Otra vez se habla de contaminación

El río Colorado, tan controvertido en aspectos técnicos y políticos desde hace más de medio siglo, ha incorporado un elemento más a sus proyecciones polémicas: la contaminación cloacal. Por cierto que el tema no es nuevo pero se ha venido incrementando con el crecimiento de la población ribereña que en las últimas décadas ha multiplicado los habitantes de los valles superior y medio, con el consiguiente aumento de los desechos cloacales.
El problema ya había sido planteado tiempo atrás con relación a la localidad pampeana de 25 de Mayo y la planta depuradora que surte al acueducto que conduce agua al norte pampeano pero ahora se le suman al aporte Rincón de los Sauces y, muy especialmente, Catriel. La planta depuradora de líquidos cloacales de esta última población se encuentra en un estado “alarmante” -según un informe periodístico-, estimándose que más del 70 por ciento de los líquidos cloacales van a parar al curso del Colorado sin tratamiento alguno. Es cierto que el río, muy variable en sus caudales, tiene un poder autopurificador en su misma dinámica hídrica pero tal proceso se ve afectado cuando se piensa que la planta fue diseñada para una población de 4.500 habitantes y hoy la población de Catriel supera los 30.000. Las condiciones de contaminación en la ciudad ya son perceptibles en el área poblada, que ha crecido hasta cercanías de la laguna de estabilización.
Ya desde fines del año pasado legisladores rionegrinos habían apuntado a La Pampa como culpable de la contaminación del río, incluso con datos discutibles; ahora les toca a ellos admitir la responsabilidad que le cabe al gobierno de su provincia, y en una proporción mucho más alta. Los técnicos de la planta de Catriel debieron admitir que, además de insuficientes, las instalaciones están prácticamente obsoletas.
Resulta evidente que, cualquier sea el estado de estos desechos al río, todos van a parar al lago de Casa de Piedra del que no se conoce ningún estudio de la relación entre causas y consecuencias. No es un tema menor porque las aguas emergentes del embalse son las que alimentan el acueducto pampeano, los regadíos de Pedro Luro y, en un futuro cercano, la población de Bahía Blanca y localidades aledañas.
Ante esta situación surge como necesario un estudio y acción correpondientes del Coirco en su condición de autoridad de cuenca. No está de más recordar que el posible manejo de los caudales del río Grande a través de la cuestionada obra de Portezuelo del Viento, tendría una incidencia directa importante en el problema. Al respecto el delegado pampeano en aquel organismo de cuenca adelantó que el problema será planteado en la próxima reunión, aunque aclaró que los monitoreos de esa zona que lleva a cabo el Comité no indican contaminación. La afirmación sorprende dados los aportes y volúmenes informados.
Por si no bastara con este problema, también debe considerarse que en la cuenca del Colorado, en su tramo superior, está siempre latente la posibilidad de contaminación a causa de las numerosas perforaciones de gas y petróleo presentes en la zona. La topografía del área, abundante en cañadones que drenan hacia el río, no hace más que agravar el panorama.