Otra del secretario

Si los pampeanos tenían conciencia de que la pelea por el río Atuel los enfrentaba a un cúmulo de intereses en un enfrentamiento desigual, desde ayer saben que esa desigualdad es todavía mayor. La información que dio a conocer un medio porteño con respecto a que el titular de la Secretaría de Política Hídrica de la Nación, Pablo Bereciartúa, es un exitoso regante con las aguas del río Diamante en la provincia de Mendoza tiene una significación especial para quienes vivimos en esta provincia.
El secretario es una persona conocida por los pampeanos. Dirigió el estudio integral de la cuenca Desaguadero-Salado-Chadileuvú-Curacó; por su alto cargo ha venido cumpliendo un rol nada menor en las arduas tratativas que lleva adelante La Pampa para lograr que se haga justicia con la restitución de los caudales robados del Atuel en territorio mendocino y, además, en el ámbito del Coirco, también ha tenido un papel relevante en las discusiones por el proyecto del embalse de Portezuelo del Viento y sus riesgosas implicancias para el desarrollo armónico de la cuenca del río Colorado.
Pero el momento de mayor protagonismo mediático lo alcanzó cuando abandonó sigilosamente el recinto de la Corte Suprema de Justicia y privó a todos -los jueces y los máximos representantes políticos de las partes en litigio, es decir, los gobiernos de La Pampa y Mendoza- de su palabra con relación al conflicto por el río Atuel. Por esa fullería fue severamente amonestado por los supremos.
En el desempeño de su cargo, el funcionario ha sido un fiel representante de la postura del gobierno nacional con relación a la querella entre ambos Estados provinciales caracterizada por una notoria ausencia de equidistancia. Pero recién ahora los pampeanos nos enteramos que, además de sus intereses políticos, el secretario tiene también intereses económicos en la materia. Intervenir como funcionario nacional en el desarrollo de un litigio originado a partir del manejo de las aguas de una gran cuenca interprovincial es una cosa. Poseer -y explotar económicamente- una propiedad regada con agua de esa cuenca en una de las jurisdicciones involucradas en el pleito es otra muy distinta. Y peor aún no haber informado con anticipación semejante “detalle”.
En un gobierno en donde buena parte de sus integrantes tropieza todos los días con lo que hoy se denomina, con singular delicadeza, “conflicto de intereses” esta sorpresa no ruborizará ningún rostro. Pero para los pampeanos, es decir, para los que estamos de este lado del paralelo 36 y, también, del lado que viene perdiendo por goleada en este conflicto ocasionado por el robo de un río es una cachetada más.
Independientemente de cómo continúen de ahora en más las conversaciones oficiales, lo cierto es que el titular de la SPH no debería continuar asumiendo su rol de “mediador” entre dos provincias por un recurso vital. El partido que hoy detenta el gobierno hizo de la “transparencia”, la “verdad” y el “republicanismo” sus banderas de batalla electoral. Su permanencia en un cargo de tanta relevancia y estrechamente vinculado a la resolución de conflictos entre Estados provinciales se vuelve insostenible. La imparcialidad no solo debe declamarse sino también ponerse en acción. De lo contrario, es puro marketing.