Otra vez “La Plata está muy lejos”

Las dificultades provocadas por las inundaciones en el norte pampeano no ceden y no por causa exclusiva de la naturaleza sino también de la política. Al territorio provincial siguen ingresando grandes masas de agua provenientes de la provincia de Córdoba pero ese deslizamiento regional de los mantos líquidos no encuentra salida -siguiendo la pendiente regional- hacia la provincia de Buenos Aires porque sobre el Meridiano Quinto no avanzan las obras hidráulicas necesarias.
La reciente reunión entre funcionarios pampeanos y cordobeses permitió avanzar en el tratamiento del problema y planificar esfuerzos para buscar soluciones. Pero esa saludable metodología de consultas interjurisdiccionales no ha sido posible implementarla con los bonaerenses quienes pegaron el faltazo sin aviso en las últimas reuniones pactadas con sus pares pampeanos.
Resulta inexplicable esta indiferencia del gobierno de La Plata y más todavía luego de constituirse el Cirnhop, el comité de cuenca del Rio Quinto, y a menos de dos meses de la reunión de los cuatro gobernadores -La Pampa, Córdoba, Santa Fe y Buenos Aires- en la que se aprobó el reglamento de funcionamiento del organismo y acordó un plan de obras. Ya en esa oportunidad el jefe de gobierno pampeano le había reclamado a su par bonaerense por la construcción de un terraplén clandestino en inmediaciones de González Moreno que obstaculiza el escurrimiento de las aguas de acuerdo a la pendiente natural.
Con el agua ingresando naturalmente desde Córdoba pero detenida artificialmente en Buenos Aires, el perjuicio a La Pampa es más que evidente. La diferencia -nada menor- es que los cordobeses se han sentado a la mesa a dialogar y planificar, en cambio los bonaerenses ni se dignan a acudir a las reuniones. Resulta innegable que para la mayor provincia del país éste es un tema menor, que afecta a su “lejano oeste” y sus pequeñas poblaciones, y no figura entre sus prioridades. Menos en vísperas electorales y con su gobernadora dedicada a tiempo completo a posar para las cámaras de TV, como todos los días se puede ver.
Pero no debería extrañar demasiado esta actitud de Buenos Aires. Con respecto a otro río, el Colorado, sus posturas también han mostrado indiferencia frente a los problemas ambientales. A pesar de tener en su territorio -en Pedro Luro- la mayor área bajo riego del país, sus representantes en el Coirco no han acompañado a La Pampa en sus justificados cuestionamientos a los criterios que quieren imponerse con relación al manejo del embalse de Portezuelo del Viento y a la ausencia de un estudio de impacto ambiental en toda la superficie de la cuenca y no solo en inmediaciones de la presa. Como si los riesgos a futuro, producto de decisiones desacertadas en el presente, no preocuparan demasiado a los gobernantes del poderoso Estado vecino.
Esta falta de consideración hacia los problemas del extenso oeste y sur bonaerense no es nueva. Muchos pampeanos seguramente recuerdan que en tiempos no tan lejanos varios intendentes multiplicaban sus quejas por el destrato que sufrían y la escasa atención que merecían en la capital de su provincia. “La Plata está muy lejos”, se quejaban, y con razón.