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Otra vez la marea verde

El movimiento de mujeres y minorías sexuales volvió a llenar el espacio público con sus fuertes reclamos este 8 de marzo. En todas las ciudades argentinas se vieron enormes concentraciones aunque, como siempre, la más numerosa por lejos fue la que se organizó en la ciudad de Buenos Aires. En el resto de América Latina, Europa Asia y Africa las movilizaciones marcaron -con intensidad diversa- la agenda informativa con los reclamos universales de equidad y en contra de la violencia machista y, también, con los puntuales de cada país.
En Argentina este tercer paro tuvo, como los anteriores, un fuerte contenido político. Además de las siempre vigentes consignas contra la violencia patriarcal y en favor del aborto legal seguro y gratuito, se hizo oír un fuerte rechazo a las políticas económicas por el altísimo costo social que implican para los sectores populares. «El ajuste de Macri y los gobernadores pauperiza nuestras vidas y el presupuesto del FMI votado en el Congreso dice que nuestras vidas vale menos que un boleto de colectivo», expresó el comunicado leído el viernes,
En el amplísimo temario que abordó el documento hay un párrafo dedicado a las autoridades políticas y sanitarias de las provincias del norte argentino: «Dilatar, judicializar y no garantizar la interrupción del embarazo, es tortura», dijeron las mujeres para insistir con el reclamo: «niñas, no madres». Por esas horas se conocía que había muerto el bebé nacido de una cesárea, a la que fue obligada una niña tucumana de once años violada por un adulto, con lo que se repetía la misma y ominosa historia sucedida un mes antes en Jujuy.
La particular sensibilidad de las mujeres y el resto de los colectivos que se movilizaron el 8M con relación a estos casos hunde sus raíces en una situación de violencia que las tiene como blanco preferido. A la brutal desatención de las niñas abusadas sexualmente que demandan un aborto sin ser escuchadas, se suma la elevada tasa de femicidios que continúa sin descender en nuestro país al punto de registrarse uno cada 32 horas en lo que va de 2019.
La discriminación política e institucional estuvo entre los reclamos elevados el viernes como también la situación de la mujer indígena y el renovado reclamo de separación de las iglesias del Estado. En cada campo de la actividad humana hay materia de sobra para rebelar a las mujeres, y es ese el combustible que cada 8M se enciende en las plazas argentinas y, crecientemente, de todo el mundo.
Resta aún mucho camino por andar pero los avances que se vienen logrando son impactantes. Y es la movilización masiva la que posibilita esta dinámica. La presencia de adolescentes es cada vez más ostensible lo cual habla de un trabajo de concientización que no cesa y que garantiza la continuidad de una lucha que necesita de todas las generaciones para su proyección.
Ya poco y nada queda de aquellas «celebraciones» del Día Internacional de la Mujer con rosas y bombones obsequiadas a las compañeras de la vida o del trabajo. Hoy el 8M se ha convertido en una bandera de lucha por la igualdad de derechos, la libertad de elección sobre el propio cuerpo y el repudio contra la violencia -física e institucional- del patriarcado.